Bienvenidos un miércoles más a Hablando de Cómics, con el firme propósito de encontrarme con vosotros durante muchas semanas para hablar de cómics. Sin más...

Bienvenidos un miércoles más a Hablando de Cómics, con el firme propósito de encontrarme con vosotros durante muchas semanas para hablar de cómics.

Sin más preámbulos, me gustaría plantear la situación actual del Capitán América. Posiblemente la colección en curso del Capi sea una de las mejores dentro de la industria americana. Aclamada por crítica y público ha ganado premios Eisner y permanece siempre entre las más vendidas al otro lado del Atlántico. Lo mismo me hago muy mayor o soy un romántico ya que cuando consulto el famoso Top Americano y veo al Centinela de la Libertad por encima de la otrora invencible Patrulla-X, un hormigueo recorre mi nuca. Esta situación hace cinco, díez, quince o veinte años no sólo resultaría impensable, sino risible, e incluso si se lo susurrara a alguien (siempre en la intimidad para que la masa social comiquera no me tildara de perturbado), lo lógico es que me tratara como a un ex amigo al que le faltara un tornillo de los gordos.

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Creo que lo que Brubaker ha conseguido con el Capi no son sólo buenas (buenísimas) historias; Brubaker ha recuperado el status del personaje que se había ido perdiendo a lo largo de las últimas décadas. Para poder explicar este cambio debo remontarme muy atrás en el tiempo. Creo que si lo analizamos desde una perspectiva más general podremos entender el porqué de la existencia de este personaje, ahora más de carne y hueso que en generaciones pasadas.

El Capitán América se creó en 1941 como propaganda americana contra el régimen de Hitler en la Segunda Guerra Mundial. En la portada del primer número el Capi, acompañado de su siderick “Bucky”, golpeaba al mismísimo Fuhrer.  Cuando la confrontación finalizó, se acabó “ese” Capitán América. La gente fue perdiendo interés en un personaje desubicado y anacrónico. ¿Qué pintaba ese abanderado en el nuevo orden mundial?

En los años 50 se le intentó recuperar con resultados catastróficos. Un superhombre, un supersoldado demasiado apegado a unos valores quizás en decadencia.

En 1964, con el universo Marvel iniciado tres años atrás con los Cuatro Fantásticos, Stan Lee y Jack Kirby rescataron del olvido al héroe de las barras y estrellas. Había permanecido congelado en un bloque de hielo al finalizar la Guerra Mundial. Bucky, su siderick, su leal Robin, pereció en su última misión. Naturalmente, los cómics de los años 50 resultaron apócrifos, no encajaban en ese nuevo puzle.

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Steve Rogers, el verdadero personaje tras la máscara azul, se adaptó rápidamente a su nueva vida. Compartió cabecera con Iron Man en Tales of Suspense hasta el año 68, quedándose como personaje principal desde su número 100, circunstancia que aprovecharon los mandamases para titularlo Capitán América. Nada original, pero por fín nuestro supersoldado tenía serie propia e independiente.

Durante la década de los 70 atravesó por etapas muy significativas, como la saga del Imperio Secreto. Lo que definió al héroe fue que posiblemente, era el más comprometido con su causa, con sus ideales. Quizás un exacerbamiento de su patriotismo a lo largo de las siguientes décadas comenzó a provocar una lenta pero continua huida del lector convencional de la colección. El Capitán América empezaba a resultar un héroe “demasiado americano” incluso para los propios estadounidenses. Si analizamos las veces que Steve Rogers dejó el manto del héroe para ser el Nómada o USAgente o un fuera de la ley, nos daríamos cuenta que el abanderado no presumía de americanismo sino que remaba en contra de los políticos y su corrupción.
 
Desgraciadamente el Capitán América se quedó con el estigma de facha cuando realmente era el único héroe que sistemáticamente, una y otra vez, se oponía a su gobierno cuando estos caían presa de su propia oscuridad, la corrupción.

La etapa de Mark Gruenwald se extendió una década, (desde 1985 hasta 1995), sin lograr que el superhombre saliese de una espiral de pérdida de lectores. Guiones correctos, pero carentes de un nuevo toque, un nuevo enfoque. Los lápices de Paul Neary y, posteriormente, de Kieron Dwyer tampoco contribuyeron,, eran muy estáticos. El Capitán América se estancó.

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Mark Waid y Ron Garney se hicieron cargo de la serie a finales de 1995, emprendiendo una de las mejores etapas de la historia. Cuando parecía que la cosa remontaba y el boca a boca impulsaba al personaje por el fándom comiquero, Marvel tuvo la infeliz idea de “matar” a los grandes héroes de la compañía en la macrosaga Onslaught. El resultado fue un fiasco total con trece meses de pesadilla.

Tras el paso de Liefeld por el universo de bolsillo se intentó retomar al personaje con Waid (segundas partes nunca fueron buenas) y luego con Dan Jurgens. ¿Sabéis qué pasaba? El Capi seguía teniendo ese aire, ese tufillo a “facha”, ese tufillo a tío fuera de su época, a héroe antiguo, a héroe con convicciones alejadas del mundo real.

Los de Marvel no sabían cómo reaccionar. Su héroe más patriota consumió buenas etapas, pero parecía relegado al ostracismo. Por aquel entonces el sello Marvel Knights (alejado del Universo Marvel y dirigido a un público más adulto), estaba dando buenos resultados con Daredevil (otro personaje con más sombras que luces dentro de la editorial). La solución fue introducir a Steve Rogers dentro de este nuevo engranaje. Y lo creáis o no, aunque la consecuencia no fue totalmente satisfactoria, los lectores de todo el mundo empezaron a ver al Capi como un héroe serio, un héroe real. Podría seguir siendo para muchos el “héroe americano” (su nombre no ayuda mucho, no) pero ya nadie podría decir que era un idelista sin fundamento. Si esto era lo que pretendía Quesada en este movimiento editorial, la verdad es que le salió bastante bien.

Cuando en el 2005 Brubaker empezó la nueva colección protagonizada por Steve Rogers, nadie podía suponer el enorme éxito e impacto social que causaría este héroe que, aunque no encontró acomodo en el pasado siglo XX, se ha ganado por méritos propios su incorporación al Olimpo de los dioses del nuevo milenio.

El Capitán América se ha convertido en uno de los mejores y mayores héroes del mundo del cómic y amenaza con quedarse para siempre en nuestros corazones, pero eso lo dejaremos para la próxima semana.

No te olvides de acudir a tu cita de Hablando de Cómics el próximo miércoles en EsLaHoraDeLasTortas con la segunda parte de “El Capi vive”.

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Mario Losada

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