Lo bueno de empezar una colección cuando ya lleva tiempo en el mercado es que, si te convence el primer número, puedes bajar a...

Lo bueno de empezar una colección cuando ya lleva tiempo en el mercado es que, si te convence el primer número, puedes bajar a la tienda inmediatamente a por el segundo. Lo malo es que igual sudas tinta para conseguir números atrasados, en estos tiempos de tiradas ajustadas y tiendas con stocks mínimos. Y como el primer tomo de Harley Quinn me convenció al 100%, vamos a por el segundo.

harley quinn 2

Si ya en el primer tomo me pareció que la Doctora Quinn (espera, no, esa era una pedorra de la tele de hace la tira de años, ésta es la Doctora Quinzel) intentaba ser el nuevo Lobo, en este segundo la sensación se intensifica. En sus buenos tiempos, el Czarniano enlazaba una serie tras otra con especiales autoconclusivos a mansalva, dinámica en la que la psiquiatra más desequilibrada de la historia del cómic ya ha entrado. Atentos: en este segundo tomo, se incluyen dos números de la serie regular, un anual, el especial El Fin del Mañana (convenientemente ignorado en los tomos del evento porque no tiene nada que ver con él) y un especial Salón del Cómic de San Diego, al estilo del Lobo Convention Special de 1993 por Keith Giffen y Kevin O’Neill. En el tercero, llegarán tres números de la serie central y un Holiday Special. En el cuarto, otros tres números y el Valentine’s Day Special. Y en el quinto, otros tres números, parte de un especial de Convergencia y un tal Road Trip Special.

Pero vamos a este tomo. No adelantemos acontecimientos.

Empieza la cosa con el Harley Quinn Invades Comic-Con International: San Diego. Harley se va con su troupe de freaks al Salón de San Diego, sueño húmedo del lector medio de cómics, haciéndolo más húmedo todavía. ¿Y qué se le ha perdido allí? Pues lo mismo que a la mayoría de los asistentes. Quiere llevar un portafolio para que algún capitoste de la industria le diga si tiene futuro como autora de cómic. Visto lo visto en Angulema, lo tiene jodido. Y cosplay, y tenderos con precios abusivos, y celebridades del mundillo, y cazadores de autógrafos. Vamos, el día a día de un salón del cómic, pero con más sangre. Y más sexo. Y no, no vamos a hacer bromas con esto.

Seguimos con la parte del tomo dedicada a Harley Quinn, la colección regular del personaje, con los números 9 y 10 de la misma. Volvemos al día a día de Harley con dos historias autoconclusivas. En la primera, sustituye a una de sus inquilinas, Madame Macabre, en el show ci-fi de Burlesque que dirige Big Tony. Y, como es de esperar, la lía parda. En el segundo, un poco de violencia gratuita, que siempre es agradable, en la vuelta del club de la lucha de patinadoras extreme. Y un deseo cae del cielo: Power Girl. Pero esa es otra historia que será contada en otra ocasión. En particular, en el número 3 de la colección, próximamente en el mismo bat-canal.

El cuarto número es el especial Futures End de la serie. Como es la tónica paródica habitual, pasa por completo de la trama del evento y va por libre. Cinco años después, Harley no tiene noticias ni de OMACs, ni del Batman Beyond, ni de las esferas de Terrific. Harley se va de vacaciones en plan baratillo, yendo de polizón en un barco. Como no podía ser de otra forma, naufraga y acaba en una isla paradisíaca con tribu indígena incluida. Y allí se encuentra con… ¡El Joker!

Y para cerrar el tomo, tenemos el primer Anual de la colección. Al igual que en el número cero, tenemos un buen puñado de dibujantes entre los que podríamos destacar al imparable Javi Garrón, Paul Pope, Kelley Jones y Dave Johnson. Estando Harley a punto de usar su catapulta para rociar a los hipsters de mierda de mascota (en serio, ¿es adorable o no esta chica?), recibe una llamada avisándole de que su amiga Hiedra está en Arkham. Amistad, drogas y alucinaciones en una historia oníricamente bandarra. Hiedra Venenosa y Harley Quinn juntas de nuevo. Hell yeah.

¿Algún pero? Sólo uno, y es una cuestión de preferencias personales. Siempre he pensado que las letras de las canciones se deberían dejar en inglés en la versión traducida, porque de no hacerlo se pierde la referencia. Así, tenemos esto…

…que en la versión original es esto…

harley law

…que es un homenaje a esto…

¿Criterios editoriales? ¿Desconocimiento del traductor? Quién sabe. Acabo de leer un ejemplo similar en el número 2 de Grayson, en el que aparece traducida la letra de Whiskey In The Jar, pero en ese caso, al menos, hay una nota de la traductora (Bárbara Azagra, en este caso) a pie de página identificando la canción.

En resumen, si ya leíste el primer tomo, es, ni más ni menos, más de lo mismo. Pero como ya he dicho en otras ocasiones, eso no es necesariamente algo malo. «Más de lo mismo» en este caso es más irreverencia, más humor negro y más autoparodia del mundo del cómic en una serie que ni se toma en serio a sí misma ni a nadie del mundillo, teniendo mucha más chicha de lo que puede parecer a primera vista. Y mientras la serie siga así (vamos, con Conner y Palmiotti al frente), yo seguiré aquí.

Por cierto, ya que lo mencionamos… ¿no habíamos quedado hace años en que el mundillo se acaba?

 

 

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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