El horror cósmico Lovecraftiano no es para todos los paladares, me consta. Ese terror a lo desconocido e incognoscible, ese miedo atávico a la propia...

El horror cósmico Lovecraftiano no es para todos los paladares, me consta. Ese terror a lo desconocido e incognoscible, ese miedo atávico a la propia insignificancia en el orden universal no le llega a cualquiera. Para mí, Lovecraft es la cumbre del terror desde que cayó en mis manos, a la tierna edad de 13 añitos, aquel recopilatorio de cuentos cortos llamado Los Mitos de Cthulhu. Me marcó En La Noche De Los tiempos, aluciné con La Sombra Sobre Innsmouth, divagaba imaginándome los Perros de Tíndalos… Poco a poco fui haciéndome con todos los libros de Alianza Editorial que recogían de forma un poco caótica la obra del autor de Providence. Desde entonces, todo lo que huele a HPL hace que me tire de cabeza.

Me encanta Junji Ito. No es la primera vez que lo digo. La primera obra suya que leí, Uzumaki, me llamó precisamente por la similitud con los horrores tentaculares lovecraftianos. Y desde entonces, soy fiel a la cita, aunque la cita sea totalmente aperiódica. Desde 2004, sólo hemos podido ver de este autor seis obras en tres editoriales distintas: Uzumaki, Tomie, Black Paradox, Gyo, Fragmentos del Mal y ahora este delicioso Hellstar Remina.

hellstar remina

Remina es la hija de un importante astrónomo que ha descubierto la existencia del multiverso, y que los agujeros de gusano son el paso de nuestro universo a otro. Y a través de uno de ellos, un planeta ha pasado a nuestro lado. Y dado que el planeta está a dieciséis años luz de la Tierra y Remina tiene dieciséis años, decide que como planeta y niña llegaron a la vez a nuestro universo, el planeta queda bautizado como Remina.

Pero se comporta un poco raro para ser un planeta. Vaga por el universo a su antojo en lugar de orbitar alrededor de una estrella. Y cambia de trayectoria y de velocidad. Y viene hacia la Tierra, y los cuerpos celestes que se encuentran en su camino desaparecen. Hasta que llega al alcance de nuestros sensores, y a la Tierra llegan imágenes de que lo que creíamos que era un planeta es en realidad una masa viva. Con un ojo. Y una boca, de la que sale una lengua con la que atrapa todo aquello que puede saciar su hambre. Y cuando se ve a Remina, el planeta, yo me acuerdo de Azathoth.

Y en la Tierra se desata el pánico. Y dado que Remina, la chica, nació a la vez que Remina, el planeta, se extiende la idea de que están relacionados. Y ante este apocalipsis cercano, se libera todo lo malo que el ser humano lleva dentro. ¿Y qué es lo que pretende ese horror espacial? Ahí reside el encanto. La humanidad sabe que va a morir, pero no sabe por qué, y sabe que no podría saberlo. Para las entidades cósmicas, los humanos son como un ácaro para nosotros.

Si eres capaz de distinguir entre los Primigenios y los Dioses Exteriores y te dice algo el sonido «tekeli-li», no lo dudes, Hellstar Remina está hecho para ti. Activará ese punto de placer culpable que te produce esa corriente de terror enfermizo. Y sin necesidad de perder cordura.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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