A estas alturas de la historia, no creo que sea necesario confesar con golpes en el pecho que adoro a Harley Quinn. Sí, por...

A estas alturas de la historia, no creo que sea necesario confesar con golpes en el pecho que adoro a Harley Quinn. Sí, por supuesto, me refiero al tebeo… aunque el personaje en sí tiene una dosis de extraña adorabilidad que tampoco creo que haga falta justificar. Como es habitual, en este tomo viene un especial acompañando a varios números de la serie mensual (14 al 16). El especial de San Valentín. Oh yeah.

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Si vas a hablar de Harley Quinn y de amor en el mismo texto, es imprescindible retroceder a los orígenes del personaje. Una de sus primeras apariciones en cómic (y uno de los mejores tebeos de la historia de Batman), en la que se nos cuenta el (primer) origen del personaje, Amor Loco, es, precisamente, una historia de amor. De amor perturbado por una persona poco recomendable (y que levante la mano quien nunca haya sentido algo así), pero de amor, al fin y al cabo. O algo. Paul Dini, guionista de Amor Loco y co-creador del personaje, hablaba así de estas relaciones en el prólogo de la reciente edición de ECC de esta historia:

Todos lo hemos hecho. Todos hemos elegido a la pareja que no toca, nos han hecho daño y, con suerte, hemos salido de la experiencia siendo más sabios. Pero hay algunos que, aunque afronten una decepción constante, siguen creyendo que la intensidad de su deseo se verá recompensada, al final, por el premio gordo del afecto. Y si estás jugando a la tragaperras, amigo mío, más vale que salgas del casino porque no merece la pena.

Pero esa era la Harley del pasado. En la Harley Quinn de Amanda Conner y Jimmy Palmiotti no hay lugar para reflexiones amargas sobre lo que implica un enganche emocional con una persona tóxica. En este San Valentín, Harley decide robar un millón de dólares para participar en una subasta benéfica de una cita con Bruce Wayne porque tiene un corazón de oro y es bueno con los animales. Y porque está bueno, qué demonios, que una alegría al cuerpo de vez en cuando tampoco viene mal. Y no sabes si son mejores las escenas de realidad, los sueños desequilibrados de nuestro cencerro preferido, o los sueños del otro cencerro que se viste de murciélago. Sea como sea, si los bat-editores deciden volver a matar a Damian Wayne, después de la oportuna y consecuente paliza, tienen mi voto para que Harley Quinn sea la nueva Robin.

En la serie mensual vamos asistiendo a la progresiva descomposición de Bernie, el castor de Harley. Una lástima, pero en la traducción se pierde ese doble sentido de mal gusto que tiene eso de Harley’s beaver. Supongo que redibujar el tebeo y poner un conejo donde aparece un castor es pedir demasiado, ¿no? Sea como sea, el día no tiene horas suficientes para Quinn. Entre su trabajo como psicoterapeuta, su club de la lucha de patinadoras, su horda de mascotas y sus obligaciones como casera no le queda tiempo para tener una vida sentimental mínimamente normal. Heh. Como si alguien así pudiera ser normal. Pero bueno, al menos ha dejado de lado su faceta de villana y simplemente intenta hacer del mundo un lugar un poco mejor, aunque no le dé la vida para tanto. Espera… ¿y si buscamos una ayudante?

Y sí, pretende hacer un lugar mejor del mundo. Y a la vez puede llegar a secuestrar y dar una paliza a un tipo para robarle una fortuna para pasar un buen rato. Digamos que Harley es una persona sin ningún tipo de filtro, ni intelectual ni moral. Entre idea y acción no hay lugar para la reflexión, recordándome, en cierto modo, al Impulso de Mark Waid. Y poco a poco, esta serie va cogiendo un poco más de trasfondo, siendo a la vez un personaje cada vez más absurdo pero con una vida cada vez más cercana a la realidad. No, no llega a ser un slice of life de esos que gustan a los que consumen películas iraníes de niños que miran cómo crece la hierba, pero hay momentos en los que cualquiera puede llegar a identificarse con las vivencias de la desteñida protagonista. Aunque, desde luego, los momentos subiditos de tono con Power Girl o Hiedra Venenosa no son uno de ellos.

¿Momentos a destacar? Aparte de lo delirante de las tramas, permitidme mencionar dos momentos, totalmente spoiler-free. Por un lado, fijaos en la mujer pelirroja que está sentada detrás de Harley en el cine cuando van a ver 100 sombras. Y por otro, en el momento de las entrevistas, una frase que me hizo soltar una ruidosa carcajada: «No estoy cualificada para este trabajo en absoluto. Es que he visto una cola y se me ha ocurrido que a lo mejor regalabais queso«.

Y diría que con este tomo vamos al día, pero acaba de salir el volumen 5 de la serie. Próximamente, en este mismo Harley-canal. Pero el queso me lo guardo para mí.

(Tengo que acordarme algún día de preguntarle a Paul Dini si el nombre de Harley Quinn fue inspirado de alguna manera por Harley Quin, el personaje de Agatha Christie. Si me lo cruzo por la calle un día lo haré.)

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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