Bienvenidos un miércoles más a Hablando de cómics. Esta semana tenemos entrega especial al tratarse de la segunda parte de El Capi vive. Para...

Bienvenidos un miércoles más a Hablando de cómics. Esta semana tenemos entrega especial al tratarse de la segunda parte de El Capi vive. Para ver el artículo anterior pincha aquí.

Hace una semana dimos las bases de porque el Capi había pasado de ser un personaje, llamemos desfasado, a un icono popular del nuevo siglo. Las semillas ya fueron plantadas por Waid en su Héroes Return. Sin llegar a traspasar la frontera del buen cómic, las historias narradas a finales de los años 90 eran como mínimo entretenidas. Steve Rogers ya no era un personaje fuera de época, aunque todavía tenía esa reminiscencia superheróica que le anclaba al pasado.

El verdadero paso, el verdadero escalón que tuvo que subir Steve Rogers, se lo dio Joe Quesada cuando cerró la etapa empezada con el regreso de los héroes. Desde el 2002 la nueva colección quedó ligada al sello Marvel Knights, para lectores adultos. Por fin, las andanzas, las aventuras de nuestro héroe se verían desde una perspectiva más cruda, más real y menos ingenua. El propio Capi se hizo mayor. Tras años de ir de un lado para otro, sin rumbo fijo y a veces incluso a la deriva, el abanderado pareció encontrar una rutapor la que seguir, con paso firme. Entonces llegó Bru.

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Ed Brubaker tomo las riendas de la colección en enero de 2005, inaugurando la etapa actual. Pero Bru tuvo suerte y buen ojo; el escritor nacido en un Centro Médico Naval de Maryland recogió la cosecha sembrada por otros autores antes que él. Si antes dije que el Capi andaba con paso firme, ahora lo haría como un gigante dejando de lado, muy, muy atrás, las épocas de ídolo con pies de barro. No nos tenemos que olvidar de un dato muy importante, el lugar de nacimiento y de infancia del autor: un recinto militar.

Brubaker se mueve como pez en el agua escribiendo género negro. Sus cómics así lo atestiguan: Sleepers, Criminal, Incognito. ¿Por qué triunfó en una serie de un tío enfundado en un traje de mallas?

Brubaker ya triunfó en DC con Gotham Central, una serie de superhéroes pero basada en los policías de la ciudad de Batman. Las tramas y subtramas de género negro hicieron de esta, una colección aclamada por público y crítica. En el Capitán América mezcló ambos mundos, el de los superhéroes y el de las conspiraciones secretas, pero de manera inteligente sin caer nunca en el ostracismo ni en la repetición.

Cuando trajo de vuelta a Bucky, el soldado de Invierno, me pareció un chiste de mal gusto. Luego cambié de parecer, la historia estaba tan bien contada y resultaba tan creíble y convincente que las cábalas, las conspiraciones avanzaban con sentido, abriendo nuevas puertas hacia otros derroteros. El escudo de Steve Rogers estaba enterrado, metido en medio del corazón de la Marvel del nuevo milenio y para sacarlo tendrías que remover toda la maldita editorial.

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Todo iba bien hasta que un día pongo el telediario y me entero que ese escritor tan simpático, ese escritor que admiraba había matado al Capi. Me llevé las manos a la cabeza. Era poco más, poco menos que el fin del mundo. Reportajes en tiendas de cómics de Estados Unidos, comentarios de fans, editores… pero cuando pasó el shock me di cuenta de una cosa: era la primera vez en toda mi vida que escuchaba algo del del abanderado en un telediario. El Capitán América seguía trascendiendo el mundo del cómic cuando al día siguiente los periódicos de tirada nacional le dedicaban una página entera a un suceso que ocurría únicamente en las viñetas de un cómic.

Como buen coleccionista me seguí comprando la serie mes a mes. Descubrí que la intensidad de la misma crecía y crecía hasta alcanzar el climax con el regreso del Capitán América bajo la identidad del Soldado de Invierno. Brubaker había movido los hilos desde el primer momento para que temporalmente o no, Bucky cogiera el testigo de Steve Rogers. De nuevo tuve que mirar atrás para situarme y saber dónde estaba. Tras muchos meses sin un personaje principal, la colección del barras y estrellas siguió su curso hasta que el antiguo siderick del Capitán América, adoptó su importancia en el esquema de las cosas de la manera más natural posible. Brubaker no fue original. Brubaker fue valiente y ganó la apuesta una vez más. El buen cómic había triunfado.

El manto del centinela de la libertad lo puede portar Steve Rogers, el soldado de Invierno o cualquier otro personaje nacido de la imaginación de los escritores, pero lo único que me queda claro es que a las puertas de 2010, el Capitán América, vive y vivirá siempre en nuestros corazones.

Próxima semana más y mejor en EsLaHoraDeLasTortas. Todos los miércoles tienes cita con Hablando de cómics

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Mario Losada

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