Aprovechando que hoy es el Día de la Tierra, nos viene que ni pintado hablar de la primera serie regular de Estela Plateada. Hagamos,...

Aprovechando que hoy es el Día de la Tierra, nos viene que ni pintado hablar de la primera serie regular de Estela Plateada. Hagamos, antes de nada, un poco de historia.

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Es conocido el papel que Stan Lee, Jack Kirby y Steve Ditko tuvieron en la creación del Universo Marvel, dando pie a la Edad de Plata del Cómic durante la década de los Sesenta. También es bien conocido el sistema por el cual Stan Lee creaba (y controlaba las escasas, por entonces, colecciones que confeccionaban el floreciente mundo superheroico marvelita) sus guiones, contando a grandes y escasos rasgos la historia que quería, dejando todo el trabajo sucio de introducción, creación y diseño de personajes al dibujante, para finalmente colocar sus famosos grandilocuentes diálogos, marca de la casa todo sea dicho.

De este manera, tanto Kirby como Ditko, crearon (grandes) personajes de la nada, mucho de los cuales Stan Lee ni hubiera imaginado, pero por motivos que no vamos a entrar aquí, terminaban siendo méritos del propio Stan Lee, cuyo resultado final fue la espantada primero de Dikto de Amazing Spiderman y de Kirby (con Los Cuatro Fantásticos y Thor como series importantes de las muchas que dibujaba por entonces mensualmente) después de la editorial, hastiados del poco reconocimiento por su esfuerzo y trabajo en el diseño y creación, y de las inmerecidas alabanzas a Stan Lee.

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Una de esas creaciones ajenas fue Estela Plateada, heraldo de Galactus, Destructor de Mundos, presentados ambos en The Fantastic Four 48 USA, en la denominada trilogía La Llegada de Galactus (48, 49 y 50 USA). El impacto que obtuvo en el público y en el propio Lee, del extraño alienígena metalizado creado por Kirby, fue tal que no tardó en erigirse como protagonista absoluta en el desarrollo de la historia y de las siguientes aventuras del cuarteto fantástico.

Lee consciente de su popularidad (en parte gracias por el revolucionario diseño de Kirby), decidió dar la oportunidad al extraño surfista plateado con una colección propia, donde dar rienda suelta a todas esas ideas que tenía para él, tras definir su compleja personalidad en las páginas de Los Cuatro Fantásticos.

En el verano del año 1968, con un universo superheroico ya maduro y consolidado, aparece el primer número de The Silver Surfer, obra de Stan Lee y, sorpresa, John Buscema, abanderado de la nueva generación de artistas que elevaron definitivamente a Marvel a cotas insospechadas, junto con John Romita Sr y Gene Colan.

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La incorporación del mayor de los hermanos Buscema (Sal acompañaría a su hermano a las tintas en los primeros números, para luego dejar paso a Dan Adkins), no solo supuso una sorpresa, ya que todo el mundo daba por supuesto que el artista indicado sería su creador Jack Kirby, sino que desde el primer momento era la elección más idónea y acertada, a pesar que los malpensados (y con razón) decían que Lee quería llevarse toda la gloria de nuevo con el personaje, dejando en la sombra a Kirby.

El arte de Buscema, deudor de la energía y estilo de Kirby, estilizó los angulosos rasgos del personaje, dotando de una apariencia más elegante y ágil, en contraste al rudo y frío personaje presentado en las páginas del cuarteto fantástico. La nobleza que desprendía Estela Plateada se beneficia de los lápices y poses de Buscema, cuyo dominio anatómico y expresivo engrandecían más sí cabe las grandes historias que planteó Lee, en uno de sus mejores trabajos al frente de Marvel.

Esta serie regular inició su andadura editorial con una cadencia bimestral hasta su número séptimo, con la peculiaridad de tener unos inauditos hasta entonces cuarenta páginas, rebosantes de aventuras y acción, que servía a Buscema para desplegar todos sus trucos y experimentos narrativos, además de la comodidad de Lee para explayarse a gusto con el nuevo tipo de historias que quería contar.

Cómo si de un ángel caído se tratara, Lee amoldándose a la personalidad científica y curiosa de Estela Plateada, embarca a nuestro protagonista en conocer, estudiar todo el planeta, en un movimiento de denuncia de aquello que iba mal dentro del mundo real (característica imprescindible dentro del Universo Marvel), mostrando la miseria humana en situaciones (más o menos) reales, como las revueltas antirracistas o ese país imaginario latinoamericano regido por un dictador (que bien podría ser Cuba), y situaciones ficticias, representados en los más grotescos villanos inimaginables, ejemplos abstractos de la caja de Pandora que resulta a veces la sociedad.

Era el primer grano de arena hacía un cómic más maduro, pero que no perdiera por el camino su faceta de entretenimiento, de ahí las visitas a la mítica Asgard, al patio de recreo de nuestro amistoso vecino arácnido, entre otros.

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Dentro del esquema de un tebeo de superhéroes al uso, donde la acción es necesaria, Lee consiguió escribir su particular denuncia social a través de Estela Plateada, que a lo largo de los dieciocho números, solamente encontraba motivos de desilusión por haber salvado de las fauces de Galactus este horrible planeta, que además resultaba ser su celda de castigo por mano de su antaño maestro, aunque al final siempre encontraba/había atisbos de luz en el género humano para poder salvarlo de su propia miseria.

Lee se encontraba a sus anchas con este título. Daba cabida a su peculiar verborrea grandilocuente y exagerada en boca de Estela Plateada, que en ocasiones se confundía con un personaje surgido de cualquier obra de Shakespeare, como si de un moderno Hamlet se tratara, a causa de unos extensos diálogos interiores, siempre dolorosos y autocomplacientes típicos de los héroes Marvel. Sí de un ángel caído hablamos, en su búsqueda de redención, no puede faltar el fantasma que lo atormente, o en este caso, su propio demonio, Mefisto, que hacía su primera aparición.

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El denominado diablo Marvel, Mefisto resulta ser el complemento perfecto para la serie. En momentos el coprotagonista de la serie, siguiendo los pasos de la serpiente del paraíso, trata a Estela Plateada como su particular Fausto, prometiendo, manipulando para lograr la caída definitiva del ser más puro que puebla el planeta, con una manzana prohibida muy especial, la prometida de su planeta natal Zenn-La, Shalla, el deseo más íntimo de Norrin Radd (su verdadero nombre).

El tandem Lee-Buscema ha pasado a la historia del noveno arte gracias a este grandioso trabajo, terminado como no podía ser de otra manera por Kirby con otra de sus maravillosas creaciones, Los Inhumanos, en lo que sería uno de los finales más interesantes y olvidados de la historia Marvel.

Obra clave de Marvel de la década de finales los sesenta y principios de los setenta, que siguieran años después autores como Roy Thomas o Chris Claremont en sus trabajos para la aún joven editorial en títulos como Uncanny X-Men, Iron Fist o The Avengers.

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Marcos Miguel González "Markitos"

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