Venga, empecemos a saco. Harley Quinn siempre me la ha soplado bastante. Que sí, que Amor Loco es una puñetera delicia de tebeo, pero cualquier...

Venga, empecemos a saco. Harley Quinn siempre me la ha soplado bastante. Que sí, que Amor Loco es una puñetera delicia de tebeo, pero cualquier cosa con guiones de Paul Dini y dibujos de Bruce Timm lo sería. Hasta la biografía del perro de Scottex me leería si lo hicieran este par. Además, por mucho que la historia fundacional del personaje sea la bomba, nunca me ha parecido especialmente interesante. A fin de cuentas, no pasa de ser un sidekick del Joker, a la que siempre había visto como un adorno que colgaba de él. Y ninguna de sus dos facetas habituales me interesaba gran cosa, ni la hipersexualizada ni la monísima adorable. Pero oye, que uno es débil, y que sale el trailer de Escuadrón Suicida y me dejo llevar por el hype. Y no sé por qué, pero me empieza a llamar el personaje. Que vale, que sí, que Margot Robbie está como un queso, pero no va por ahí. Si por eso fuera iría a ver la nueva Tarzán, y ni encadenado me arrastran a algo así a menos que se empeñe la Jefa. Y encima el boss Hidalgo me dice que la serie del Nuevo Universo DC mola mucho, pero claro, él es fan incondicional de Amanda Conner, así que tampoco es objetivo, que seguro que hasta le gustó el Espectro de Seda de Before Watchmen.

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Pero entre pitos y flautas, acabé picando. Más flautas que pitos, porque me ha costado lo mío conseguir este primer tomo. Está agotado, y he tenido que recurrir al mercado de segunda mano. También he intentado, con el maldito hype de la película, hacerme con el primer tomo del Escuadrón, El Origen de Harley Quinn, pero tampoco está disponible. Eh, chicos de ECC, poneos las pilas. No podéis dejar pasar la ocasión de tener estos tomos disponibles cuando se estrene la película dentro de seis meses.

Y ya por fin en mis manos (gracias, Wallapop), ha caído de una sentada. Entre otras cosas, porque no es en absoluto lo que me esperaba.

¿Que qué es lo que me esperaba? Bueno. Tampoco lo tenía muy claro. Quizás un personaje adorable que se ha enamorado del tipo menos recomendable de los alrededores, a lo Gotham City Sirens. También cabía la poco deseable posibilidad de que fuera el típico personaje femenino totalmente plano pero lleno de curvas en su apariencia. Pero mira, ni una ni otra.

Harley Quinn, la colección, no fue uno de los lanzamientos originales de los Nuevos 52. De hecho, aunque el personaje debutó en Escuadrón Suicida, su serie individual no llegó hasta la sexta oleada de títulos, debutando con un divertidísimo número cero con el que se abre este tomo. Este arranque es una historia de marcado sabor metalingüístico en la que Harley Quinn habla con Amanda Conner y Jimmy Palmiotty a la búsqueda de un dibujante para su futura serie regular, y cada uno de los «aspirantes» dibujará una página. Atentos al listado de nombres: Adam Hughes, Jim Lee, Walter Simonson, Darwyn Cooke… No es que Harley rompa la cuarta pared en este tebeo, pero una buena somanta de palos sí que le pega.

Y una vez sentadas las bases de la colección, entramos de lleno en el primer arco argumental de la colección. La primera gran sorpresa es quién es Harley Quinn. Sí, después del reseteo N52 sigue siendo la psiquiatra Harleen Quinzel que se enamoró del Joker y tal. Pero la Harley que yo conocía de antes era un personaje triste que encadenaba una mala elección tras otra buscando la aprobación de su pastelito. Ahora no. Ahora es un personaje profundamente trastornado que oye voces (y habla con un castor disecado que la contesta y todo) cuyo tono blanquecino de piel se debe a un paso por la cubeta de ácido que desfiguró a su ex y tiene que maquillarse para pasar por una persona normal.

La historia que nos cuenta el feliz matrimonio de guionistas en este tomo es un nuevo comienzo para Harley. Ha dejado atrás su vida previa y se larga en una moto cargando con todo su bagaje, para empezar de nuevo como propietaria de un edificio que le ha dejado en herencia un antiguo paciente que tiene como inquilinos a un grupo de freaks (que no frikis)de lo más variopinto. Pero para hacer frente a los gastos tendrá que buscarse un par de trabajos. Por un lado, se disfraza de persona normal para ejercer de psicoterapeuta y por otro se apunta, a piel blanquecina descubierta, a un equipo de patinadoras extreme. Pero como una chica que ha pasado por una ruptura sentimental traumática y busca empezar de nuevo sería un tostón de historia propio de un slice of life de lo más gafapastiano, meten por el camino una subtrama de un cazarrecompensas que le ha puesto precio a la cabeza de Harley, que dará lugar a una sucesión de escenas de violencia gratuita que no aportan nada a la historia pero, eh, ¿quién le dice no a un poco de ultraviolencia?

No estamos ante un cómic para todos los públicos, desde luego. Entra de lleno y por la puerta grande en la categoría de macarrada. No te esperes un tebeo intimista, ni de personajes bien definidos, ni con una trama profunda y trabajada. Ni siquiera es un tebeo de reflexión sobre las causas o las consecuencias de la violencia, ni una glorificación de la misma. Es un tebeo humorístico macarra sin más, perfectamente disfrutable si eres consciente de lo que es. Y lo que es, si me apuras, es una serie que se inspira fuertemente en la serie regular de Lobo, la de Alan Grant y Val Semeiks, de hace cerca de 20 años. Eh, y ahora que el Último Czarniano ha sido sustituido por un emo blandito y sin carisma, bien está que su espíritu haya vuelto. Aunque sea en el cuerpo de una tipa que viste de payaso trastornado, tan pálida como El Hombre.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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