Su última obra con Grafito es Mies. A priori, la biografía de un arquitecto alemán no parecía presagiar el éxito enorme que ha tenido... Entrevista a Agustín Ferrer.

Su última obra con Grafito es Mies. A priori, la biografía de un arquitecto alemán no parecía presagiar el éxito enorme que ha tenido en el mercado español. Un tema que posiblemente al presentárselo haría que el editor nos mirase mal. Y sin embargo… Edición agotada, reedición, edición en Alemania… ¿A qué piensa que es debido? ¿Es una total sorpresa o lo esperaba?

Parece que se ha informado bien, ¡¡¡jajajaja!!! Es cierto que cuando Grafito Editorial tuvo conocimiento del tema sobre el que estaba trabajando en 2015 no mostró mucho interés por él. Es más, conociendo mis intenciones de que el libro fuese “largo” y que su fecha de publicación debía ser 2019 –año en el que se cumplía el 50 aniversario de la muerte del arquitecto-, me recomendaron que lo aparcase para hacer otro título de encargo, Arde Cuba (publicado en 2017), antes de que los lectores me olvidasen tras Cazador de Sonrisas.

Posteriormente, cuando retomé Mies, creo que las reacciones de muchos lectores –en su mayoría arquitectos- hizo que Grafito pensase que este libro tenía un posible nicho de mercado y cabida en su catálogo. Es cierto que el trabajo de Grafito para hacerlo llegar al público relacionado con el tema de la arquitectura y el diseño fue ímprobo, al igual que el esfuerzo en hacer entender al lector común de cómics –no relacionado con el medio arquitectónico- que este libro no era un ladrillo infumable, una ocurrencia de autor, sino una historia caleidoscópica, con muchos matices narrativos.

Pero a pesar de esos esfuerzos, siempre cabía la duda de si ese público respondiese confluyendo en el razonamiento inicial, que Mies es una lectura recomendable para todos. Las razones del éxito de Mies, como muy bien dice, son inesperadas. Pero pueden resumirse en una sola: la propia figura de Mies van der Rohe plasmada en ese título tan rotundo que encabeza la portada del libro.

Mies van der Rohe es un referente para la práctica totalidad de los profesionales del sector de la arquitectura y el diseño, así como para muchos amantes del arte. Junto a Frank Lloyd Wright y Le Corbusier, forma lo que suelo denominar la Santísima Trinidad del Movimiento Moderno de la Arquitectura. Y como tal tiene sus seguidores y, yendo mucho más allá, sus devotos.

Así que no es de extrañar que cuando el libro salió a la venta –incluso mucho tiempo antes de que lo hiciese- ya era conocido y esperado con fervor por algunos entusiastas arquitectos. Mientras lo iba dibujando fui difundiendo parte del proceso en redes sociales y el boca oreja hizo su efecto. En parte yo esperaba la buena acogida del libro, conociendo las expectativas de los futuros lectores. Aunque el miedo también campaba libre por el horizonte por no saber qué respuesta tendría entre el lector común. Aquellos que podrían ver con indiferencia y desinterés la publicación de una novela gráfica sobre un arquitecto, por muy famoso que llegase a ser éste. La mala fama de algunos arquitectos, conocidos por su mala praxis, también ha tenido mucho que ver en esta desafección por la arquitectura del lector de a pie.

Cierto es que ya contaba con el referente de novelas gráficas como Asterios Polyp de David Mazzucchelli que, siendo una obra de ficción, era lo más cercano al tema “arquitectos” que se ha publicado recientemente y con muy buenas críticas. Aunque no tenía claro si era un faro por el que guiarme demasiado gafapastil.

Otros títulos sobre arquitectos en un sentido más biográfico ya se habían publicado, en aquellos casos sobre la figura de Le Corbusier, pero no tenía conocimiento de su repercusión, así que caminaba a ciegas.

Pero me ratifico en lo apuntado anteriormente. El título que encabeza el libro tiene su tirón y la posterior comprobación y difusión de lo interesante y ameno que es el libro ya supuso su lanzamiento hacia el éxito hasta esa tercera edición. Eso sin hablar de las sucesivas ediciones alemanas…

¿Por qué Mies? Sabemos de su importancia histórica, pero para el lector medio español, eso de la Bauhaus es quizás algo de los libros de historia del arte y poco más. ¿Cómo reaccionaron las editores a la propuesta?

Decidí hacer un libro sobre Mies van der Rohe por muchas y variadas razones.

Algunos lectores amigos, amantes de la arquitectura por vocación y profesión, me comentaron lo bueno que sería que hiciese un cómic relacionado con el tema. Tenía conocimiento sobre arquitectura y sabía contar historias dibujando cómics, así que la combinación de ambas disciplinas podía funcionar. Es más, alguien coincidió en lo que yo ya tenía en la cabeza desde hace tiempo y que me había llevado a hacer una primera página: Mies podría ser el personaje ideal para protagonizar un cómic. Sólo quedaba documentar el esbozo mental de la historia que quería contar.

La figura de Mies, para quien conozca su obra, es muy potente. Pero más aún lo es su vida, una vida que labró siguiendo su máxima de “Menos es más”. Fue depurando su entorno, como los detalles de su arquitectura, hasta quedar con lo mínimo en una búsqueda constante de la libertad creativa y personal. Y esa faceta personal era la que me interesaba contar en el cómic, y que incluía –aquí entramos en el fondo anecdótico del libro- una sucesión de actos más o menos reprochables. Algo que seguramente modelaría el resultado de sus diseños y obras.

Como dije antes, la respuesta inicial de Grafito Editorial no fue de entusiasmo precisamente. Lo veían como material muy difícil de vender hasta que percibieron el nicho de mercado que le correspondía. Pero crearlo dentro de su catálogo y buscar los lectores suponía un tremendo trabajo. Por un lado los arquitectos, muchos de ellos no lectores de cómics a los que había que convencer sobre ese formato. Por otro, a los lectores habituales de tebeos a los que tenían que mostrar que la vida de un arquitecto –y la arquitectura como fondo, incluyendo algo de historia de un periodo convulso que incluyó un par de guerras mundiales y el ascenso del nazismo entre ellas- podía resultar muy interesante.

Posteriormente, cuando el libro comenzó a venderse y a cosechar muy buenas críticas, los nervios y las dudas iniciales se disiparon. Más o menos como lo que pasa con cualquier otro libro, pero en este caso con una temática totalmente diferente a la normal.

Un detalle que diferencia a Grafito de otras editoriales es que si les compras directamente, te mandan un montón de regalitos. Láminas (firmadas o no) y ese tipo de cosas. Además, en su web suelen incluir un prólogo que no figura en los tomos, una escena inicial.

¿Éste material va incluido en el contrato? ¿O son ideas y elecciones suyas como autor? Conociendo la forma de trabajar de la editorial (tras Cazador de sonrisas y Arde Cuba) y sabiendo que estas pequeñas historias aparecerán en las siguientes obras publicadas con Grafito, ¿están ya pensadas planificadas al crear la propia obra?

La parafernalia de regalos e información que acompaña al cómic está contemplada en el contrato a fin de otorgar un valor añadido al libro. No sé qué harán otras editoriales, pero a mí me parece todo un detalle con el lector que el libro no acabe sólo en esa pieza en sí, sino que incluya otros elementos añadidos.

Otra cosa es el contenido de los mismos que, por plazos u otras razones, son extraídos del mismo cómic o creados al final del mismo, en una decisión consensuada entre autor y editores. Incluso contenidos promocionales, como las pequeñas descripciones de los personajes que aparecen en el libro y que se pueden consultar en el espacio que la editorial dedica en su página web a cada título, son formas de completar la experiencia lectora, haciendo que ésta no acabe sólo con la lectura del libro físico.

Sus obras están coloreadas a acuarela, con un gran contraste. En un mundo editorial donde cada vez se colorea más por ordenador, ¿varía mucho el resultado final del que quería lograr en el papel? ¿Tiene futuro el coloreado a mano? ¿Cuáles son los pasos del proceso de coloreado?

Y hablando de coloreados, ¿cuáles son sus opiniones ante los recoloreados digitales de obras clásicas que publican algunas editoriales estadounidenses?

Creo que, salvo por cuatro autores impertérritos, el coloreado a mano está llamado a desaparecer en las caudalosas aguas del arte digital. Triste, pero cierto.

En mi caso, a mí me pilla muy mayor para mudarme al entorno digital. Moriré entre papeles y acuarelas. Pero es que el arte final de cada página compensa, por permitir exposiciones como la celebrada en la XXIII edición de Viñetas desde o Atlántico sobre el cómic Mies o por el mercado que se abre para este tipo de originales.

Si bien es cierto que las herramientas digitales actuales –y supongo que futuras- consiguen un acabado ciertamente atractivo para el coloreado, creo que éstas no llegan a conseguir la aleatoriedad de una acuarela manual que requiere esfuerzo y maña –además de una plegaria para no estropear un trabajo de horas por esa última pincelada fallida-. Y es que, como apunta, muchas veces el resultado de un trabajo analógico no es lo que uno imaginaba en su cabeza, por muchas capas de color que añada. En estos casos, en mi experiencia, o intento usar una pintura acrílica que tape el desastre o, directamente, repito la viñeta.

En cuanto al recoloreado digital del que habla, si el público lo acepta por resultar más atractivo a la vista, no seré yo el que lo trate como una herejía. También es cierto que reconozco mi absoluta ignorancia en cuanto a ese tema, dado que no consumo la mercancía de esas editoriales yankees. ¡Otra cosa es que se tratase de mancillar una pintura de Roy Lichtenstein!

Hemos de reconocer que el coloreado de sus obras las hace muy reconocibles para el lector. Y dan una sensación muy de vieja escuela, si me permite el término. Recuerdan a Moebius por todas partes. Pero centrándonos más en el guión y el dibujo, ¿cómo es el diseño y creación de una página?

Moebius, Bilal, Prado, Das Pastoras… Han sido mis referentes en los comienzos como dibujante hasta encontrar ese estilo propio que creo me hace reconocible.

El proceso de diseño y creación de una página, en mi caso, es siempre el mismo. Como es algo que me funciona, no me suele gustar hacer experimentos que me hagan perder el tiempo, más que nada porque me resultan frustrantes si meto la pata.

Parto de una idea base que sea capaz de transformar en una historia. Muchas veces sé como empieza y como acaba, pero no tengo todas las piezas intermedias que completan el conjunto. Si la cosa es larga la esbozo en una sinopsis que me ayude a saber, más o menos, la longitud de la misma. Todo ello sin desarrollo de diálogos ni descripciones detalladas de planos. Consigo con ello ver qué número de páginas tiene cada secuencia. Es entonces cuando paso a escribir, una a una, cada escena desglosada en esas dos, cuatro, seis u ocho páginas que ocupará el dibujo. Como si fuese el rodaje de una película, intento cuidar al máximo los diálogos. No hablo para nada ni de enfoques ni de planos ni de ambientaciones, porque todo eso lo iré montando en pequeños bocetos a lápiz de lo que serán después las páginas, contando siempre de dos en dos éstas, sean páginas dobles o no.

En esos pequeños esquemas a mano intento marcar una cierta geometría en la composición de las viñetas, lo más ordenada posible, siguiendo unas medidas y unas proporciones gratas a la vista. Creo que no he inventado nada nuevo, pero sí me guío por unas reglas autoimpuestas sin experimentos ni excentricidades. Será que soy muy clásico –o un cagón-.

Posteriormente a dibujar esos pequeños croquis, paso al tamaño real de trabajo –A4 vertical para páginas normales o A3 apaisado para las dobles- para hacer los lápices. Lápices HB de grafito, no los azules que suelen usarse porque éstos no tienen sentido en mi forma de trabajar. Esas páginas a lápiz sobre papel blanco las calco sobre un papel coloreado Canson, volviendo a dibujar con mayor detalle lo calcado. Después delimito contornos con un rotulador con el calibre más fino posible. Humedezco el papel coloreado y lo fijo sobre un tablero con chinchetas para que no se deforme cuando use acuarelas para dar color al dibujo. Acuarelas, pintura acrílica, tinta china azul, lápices de colores… Lo que haga falta. Un pinta y colorea de manual. Y finalmente vuelvo a delimitar contornos valorando grosores según profundidades con rotuladores calibrados.

Con la página acabada, escaneo el resultado para introducir digitalmente contornos de viñetas, colores de calles entre viñetas, bocadillos y textos. Y, por supuesto, corregir alguna mancha o error cometido a mano, que los hay.

Por conocer algo más al autor, ¿cuales son las obras arquitectónicas de Mies que prefiere? ¿Viviría usted en una casa con las paredes de cristal y sin armarios?

Siempre diré que la obra de Mies que más me atrae es la que no llegó a construirse, como sus rascacielos –véase el proyectado para la Friedrichstraße de Berlín de 1921-, por lo novedosos que eran para la época y la aparente dificultad material en su ejecución. En aquel tiempo recurrir a pilares metálicos tan esbeltos, plantas libres de muros de carga y paños de fachada de vidrio de suelo a techo no era lo común.

De las obras posteriores de su etapa europea, junto a su socia Lilly Reich, destaco la villa Tugendhat por ser una obra de diseño total, desde los tiradores de las puertas ¡hasta la lavadora! Una casa novedosa para comienzos de la década de los 30, como unidad habitacional en la que las circulaciones de la vida doméstica entre las estancias, según sus usos, contaban con el menor número posible de obstáculos. Un organicismo funcional.

Y sí, viviría en una casa como la Farnsworth, pero sufriría esa falta de intimidad de la que hablaba su dueña –aunque sí que tenía armarios, pero no de su gusto-. A esto habría que sumarle otros pequeños inconvenientes como las condensaciones de los vidrios en invierno, los mosquitos en verano o alguna que otra inundación por la crecida del río anexo. Pero esa casa es el ideal arquitectónico del diseño, como pieza de arte total, no como vivienda habitable.

En cambio, la que se suponía un plagio, la casa de vidrio de su admirador y socio por una temporada, Philip Johnson, hacía honor a su nombre en cuanto a comunión con la naturaleza circundante por tener sus cuatro fachadas de vidrio. Y su dueño nunca se quejó de incomodidad o falta de intimidad. También es cierto que la Glass House era la casa del propio arquitecto… Poco serio hubiese sido que él mismo se quejase de su diseño.

Una pregunta particular, aprovechando esta entrevista. A lo largo de Mies, podemos ver, como si pasara por ahí, a un pájaro. ¿Qué representa dentro de la historia?

Son urracas que, dentro del grupo de los córvidos, son las aves más bellas. Pero siguen siendo pájaros carroñeros, se alimentan de pobredumbre. Quise mostrar algunos actos más o menos reprobables de Mies añadiendo esas urracas a modo de símbolo, de metáfora visual. De hecho el significado del término Mies en alemán significa pobre, despreciable. Y así son algunos de los comportamientos del protagonista a lo largo de su vida. Siendo un amante de la filosofía, Mies practicaba poco la ética.

¿Qué proyectos tiene en marcha Agustín Ferrer? ¿Puede adelantarnos algo sobre sus próximas obras?

Ahora mismo me hallo inmerso en un encargo de Grafito Editorial basado en una idea original de Josep Busquets, que me está costando arrancar por problemas de tiempo. Tiene como trasfondo la evacuación de las obras del Museo del Prado a Valencia –y de ahí a Barcelona y Ginebra- para protegerlas de los bombardeos rebeldes sobre Madrid durante la guerra civil. De ahí la historia deriva en el intento de robo de una de las piezas.

A más largo plazo, al estilo de Mies, comencé una novela gráfica sobre el pintor vienés Gustav Klimt. Pero la he aparcado por el encargo del que he hablado antes.

Y pretendo hacer algo sobre ese otro arquitecto mítico, Frank Lloyd Wright. Pero sin prisa, como a mí me gusta hacer las cosas. Tanto Klimt como Wrigth serán obras de largo recorrido, así que habrá que esperar por lo menos una década hasta verlas acabadas.

Nos gustaría conocer su opinión sobre el formato del Viñetas. Sobre todo en este 2020 tan extraño. Exposiciones de larga duración, gratuitas y en el centro de la ciudad. Casetas en medio de los jardines durante una semana. Figuras de personajes escondidas por las calles, saludando a vecinos y visitantes.

Creo que el formato de Viñetas, en lo que yo he visto y vivido, es algo único. Como no se centra en un único recinto ferial cerrado ni se desarrolla en dos o tres días, sino que hace partícipe a la ciudad, se extiende una semana con su disposición de casetas en la calle y sus exposiciones están abiertas casi un mes, esa elongación en el tiempo da la posibilidad de que el aficionado –o curiosos y turistas- puedan participar sin tanta presión.

Lo más cercano que conozco a Viñetas es el Salón del Cómic de Navarra que abre sus puertas en fechas posteriores y tiene un formato similar: exposiciones durante un mes en varias localizaciones de las ciudades de Pamplona y de Tudela, charlas durante cuatro fines de semana, talleres y firmas de autores invitados en tiendas especializadas…

Ambos eventos se centran en el potencial cultural del cómic y menos –aunque sin dejarlo de lado- en el aspecto comercial del mismo. Sin duda son ejemplos diferentes de lo acostumbrado en el panorama de los salones de cómic.

Estamos en Galicia y es verano. Déjenos hacer la pregunta especial de nuestras entrevistas en el Viñetas. ¿Cuál es su receta preferida de marisco?

Bueno, creo que empezar por el clásico pulpo a la gallega con un buen albariño sería una buena opción. Pero en mi reciente visita a Galicia me quedé con ganas de probar una merluza con berberechos. Quizá en otra ocasión…

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Lamastelle

Lamastelle

Aprendió a leer para viajar con el Capitán Trueno. Ha navegado por los mares del tebeo europeo, americano y japonés. Ha visitado la Luna y guiado un velero por los canales de Marte. Pilotó a Mazinguer Z. Defendió la Tierra de mil invasiones. Ha comandado naves entre mundos. Ahora, en su villa situada en una isla sin nombre, disfruta de su biblioteca y reseña para ELHDLT.

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