A la hora de empezar a escribir este pequeño artículo, creí necesario indicar la fecha en que leí por primera vez Watchmen de Alan...

A la hora de empezar a escribir este pequeño artículo, creí necesario indicar la fecha en que leí por primera vez Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons… pero conforme han ido pasando los días me he visto realmente incapaz de hacerlo.
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Bien sea por los años que se me acumulan o por la incapacidad que tenemos los hombres para retener fechas con tanta facilidad como las féminas, no he podido precisar el momento en que lo hice, aunque puedo acotarlo en el tiempo: Imaginemos pues que fue a principios de los 90. Sí, justo antes de esa época tan olvidable en que el género de los tipos en mallas (el más leído por vuestro servidor hasta ese momento) se reinventaba… pero a peor.

Los años de Image, de los dientes apretados, de las poses imposibles y las curvas explosivas, de los “Hot-Artists”, de los guiones pobres y de los argumentos estúpidos. Versiones de héroes antaño gloriosos y brillantes que se volvían en un gris confuso.

Bueno, todo eso es otra historia, abuelo Cebolleta… Al grano.

Por desgracia, aunque la edición de Zinco de Watchmen se me escapó, no pude escapar del influjo de esas portadas con un personaje envuelto en una gabardina, o un tipo rubio acariciando a un extraño tigre y esa pintada en la pared: “Who watches the watchmen?”… ¿De qué iría aquello?

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Un tiempo después, y de forma mágica (como en un truco de prestidigitador de los que Moore practica), apareció la mini-serie en mi habitación. Eran tres tomos de aquellos retapados de lomo blanco de quiosco, que recogían la edición de Ediciones Zinco (valga la redundancia). Al parecer un amigo de mi hermano había tenido a bien dejárselos a fin de que él también pudiese leerlos…

Y así fue como pude conocer Watchmen. Leyéndolo y disfrutándolo en pequeñas dosis en mi habitación, cuando podía. Después compraría la edición recopilatoria de Norma (que pasaría a nuestra hermana cuando apareció la edición Absolute de Planeta).

En su día recabé información para hablar de Watchmen en un artículo para la página Tierra de Héroes (las curiosidades de sus personajes, versiones de otros comprados por DC Comics a la Charlton ante la negativa de los primeros para usarlos, las diferentes lecturas de su texto, el final de Moore copiado de otro existente, etc…), pero la ardua tarea acabó en saco roto por el cierre de la misma.

Así que no voy a hacer un estudio sesudo de la obra, hay gente mucho más preparada para ello. Simplemente diré que me pareció espléndida. Un cómic de superhéroes… que no era tal. Huía de clichés, se desarrollaba en el pasado reciente, mezclando historia y política, los personajes calaban, eran profundos, humanos, la trama tenía un sabor nostálgico-patético, contenía textos de apoyo que ayudaban a comprenderlo todo mejor.

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Me pareció que abarcaba mucho más de lo que era habitual en un cómic “para adolescentes”, y el dibujo Gibbons, quizás no excesivamente comercial, acompañaba perfectamente. En definitiva, me encantó. Tanto fue así que después me preocupé de buscar más trabajos de ese genio que es el Sr. Moore y que a día de hoy es uno de mis escritores preferidos.

Se podría seguir y seguir… pero para ir cerrando decir que siempre temí una adaptación cinematográfica y de hecho prefería que no se hiciese (al menos en una única película). Después de ver los diferentes avances de la película de Snyder, me quedaba una extraña sensación, que no sé si llamar temor, a la espera de ir al cine más cercano.

Y es que el Sr. Moore no suele tener mucha suerte con sus adaptaciones al celuloide…

Sin dudarlo ni un ápice, Watchmen es una de mis lecturas favoritas y la recomendaré siempre que haya alguien dispuesto a escucharme.

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Jose Antonio Marchán

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