¡Cuando una explosión destruye toda la kryptonita de la Tierra, Superman por fin se libra de su mayor punto flaco! Pero de los escombros... Reseña de Grandes Autores de Superman: Kryptonita nunca más

Kryptonita nunca más

¡Cuando una explosión destruye toda la kryptonita de la Tierra, Superman por fin se libra de su mayor punto flaco! Pero de los escombros surge un extraño hombre de arena que no solo se parece al Hombre de Acero sino que también le ha robado los poderes. Debilitado, el Último Hijo de Krypton debe hallar formas nuevas de salvar su planeta adoptivo de tan peligroso adversario. Sin embargo, si los dos entran en contacto, el resultado será la destrucción total de la Tierra. ¿Cómo va a derrotar a un enemigo que no se atreve a tocar?

Siempre he tenido un problema con Superman. No concibo el conflicto en las aventuras de un ser tan poderoso que es prácticamente invulnerable e invencible. Además, las primeras aventuras que leí del personaje fueron las publicadas por la editorial Novaro en España y claro, eso marca. Bueno, en realidad han sido dos los problemas. En resumen, el Superman que quedó grabado a fuego en mi impresionable memoria infantil es el ser superpoderoso que lucha contra gangsters y alienígenas de aspecto ridículo, viaja atrás en el tiempo a voluntad y es capaz de mover planetas como si fueran canicas. Para un niño eso está muy bien, pero para los adultos la omnipotencia aburre. De manera que cuando descubrí el Superman concebido por John Byrne en su El Hombre de Acero pensé «éste es un Superman con el que me puedo identificar (ni en tus sueños más húmedos, dirán los que me conozcan)». El Superman de Byrne tenía limitaciones, puntos débiles, era poderoso, sí, pero no hasta el punto de resultar imposible de vencer. El tono de las aventuras también cambió, claro. La inocencia de la Edad de Bronce dio paso a la exuberancia creativa de los 80 en la que Byrne se desenvolvía como pez en el agua. Pero yo ignoraba que hubo una época anterior a ésta, en la que Superman también veía reducidos sus poderes, gracias al guionista Dennis O’Neil.
Kryptonita nunca más

Una de las grandes virtudes de los tebeos de antes (que sí que eran buenos) era que no se andaban por las ramas. En este tomo, titulado Kryptonita Nunca Más, que toma su nombre de la primera historia recopilada en él, la mencionada kryptonita es borrada de la faz de la Tierra en las primeras tres páginas. La verdad es que así da gusto empezar. A continuación seguimos a Superman en las aventuras típicas de aquella época, como son impedir que unos bribones capturen un cohete postal (sí, un cohete estratosférico para enviar cartas de Metrópolis a Los Ángeles en 10 minutos, así se las gastaban), salvar a unos aborígenes de la explosión de un volcán, dar su merecido a un conservador de museo convertido en el dios Pan gracias a un arpa mágica, verse en medio de una batalla entre ángeles y demonios… Todo con el denominador común de un extraño ser aparecido a consecuencia de la explosión que destruyó toda la kryptonita de la Tierra. Es decir, que lo que comenzó como la eliminación de una de las dos únicas debilidades de Superman (recordemos que la otra es la magia) pasa a ser la historia de cómo Superman ve reducidos sus poderes en aras de hacer sus aventuras más interesantes y dramáticas.

O’Neil es un escritor de su tiempo, capaz de adaptarse a su mercado, como bien demostró en su legendaria etapa a los mandos de Green Lantern / Green Arrow, más urbanos y comprometidos con los problemas sociales su época (era a principios de los 70, tras el desencanto que supuso la Guerra de Vietnam). En este Superman, O’Neil se dirige a lectores más jóvenes, consciente de que estos niños pronto serán adolescentes y dejarán de hacerles gracia esas peripecias de mover planetas, hacer el tonto con Mr. Mxyztpltk y (por favor) Beppo el Supermono. Así pues, alterna esa aventuras llenas de encanto inocente de la época con el drama de un Superman cada vez más débil, consciente de sus crecientes limitaciones, incluso llegando a ser repudiado por los habitantes de Metropolis, pero que no se rinde y sigue luchando aun carente de superpoderes. Superman no es súper por sus poderes, sino por su infatigable fuerza de voluntad y sentido de la responsabilidad y la justicia. Es un Superman frágil, que se siente vencido y vulnerable, que sufre la tentación de asumir definitiva y permanentemente la identidad de Clark Kent y vivir como un humano normal el resto de sus días. Como posteriormente cantaron los Crash Test Dummies en su preciosa elegía Superman’s Song:

Sometimes when Supe was stoppin’ crimes
I’ll bet that he was tempted to just quit
And turn his back on man
Join Tarzan in the forest
But he stayed in the city
Kept on changin’ clothes
In dirty old phone booths ‘til his work was through
Had nothin’ to do but go on home

Ved el vídeo, que merece mucho la pena:

Total, para que al siguiente número tras la marcha de O’Neil de la colección se viera otra vez a Superman haciendo frente a un sol que amenaza la tierra. Volvemos a las andadas.

Kryptonita nunca más

Del dibujo de Curt Swan poco se puede decir que no se haya dicho ya. Considerado por muchos el dibujante que mejor ha plasmado sobre el papel a Superman (para mí sigue siendo John Byrne), es un autor emblemático de la Edad de Bronce, con un Superman algo naïve y «bonachón», pero que al mismo tiempo no deja de ser impresionante y (si se lo propone) intimidatorio. El suyo es un dibujo que no admite pegas: dinámico, potente, humorístico cuando tiene que serlo, y tan realista como los cánones del medio se lo permiten.

No os dejéis engañar por el Superman desencadenado que ocupa la portada del tomo, que este dibujo es de Neal Adams, que se encargó de ilustrar las portadas de la serie cuyos números conforman este volumen. Adams fue el autor de algunas de las imágenes más icónicas de esta época, como la de dicho Superman rompiendo las cadenas de kryptonita, y otras igual de impresionantes:

ECC reedita en este tomo de tapa dura 9 números de la etapa clásica de O’Neil y Swan, cada uno de los cuales con una longitud de entre 16 y 22 páginas. El coloreado es el original de 1970 (de autor sin acreditar, tanto en la edición de ECC como en la propia wiki de DC Comics), con su abundancia de colores primarios y el coloreado de «puntitos». Un volumen que, a falta de una recopilación masiva de las historietas de aquella época, disfrutarán tanto los nostálgicos más talluditos como los jóvenes que quieran saber cómo se calzaba las mallas Superman hace casi 50 años. Un Superman que sentó unas bases que, aunque ignoradas durante los 10 años siguientes, sirvieron para definir al Hombre de Acero tal como lo conocemos hoy.

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Jesús Tomás Dado

Jesús Tomás Dado

Lector de tebeos desde hace 40 años, antes de que se llamaran novelas gráficas. Totalmente enganchado a la lectura, el cine y y los dónuts de Lacasitos, pero vamos, que puedo dejarlo cuando quiera. Los dónuts no, lo otro.

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