De entre todas las grandes historias de fantasía épica, mi preferida ha sido siempre la saga del Campeón Eterno de Michael Moorcock. Puede que... Elric: La ciudad de los sueños

De entre todas las grandes historias de fantasía épica, mi preferida ha sido siempre la saga del Campeón Eterno de Michael Moorcock. Puede que no tenga la calidad literaria de J.R.R Tolkien, y me consta que hay gente que devora el ambiente D&D de Dragonlance, pero la mezcla de cifi con fantasía de Moorcock me toca la fibra especialmente. Las distintas encarnaciones del Campeón a lo largo del Multiverso son fascinantes todas ellas. La búsqueda de Tanelorn de Erekosë, la misión de venganza de Corum, la fantasía postapocalíptica de Dorian Hawkmoon… y, por supuesto, Elric de Melniboné, un emperador albino hechicero en un mundo en decadencia. Un antihéroe débil, que recurre al uso de drogas para mantenerse mínimamente activo, que adora a demonios y es el líder de una civilización corrupta y amoral. ¿Cómo no quedar inmediatamente fascinado por él?

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La primera historia protagonizada por Elric no fue su primera novela, Elric de Melniboné. El personaje debutó en 1961 en The dreaming city, una historia corta publicada en la revista inglesa Science Fantasy. El primer cómic protagonizado por el Emperador de Melniboné, tras el team-up con Conan el Bárbaro, llegó en 1982, y fue precisamente la adaptación de este relato, parcialmente serializado en Epic Illustrated y completado como la segunda novela gráfica publicada por Marvel Comics. En esta historia, publicada por Yermo en el lugar que le corresponde cronológicamente en la historia de Elric, nos encontramos al Príncipe Albino fuera del Trono de Rubí, símbolo del poder del Emperador de Melniboné, usurpado por su primo Yyrkoon. Al principio de esta historia, vemos un pacto entre Elric y los Señores de los Mares, un grupo de humanos de los Reinos Jóvenes, por el cual el exiliado les ayudará a sortear el laberinto que lleva a Imrryr, la capital del decadente imperio. Pone dos condiciones: que Imrryr sea destruida hasta los cimientos y que el usurpador Yyrkoon y su hermana Cymoril sobrevivan. Lo dicho, Elric no es el típico héroe de fantasía.

Ciertamente, en La ciudad de los sueños se nos mete en una historia in media res, pero en tan sólo sesenta y cuatro páginas se presenta de una forma impecable los principales ejes de la saga de Elric: la debilidad y amoralidad del atormentado personaje protagonista, la decadente civilización melniboneana, el culto a los Señores del Caos, la espada rúnica ladrona de almas Tormentosa y la sensación de fatalidad que acompaña a cada decisión tomada por el Lobo Blanco. Tienen lugar en este momento de la saga varios de los puntos álgidos de la historia de Elric de Melniboné, y es perfectamente comprensible con la fascinación que provoca esta historia que se ampliara su cronología hacia delante y hacia detrás.

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La adaptación a cómic es absolutamente impecable. Por un lado, el guion de Roy Thomas capta a la perfección el espíritu de la historia y le da un ritmo perfecto. Siempre se ha dicho que Thomas es el guionista ideal para hacer adaptaciones literarias a cómic, y en este tomo la verdad es que se luce. De hecho, de los tres tomos aparecidos hasta el momento en castellano de la Biblioteca Michael Moorcock, es sin duda el más brillante de los tres.

También ayuda el hecho de que P. Craig Russell hace uno de los mejores trabajos de su carrera hasta ese momento. Encargándose de lápiz, tinta y color, el mimo y el buen gusto con el que está hecha cada página es increíble, si bien es cierto que aún no tiene el estilo tan limpio y depurado que ha llegado a tener posteriormente. Pero no perdamos de vista que, cuando se publica La ciudad de los sueños, la duración de la carrera profesional de este magnífico ilustrador aún no llega a diez años.

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Hablando de adaptaciones a cómic de la saga de Elric, es inevitable comparar con la versión de Julien Blondel, Didier Poli, Robin Recht y Jean Bastide, también publicada por Yermo. Y la realidad es que son difícilmente comparables. Quizás el dibujo pictórico de la versión francesa sea más espectacular, sin desmerecer en absoluto la belleza de las páginas de Russell. Pero la verdad es que un cómic americano de los años 80 y una BD francesa actual tienen muchas diferencias en técnicas y estilo, por mucho que adapten el mismo material de partida. Mi recomendación es que los fans de la obra de Moorcock deberían leer… ambas. El cuarto (y último) tomo de la francesa verá la luz en breve en su edición original, con lo que en algún momento del año que viene deberíamos tenerlo por aquí. Y de la edición de Titan Books de los cómics americanos hay dos volúmenes inéditos todavía, con lo que tenemos material a la vista del personaje a corto/medio plazo. Esperamos ansiosos. Hasta entonces, ¡Sangre y almas para mi señor Arioch!

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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