Entre todos los títulos de la línea Otros Mundos, hay una variedad que me resulta especialmente atrayente. La idea de meter a los iconos...

Entre todos los títulos de la línea Otros Mundos, hay una variedad que me resulta especialmente atrayente. La idea de meter a los iconos del Universo DC en ambientaciones lo más ajenas posible a su esencia, lo más desquiciadas que sea posible, es un divertimento francamente satisfactorio. ¿Que queremos convertir a Batman en un vampiro? ¡Venga! ¿Y en un detective victoriano buscando a Jack el Destripador? ¡Claro que sí! ¿Y si pido un cura en un estado teocrático? ¡Cómo no! ¿Y un Superman comunista? ¡Ya tardas! Pero de todas las locuras que se han podido imaginar, creo que la más delirante de todas es una trilogía de títulos que podríamos definir como «¿y si la Trinidad protagonizara películas expresionistas alemanas de principios del S. XX?»

¿Qué?

Sí, eso mismo. Allá por 1996, alguien tuvo la extraña idea de adaptar películas del movimiento expresionista alemán protagonizadas por personajes icónicos del Universo DC. La idea era ingeniosa, pero entre que no es un estilo de cine precisamente comercial en los tiempos que corren (recordemos, películas mudas y en blanco y negro) y los autores implicados tampoco lo eran demasiado, los cuatro tomos previstos se acabaron quedando en tres. Los guionistas implicados, el matrimonio Lofficier, tampoco es que sean estrellas del medio. De hecho, he tenido que ponerme a rebuscar qué otras obras habían firmado aparte de estos tres títulos, porque no me sonaban de nada. El dibujante, Ted McKeever, es una de esas debilidades personales que tengo, pero he de reconocer que el sambenito de rarito se lo tiene ganado a pulso.

Hala, vamos a ello.

Superman’s Metropolis

La primera entrega tiene una inspiración bastante clara, la genial Metropolis de Fritz Lang de 1927, una de las grandes obras maestras de la historia del cine. De hecho, más que inspiración debería decir que es una adaptación muy fiel de la película.

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La historia aquí contada es de sobra conocida para todo aquél que haya visto la película. En la ciudad de Metrópolis viven dos castas. La élite intelectual vive en las alturas, en una sociedad casi paradisiaca. En un inframundo opresivo, viven los obreros, a los que se prohibe salir al mundo exterior, y que trabajan para mantener el nivel de vida de los dirigentes. De entre los obreros surge Maria, que defiende una salida pacífica al conflicto social existente, esperando la llegada de una figura mesiánica, el Corazón que ha de mediar entre el Cerebro y la Mano. El dirigente de la ciudad, Joh Fredersen, tiene miedo a una posible revolución, así que pide ayuda a Rotwang, un científico que crea un robot antropomórfico que instigará una revolución violenta que permitirá una represión desproporcionada poniendo fin a las esperanzas de los obreros. Pero Freder, el hijo de Joh, ha quedado prendado de Maria cuando ha subido con los hijos de los obreros para que vieran los jardines en los que vive la clase privilegiada, y la ha seguido, viendo de primera mano en qué condiciones viven los desfavorecidos de la sociedad.

La traslación a viñetas que aquí tenemos es fiel hasta el más mínimo detalle. Se pueden contemplar fotogramas de la película prácticamente calcados a lo largo del cómic, teniendo pocos cambios más allá de los nombres de los personajes en su planteamiento. Joh Fredersen pasa a ser Joh Kent, Freder Fredersen se llama aquí Clarc Kent-Son, Maria es Lois y Rotwang… Sí, Rotwang es Lutor.

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Pero pensado friamente, hay muchos más paralelismos de los que podría parecer a primera vista. Metrópolis, la ciudad en la que vive Superman, recibió su nombre como homenaje a esta película. Superman, el Superhombre, tiene sus raíces en la filosofía alemana, en el Übermensch de Nietzsche. Los orígenes de Superman se remontan a la época de la Gran Depresión, una época en la que la clase obrera tiene unas condiciones de vida infrahumanas. Y más aún, Superman es una representación del arquetipo del Dios Solar, al igual que Jesucristo, figura a la que recuerda el Corazón, el Mesías cuya llegada profetiza Maria. Quizás no sea una adaptación tan descabellada como podía parecer inicialmente…

Batman: Nosferatu

Tres años más tarde, en 1999, llegó el segundo título ambientado en Tierra-1927 (según el Absolute Crisis en Tierras Infinitas, desaparecida en el Universo post-Flashpoint). Y teniendo en cuenta la inspiración de Batman en la figura del murciélago, y que se ha jugado varias veces con la figura de Batman convertido en un chupasangre, es lógico pensar que, con este título, estamos ante una adaptación de la mejor película de vampiros de la historia del cine, ¿no?

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Pues no. El eje central de esta segunda entrega es la también magnífica El Gabinete del Doctor Caligari (1920), considerada la primera película de terror de la historia y la obra cumbre del Expresionismo Alemán. La adaptación es aquí algo más libre que en Metropolis, entre otros motivos, para dar cabida a Clarc y Lois, dejando claro que estamos ante un universo compartido, y para presentar personajes de la tercera parte de esta extraña historia. También se pueden apreciar aquí un par de homenajes, estéticos en este caso, a Nosferatu (1922) de F.W. Murnau, de la que sale el aspecto que tendrá el Batman de la historia, y El Hombre Que Ríe (1928) de Paul Leni, nombre con el que se refieren a la versión del Joker que hay en la historia. De hecho, El Hombre Que Ríe fue, según Bob Kane, inspiración fundamental en la creación de la némesis de Batman.

En la película original, el siniestro Doctor Caligari lleva como atracción de feria a Cesare, un sonámbulo que supuestamente puede predecir el futuro. En uno de sus espectáculos, una persona del público le pregunta «¿Cuánto viviré?» y el sonámbulo responde «¡Hasta el amanecer!», y el propio sonámbulo se encarga de cumplir su profecía…

En esta versión, El Doctor Caligari pasa a ser el Doctor Arkham, y Cesare es El Hombre Que Ríe, un constructo de piel pálida y pelo verde que fue creado por el Lutor que ya conocimos en Metropolis. La víctima que pregunta por su esperanza de vida es el abogado Dirk Gray-Son, cuyo amigo, el doctor Bruss Wayne-Son acabará, como es de esperar, convertido en el héroe que mora entre las sombras.

Estas referencias, de nuevo, no son aleatorias. No sólo el Joker se inspiró en una película de este movimiento, el propio Batman tiene parte de sus raíces también en él. El propio Bob Kane reconoció que se inspiró en El Murciélago Susurra (1930) de Roland West y en Dracula (1931) de Tod Browning, como se puede leer en DC Comics: Sixty Years of the World’s Favorite Comic Book Heroes de Les Daniels (Bulfinch Press, 1995). Ambas películas son deudoras en atmósfera e imaginería de la tradición del cine mudo alemán, de la que tanto El Gabinete como Nosferatu son dos de los grandes hitos. De hecho, el Director de Fotografía de Dracula es Karl Freund, que también lo fue de Metropolis.

La lectura de esta segunda parte, aún no siendo una adaptación a otro medio tan literal como lo es la primera, resulta ser mucho más potente que su predecesora. Tomando sólo ciertas partes de las películas en las que se inspira, se puede permitir el lujo de introducir la historia partes de la mitología de Batman que tienen una coherencia impecable en la historia. Siendo el Doctor Caligari el director de un manicomio, la aparición del Pingüino, El Espantapájaros, Manbat o Hiedra Venenosa como internos del mismo es perfecta. Por otro lado, nos encontraremos con homenajes a clásicos de la historia de Batman, como el enfrentamiento, físico e ideológico, entre Batman y Superman que encontramos en El Regreso del Caballero Oscuro, o incluso tenemos ecos de Arkham Asylum, sin resultar forzado en ningún momento.

Wonder Woman: The Blue Amazon

Cuatro años después llegó la tercera y última parte que es, quizás, la menos inspirada de las tres. Al igual que en el volumen dedicado a Batman, no se inspira en una sola película. Aquí podemos hablar de El Doctor Mabuse (1922), al que tenemos representado como Dr. Psykho, el villano hipnotizador contrahecho de Wonder Woman, y de El Ángel Azul (1930), con Diana en el papel que le dio fama internacional a Marlene Dietrich. También hay una pizca de la novela La Isla del Dr. Moreau (1896) de H. G. Wells.

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En esta última parte se nota un cierto agotamiento de la fórmula. Por un lado, el dibujante no trabaja con tanto mimo como en las dos anteriores. No quiero decir que haga un mal trabajo, porque McKeever no podría dibujar mal ni aunque quisiera, estuviera de resaca y una mula le hubiera pisado la mano útil. Pero no brilla tanto como en las dos historias previas. Por otro lado, la aparición de Wonder Woman como una bailarina exótica -ejem- en un cabaret no tiene mucho que ver con los orígenes de empoderamiento femenino que tiene el personaje. Quizás, en el mejor de los casos, podría recordarnos a esa costumbre que había en los años 40 de encadenar a Diana en historias con un toque bondage, pero poco más. La historia que nos cuentan aquí retrocede hasta los orígenes de Metrópolis, descubierta por Lois y el arquitecto Steve Trevor-Son. La ciudad fue fundada por Joh Kent, Lutor y Paula Von Gunther, que crearon un nuevo entorno para que la humanidad sobreviviera a la polución que estaba acabando con la Tierra. Von Gunther abandonó a los otros dos para crear una nueva ciudad flotante, el Cielo, en la que crearía mediante ingeniería genética una raza de híbridos humanos/animales.

Originalmente, Ted McKeever se implicó en el proyecto sólo para la primera entrega, y únicamente porque Metropolis, según comentó recientemente en una entrevista, es una de sus películas favoritas. Cuando se planteó la secuela también aceptó participar en ella porque tampoco se pudo resistir a trasladar al papel un Batman basado en Nosferatu. Pero la única motivación que encontró para hacer The Blue Amazon era la recopilación en un tomo de la trilogía completa, según planes del por entonces editor Mike Carlin. Pero Carlin se fue, Dan Didio llegó, y con el advenimiento del Dictador en Jefe (palabras de McKeever), todos los planes de recopilar esta trilogía o cualquier otra obra con el nombre de este dibujante en ella fueron inmediatamente desechados. Una lástima.

El cuarto tomo que nunca llegó

Jean-Marc Lofficier tenía planeado una cuarta entrega llamada La Luz Verde, en la que se habría presentado a Flash, a Linterna Verde, al Detective Marciano y a una versión femenina de Aquaman, completando así la alineación clásica de la Liga de la Justicia. Las películas en las que se habría basado este último tomo habrían sido La Luz Azul (1932) de Leni Riefenstahl, Der weiße Rausch – Neue Wunder des Schneeschuhs (1931) de Arnold Fanck y La Atlántida (1932) de Georg Wilhelm Pabst. Una lástima que no llegara a ver la luz, la verdad.

Los autores

Los guiones, como ya hemos mencionado, corren a cargo del matrimonio Lofficier, Jean-Marc y Randy, con ayuda del veterano Roy Thomas en el tomo dedicado a Superman. Esta pareja no tiene límites: podemos encontrar su firma en campos tan diversos como la traducción (fueron los primeros responsables de traducir la obra de Moebius al inglés), artículos varios sobre series de ciencia ficción e incluso un libro sobre Doctor Who, guiones para las series de animación de Patoaventuras o Los Auténticos Cazafantasmas… En el mundo del cómic, podríamos decir que esta tetralogía truncada es su obra más conocida, pero encontramos su firma también en el número 579 de Action Comics (un extraño team-up entre Superman y Astérix), una serie limitada de El Garaje Hermético para el sello Epic de Marvel, con dibujos de Eric Shanower, o la bizarrada de H.P. Lovecraft’s Cthulhu: The Festival, con dibujos de Brian Michael Bendis en uno de sus primeros trabajos profesionales.

El dibujante, Ted McKeever, es uno de esos genios perturbados cuya obra suele asociarse a ambientes opresivos y enrarecidos. Conozco gente que dice que la pasión por McKeever es un gusto adquirido, que es imposible que te guste de primeras, pero que una vez caes en su red ya es absolutamente imposible escapar de ella. No me queda más remedio que discrepar fervientmente. McKeever me ha resultado hipnótico desde la primera vez que me encontré con él (en un prestigio de Hellraiser editado por Fórum, por cierto) , y desde entonces me hago con toda obra suya que cae en mis manos que, lamentablemente, son pocas. Si tuviera que quedarme sólo con un puñado de sus obras, habría que mencionar esa puñetera delicia enfermiza que es The Extremist, escrita por Peter Milligan, Industrial Gothic, Metropol o inlcuso un puñado de números de la Doom Patrol escritos por Rachel Pollack.

En resumen…

Sin lugar a dudas, estamos ante uno de los Otros Mundos más peculiares jamás publicados, tanto por la ambientación de las historias como por lo personal del dibujante. Puedo llegar a entender que aún siga inédito en nuestro país, dado que la comercialidad de estos títulos no es precisamente alta, aunque la calidad de los mismos me hace concebir esperanzas. Por otro lado, la dificultad de conseguirlos en versión original (no olvidemos que Metropolis ya tiene veinte años, yo lo compré hace diez y ya me costó encontrarlo) deja una hipotética edición en castellano como única posibilidad para hacerse con ellos. Cosa que por otro lado no descartaría, viendo que en ECC se están lanzando a la edición de Otros Mundos no excesivamente populares, como han hecho con Monstruos Góticos.

Y, por otro lado, haber desempolvado estos tres prestigios es una grandísima excusa para revisionar grandes clásicos de la historia del cine, como los previamente mencionados o Amanecer, M, el Vampiro de Düsseldorf o El Gólem.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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