Tradicionalmente los comics de animales antropomorfos han tendido a estar asociados al humor o al público infantil. Sin embargo, no pocos ejemplos han demostrado... Grandville: Fuerza Mayor

Tradicionalmente los comics de animales antropomorfos han tendido a estar asociados al humor o al público infantil. Sin embargo, no pocos ejemplos han demostrado que bien utilizados son un vehículo perfecto para alcanzar las más altas cotas de drama y, en muchas ocasiones, llegar a rincones del corazón y el intelecto a los que no son capaces de acceder sus compañeros humanos. Títulos como Usagi Yojimbo, Blacksad, Lapinot, el gato Fritz o Maus dejan en vergüenza a casi cualquier cómic con los que se los compare. Sin embargo, nadie esperaba una obra como Grandville de la mano de Bryan Talbot.

Grandville: Fuerza Mayor

Talbot es ya un veterano al que, si bien hemos podido ver por títulos más conocidos para el público como Sandman, Hellblazer o incluso Batman, se ha prodigado más por obras de producción propia con un estilo bastante característico, muy pegado a lo lo social y lo cerebral como con su personaje Luther Arkwright y su compleja epopeya de ciencia ficción o su excelente cómic documental Alicia en Sunderland. Incluso cuando trabaja en un registro más cercano al drama como en Historia de una Rata Mala lo aborda con un cierto tono distante.

Por eso, cuando en 2009 lanzó Grandville, el acercamiento por parte del lector podía ir un poco más allá de la cautela. Grandville: Fuerza Mayor es el quinto tomo de la saga y concluye poniendo encima de la mesa que Bryan Talbot es capaz de llevar a buen puerto lo que quiera que se proponga. Más allá de esa cierta frialdad de Talbot, Grandville partía con un segundo handicap y es que 9 años antes, Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido habían puesto en la calle Blacksad, otro cómic de género negro protagonizado por animales parlantes, con un éxito arrollador a nivel mundial.

Grandville: Fuerza Mayor

Talbot es muy consciente de las similitudes de Grandville con Blacksad (incluso en este tomo, se permite un homenaje), pero no pierde tiempo en camuflarlo. Si para conseguir su propio mundo, su propio tono y sus propios personajes, tiene que haber algún punto en común sigue adelante sin demasiada preocupación. Como decía estamos ante un cómic de género negro protagonizado por un tipo duro que investiga los casos que se le van cruzando, con un notable éxito entre el sexo femenino y una habilidad impecable para meterse en líos y salir de ellos.

Hasta ahí los puntos en común, pero Grandville, la saga protagonizada por el tejón grandullón que responde al nombre de Archie Lebrock, construye una ucronía donde Gran Bretaña perdió las guerras napoleónicas y pasó a formar parte del imperio francés. Doscientos años después, que es donde se sitúa Grandville, acaba de recuperar su independencia, pero el clima social y político dista mucho del que conocemos. De ese modo, en las calles de Grandville aún se respira aires victorianos, si bien ciertos aspectos como la tecnología son algo más cercanos a nuestro tiempo (aunque sin llegar a caer en el Steampunk). Aquí será donde el inspector Lebrock de Scotland Yard se ocupe de resolver cualquier crimen que llegue a su hocico.

Grandville: Fuerza Mayor

Fuerza mayor es el título de este último tomo que concluye la saga, al menos por el momento ya que parece que hay en proceso un proyecto de serie de televisión. En él asistiremos a una guerra de bandas que termina involucrando a Lebrock y lo convierte en un fugitivo. También retrocederemos a sus primeros tiempos en el mundo de la investigación criminal guiados por Stamford Hawksmoor, una suerte de Sherlock Holmes con apariencia de águila.

Más allá de la guerra de bandas, de la investigación de asesinato con Hawksmoor, de los mil giros de trama que desembocan en ese denouement en la más pura tradición de la novela de misterio o incluso más allá del épico final repleto de acción, con esa capacidad característica de Talbot para las historias dentro de historias, nos habla de la sociedad de clases, de la corrupción institucional y de todo ese tipo de perlitas que deberían estar en cualquier novela negra que se precie.

Grandville: Fuerza Mayor

Uno de los mayores méritos de Talbot es colarnos un relato de enorme densidad estructural y rítmica casi sin masticar e incluso permitiéndose dosificar las pistas para jugar con el lector a anticipar el final. Y además le sobra espacio para dejar homenajes aquí y allá como ese Blacksad que comentaba más arriba, Hip Flask o nuestro villano principal, que es un tiranosaurio rojo al que consideraban anormal. ¿Os suena?

Bryan Talbot consigue con Grandville: Fuerza Mayor quitarse ese sambenito de frío y demuestra que ser capaz de meterse de lleno en la acción, conmover con sus personajes, y atrapar con su trama sin dejar por ello esa pequeños retales de carga social que vemos en casi cualquier de sus obras.

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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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