Quizá los lectores más nuevos no lo sepan pero durante los años noventa los cómics de superhéroes sufrieron un gran cambio, en parte deudor...

Quizá los lectores más nuevos no lo sepan pero durante los años noventa los cómics de superhéroes sufrieron un gran cambio, en parte deudor de la oscuridad que ya empezaba a verse en la década anterior. La oscuridad e introspección de ese momento (tantas veces parodiada) alcanzaba nuevas cotas que además se mezclaban con un intento de modernización de los personajes que no siempre estuvo bien conseguido.

“Moderno”, esa es la palabra clave. Así muchos justicieros desaparecieron dejando su lugar a nuevas versiones con otros hombres llevando el manto. Ejemplos de ello fueron Thunderstrike, Linterna Verde, Flash o el propio Capitán América que llevó una armadura para suplir los efectos de un agotamiento del suero del súper soldado.

Algunos como el Castigador o Lobezno encontraron aumentada por completo su popularidad al poder dar ese salvajismo y tenebrosidad que tanto reclamaba el lector, otros lo intentaron y el paso del tiempo no les ha juzgado precisamente bien.

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Los grupos no estaban exento de ellos, es imposible olvidar a Los Vengadores llenos de correas, pechos al aire y melenas al viento con llamativas frases para salpicar unos enfrentamientos más sin sentido de lo que ya suelen ser. La Liga de la Justicia no se quedaba atrás, se quitó del medio a la que era titular en ese momento para devolver su protagonismo a los que siempre han sido las principales estrellas de la misma.

Así Superman, con melena y después con poderes eléctricos (¿o ya nadie se acordaba de esto?), dos jóvenes muy malotes llevando el traje del velocista escarlata y el último anillo de poder de toda la galaxia (ya sin el problema del amarillo), un remozado Aquaman con un garfio en vez de mano y una buena barba, y otros retoques más o menos estéticos que en su tiempo no nos parecían tan extraños.

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Este tomo que firma Grant Morrison (y en parte Mark Millar) cuenta con los lápices de Howard Porter (principalmente), Óscar Giménez y Don Hillsman es un total contenedor de muchos de los tópicos que rodearon a los cómics de superhéroes durante esos años. Historias llenas de peleas, planos atrevidos, colores llamativos, villanos de nombres imposibles que son malos por el simple hecho de serlo, orígenes retocados o poderes cambiados junto a nuevos trajes más vistosos y (en teoría) molones.

No puede hacerse un juicio de valor en base a la forma de concebir hoy este género y menos a la forma de hacerse, todo responde a un momento y un lugar. Lo que sí puede decirse es que por primera vez en mucho tiempo la JLA comienza a recuperar el lugar que por derecho propio debía tener en el DCverso, protagonizada por los héroes más icónicos de la casa y llevando la delantera en lo que a épica se requiere.

Los números que contiene este toma¡o (JLA 1-9) son la mejor forma de definir qué fue de DC durante la década de los noventa y hasta entrada la del 2000, con un evidente intento de modernización pero recalando todavía en puertos más clásicos y villanos tradicionales (aunque muchos dejaron de serlo). Se completa la experiencia con JLA. Secret Files (1) que cuenta de forma revisada la conocida primera historia del grupo siguiendo las pautas habituales del momento, antesala de algunas grandes historias que estaban por venir.

La JLA de Grant Morrison es un faro del tiempo que nos recuerda un época distinta de hacer cómics.

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Doc Pastor

Escritor, divulgador y periodista especializado en cultura pop. Devoro cine, cómic y series. Todos los gemelos malvados tienen perilla (la corbata es opcional).

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