Dibbuks nos trae otra de esas obras que difícilmente dejarán indiferente al lector. Con Esos días que desaparecen, nos plantean la típica premisa que... Esos días que desaparecen

Dibbuks nos trae otra de esas obras que difícilmente dejarán indiferente al lector. Con Esos días que desaparecen, nos plantean la típica premisa que despertará nuestra curiosidad, y hará que nos pongamos en la piel del protagonista, pero poco a poco comienza a explorarla y la obra se va tornando cada vez más angustiosa, llegando a su final con cierta inquietud, y mal rollo en el cuerpo. Pero no es una obra que se apoye exclusivamente en una premisa interesante, no. La trama está correctamente desarrollada, e incluso la explicación de todo, y el desarrollo de los acontecimientos tienen una lógica satisfactoria que nos dejará complacidos en ese aspecto.


Todo gira en torno a Lubin Maréchal, un tipo poco ambicioso y que pasa su tiempo libre como acróbata aficionado preparando un espectáculo circense junto a un grupo de amigos, que tras un golpe en la cabeza comienza a ver que pasado un día se despierta veinticuatro horas después de lo que debería, es decir, que ha perdido un día entero de su vida… pero alguien ha vivido ese día por él. Poco a poco se dará cuenta de que alguien está viviendo ese tiempo por él, no está dormido sin más. Su propio entorno puede interactuar con ese «otro yo», con una personalidad radicalmente opuesta a la suya: responsable, trabajador, serio…

Formado en la Escuela de Bellas Artes de Angoulême, Timothé Le Boucher, es un joven autor con un estilo de dibujo limpio y ordenado, pero que con sus escasos treinta años tiene ya tres obras editadas y un par de nominaciones en el Festival de Angoulême. Me llama poderosamente la atención la madurez del planteamiento de la obra. Se encuentra basado en un idea muy potente, que casi la convierte en una fábula moderna, como pudiera suceder con Animal, por ejemplo. Sin embargo, una vez planteada la idea de estar perdiendo un día de cada dos, explora las consecuencias reales para con su familia, amigos, trabajo… Idea un modo de comunicarse con su otro yo e intentan ponerse de acuerdo en cosas como el trabajo, la alimentación o hábitos. Son dos personas diferentes compartiendo el mismo cuerpo. Eso afectará a las relaciones de pareja de ambos, con la dificultad que pueda entrañar para una chica el saber que su pareja se está acostando con otras chicas… por mucho que supuestamente sea su otra personalidad. Le Boucher maneja eso con mucha habilidad, e incluso lo aprovecha para construir la historia de amor que domina en la totalidad de la obra. También deja espacio para el humor, al mostrarnos las jugarretas que se gasta a sí mismo para hacerle la puñeta a su otra personalidad al día siguiente.


Pero hacia su mitad, algo cambia en la alternancia entre personalidades, y la obra entra en una espiral angustiosa y asfixiante en la que como lector sufres con el personaje. El autor es consciente de ello, y cada vez va a jugar más con nuestra propia ansiedad, dando algunos saltos en el tiempo que se ven coherentes y muestra una sociedad que va evolucionando de una manera creíble. Esa ansiedad se consigue de una manera brillante, puesto que el estilo de Le Boucher es un estilo que nos recordará en muchos momentos al anime japonés, muy limpio, simétrico y con líneas muy bien delimitadas, sin nada que resalte más de la cuenta. Conseguir ese ritmo asfixiante con un estilo así tiene mucho mérito, y a su vez, se ve potenciado precisamente por el contraste del estilo visual calmado con ese desenlace hacia el cual nos vemos abocados sin frenos y a toda velocidad. Le Boucher se apoya en la limitación de opciones del personaje para conseguir esa angustia del lector, y lo sabe mantener el tiempo justo para que el efecto alcance su máxima intensidad, sin necesidad de agotar el recurso.

Consigue recrear tanto literariamente como artísticamente ambas personalidades, de modo que vamos a poder diferenciarlos sin excesiva dificultad. No obstante, se usa un recurso de bocadillos de distinto color para saber cuándo es cada uno de ellos. Insisto, viene bien en escenas en las que comenta lo que dice él mismo en un vídeo, pero no es para nada necesario porque consigue aportar una expresión distinta para cada una de las versiones del personaje. Pequeños matices casi imperceptibles pero completamente efectivos…


En definitiva, Esos días que desaparecen.

Una fábula moderna, una historia que nos hará ponernos en la piel del protagonista e imaginar qué podríamos hacer en su lugar si nos encontráramos en tal situación, mientras que nos animará a disfrutar más del tiempo del que disponemos, y apreciar mejor la vida que tenemos por delante. Por larga que pueda ser… es limitada, y llegado el momento, el tiempo se nos echará encima y nos daremos cuenta de lo que no hemos podido hacer y con qué ser querido hemos podido emplear ese tiempo. Con un ritmo fabuloso y un dibujo que nos recordará al anime japonés (seguro que a alguno se le viene a la mente Your name o la reciente Quiero comerme tu páncreas) alterna humor, amor, valores familiares y angustia. Una obra muy interesante y con un tempo que me parecen insuperable.

Lo mejor: Lo que te hace pensar. Lo bien diferenciadas que quedan ambas versiones del personaje por matices de guión y de dibujo. En conjunto es una historia preciosa, y la historia de amor me ha encantado.

Lo peor: Llegué al final con cierta angustia, aunque entiendo que es lo que buscaba el autor.

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Esos días que desaparecen (Emociónate)
Timothé Le Boucher and Dibbuks
Precio: EUR 26,60
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Esos días que desaparecen
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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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