Un tanque de tecnología avanzada anda suelto y parece estar empeñado en dirigirse a la ciudad. Para empeorar las cosas, tiene defensas impenetrables y... Ghost in the Shell: Stand Alone Complex 2: Sobre la pista

Un tanque de tecnología avanzada anda suelto y parece estar empeñado en dirigirse a la ciudad. Para empeorar las cosas, tiene defensas impenetrables y todos los esfuerzos convencionales para detener su progreso han fracasado. ¡Ahora depende de la comandante Kusanagi y la Sección 9 encontrar la manera de detener la marcha inexorable del tanque hacia un destino desconocido en la ciudad!

Todos tenemos nuestros autores fetiche, aquellos cuyas obras coleccionamos incluso aunque no las firmen ellos. Es el caso de Ghost in the Shell, la legendaria creación de Masamune Shirow que data de los años 90, y que ha tenido varias colecciones, algunas miniseries obra de otros artistas (como este Stand Alone Complex), novelas, videojuegos y varias películas y series de animación e incluso una de imagen real. El universo de Ghost in the Shell (en adelante, GITS) es tan amplio como complejo, y es necesaria una sensibilidad especial hacia las nuevas tecnologías para poder sacarle todo el jugo. Lo que distingue a GITS de otras series de acción futurista es el concepto de ghost, o alma, contenido en los cuerpos robóticos o prostetizados. En este futuro no tan lejano, las personas se hacen implantes cibernéticos para comunicarse en línea sin necesidad de accesorios, para poder ver u oír mejor, para ser más fuertes o más veloces, o sencillamente para combatir enfermedades o burlar a la muerte. El problema es que los cerebros cibernéticos se pueden hackear, con lo que se puede extraer, implantar o borrar información de la mente de una persona conectándose a su cerebro, o conectar el cerebro de alguien, con sus conocimientos y experiencias, en un nuevo cuerpo prostético, con lo que la inmortalidad ya ha dejado de ser una fantasía, al menos para las personas más pudientes. Las mentes cibernéticas permiten también el intercambio inmediato de información, de manera que la mente colmena ya está al alcance de nuestras manos. ¿Dónde queda aquí la intimidad? ¿Cuál es el límite a la cibernetización que una persona puede asumir? Todos estos dilemas morales eran minuciosamente estudiados en la obra original de Shirow, usando como excusa los argumentos de ciberterrorismo y guerra urbana. Argumentos que han ganado protagonismo en las series posteriores, en detrimento del apasionante debate moral sobre los límites de la cibermente.

Stand Alone Complex

Uno de los grandes inconvenientes del paso del manga a la serie de animación fue la introducción de la ropa de trabajo del personaje Motoko Kusanagi, con escotazo y piernas al aire. Una indumentaria fácil de dibujar, con vistas sobre todo a su repetición en los distintos episodios sin tener que cambiar la plantilla (¿por qué creéis que en las series de animación los personajes llevan siempre la misma ropa?). Un uniforme que, por desgracia, ha dado el paso también al cómic. La Comandante Kusanagi era una mujer compleja: fuerte, sexy pero con dudas sobre su trabajo y su propia humanidad. Incluso convivía con su pareja, pero se conectaba online con amigas para tener encuentros sexuales virtuales. Nada de ese increíble personaje está aquí presente. Kusanagi es aquí el paradigma del militar frío y calculador, una soldado random sin personalidad propia a la que sólo vemos dirigiendo a su equipo con diligente eficacia. Por otro lado, hemos de reconocer que las escenas de acción no desmerecen, y el autor sabe cómo crear tensión a lo largo del capítulo. En este volumen, la historia trata de un tanque de alta tecnología que ha tomado conciencia o ha sido hackeado y recorre la ciudad en busca de su objetivo. La misión de la Sección 9 será ponerle freno antes de que cause daños. El poder armamentístico del tanque y su aparente invulnerabilidad hacen que su avance sea tan peligroso como inexorable, lo que recuerda a películas clásicas como Godzilla, en las que el ejército era incapaz de hacer frente a la amenaza del monstruo. Vemos aquí también una escena de Motoko intentando abrir la escotilla del tanque, que ya apareció en la primera película de animación (Mamoru Oshii, 1995) y que fue homenajeada en la reciente de imagen real (Rupert Sanders, 2017).

El guionista y dibujante Yu Kinutani repite la fórmula del volumen anterior, en lo que parece que va a ser una constante en esta serie: tensión creciente en un entorno de guerrilla paramilitar urbana, con ligeros toques de ciberterrorismo, y una Sección 9 cuyos componentes ejercen de meros comparsas ante el protagonismo casi absoluto de Motoko Kusanagi. Si la serie se llamara Motoko y sus amigos funcionaría exactamente igual. No me malinterpretéis, nada me gusta más que una ciborg maciza y badass repartiendo estopa, pero se desperdicia el potencial de la sinergia que hay entre los miembros de su equipo. Por ejemplo, recuerdo que en series anteriores se hacia hincapié en la vida familiar de Togusa y su reticencia a prostetizar su cuerpo, en la soledad crónica de Batou, o en la azarosa vida sentimental de Pazu; subtramas argumentales que dotaban a los personajes de una personalidad propia, alejándoles de los estereotipos del poli, el cachas y el chulo.

Stand Alone Complex

Es una pena que toda la complejidad del mundo de Ghost in the Shell, con sus conspiraciones empresariales y entre países, y todas las posibilidades que dan los cibercerebros se vea aquí reducida a una mera serie de acción, bien desarrollada, eso sí, pero que deja con ganas de más. Esta serie, Stand Alone Complex, publicada en España por Planeta Cómic, es un complemento no enteramente satisfactorio para los más puristas de la obra de Shirow, pero dejará buen sabor de boca a quienes busquen un buen entretenimiento de acción.

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Ghost in the Shell Stand Alone Complex nº 02/05: Sobre la pista: 246 (Manga Seinen)
Shirow Masamune, Yu Kinutani and Planeta DeAgostini Cómics
Precio: EUR 12,30
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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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