Existe la tradición de crucificar a determinados autores porque sí. Que si Brian Michael Bendis es un tostón y en sus historias nunca pasa...

Existe la tradición de crucificar a determinados autores porque sí. Que si Brian Michael Bendis es un tostón y en sus historias nunca pasa nada, que si Rob Liefeld narra como el culo y no tiene ni idea de anatomía, que si Geoff Johns es una mierda porque sí o que Dan Jurgens, jaja qué risa, de lo más chungo de los 90. Y a veces tiene razón la gente.

Rob Liefeld es malo con avaricia (por mucho que ayudara a traer aires nuevos al cómic), pero Bendis, aunque no haya hecho un tebeo que valga para más que calzar una mesa en los últimos 10 años, es responsable de esa joya (doble sentido intencionado) llamada Alias. Y Johns, antes de que intentara morder más de lo que puede abrir la boca, hizo los mejores tebeos de la JSA que he leído, una de las mejores etapas de Flash de la historia, unos muy buenos números de Green Lantern (por mucho que se repita últimamente) y parte de la fabulosa 52. Y Dan Jurgens… bueno, a Dan Jurgens se le recuerda principalmente por su larga etapa en Superman , plagada de crossovers, con golpes de efecto como la muerte y posterior resurrección del personaje… todos los tópicos de los 90, uno tras otro.

Se dice que tampoco tenía demasiado margen de maniobra, que los editores marcaban lo que tenía que pasar mes a mes en las colecciones, pero aún así consiguió firmar una etapa razonablemente entretenida, sin más.

Hace varios meses, Panini anunció que iba a sacar un tomo con los primeros números de la serie Thor que firmó este hombre con John Romita Jr. a los lápices. Números que leí en su día (y váyase usted a saber dónde acabaron) me parecieron absolutamente mediocres y olvidables, pero con un Romita memorable. Así que pensé en comprarme ese tomo más como libro de ilustraciones de un artista del que disfruto mucho que como tebeo en sí. Y sale el tebeo en cuestión… y es un tebeo encogido de esos. Y a 16,50€, nada menos.

A ver, que no. Que no me da la gana pasar por formatos reducidos. Si es un tebeo al que tengo muchas ganas y no hay absolutamente ninguna otra alternativa (como ocurrió con el Flash de Mark Waid), pasaré por el aro, aunque sea jurando en arameo. Pero después de una breve búsqueda por tiendas online encontré que toda la etapa de Jurgens en Thor está recopilada en 10 TPBs y perfectamente disponible. ¿Y el precio? Pues sí, los dos TPBs que recopilan más o menos el mismo material que el tomo de Panini salen algo más caros, pero a cambio viene el anual de 1999 y el número 13, epílogo de la historia desarrollada en los 12 primeros números de la serie. ¿Como? ¿Que la edición de Panini está incompleta? Pues sí, la verdad. Aunque tampoco es que el misterio de la identidad de Marnot sea tan apasionante.

Sea como sea, me compré los dos primeros tomos en edición original y a tamaño natural. Y eran exactamente lo que esperaba de ellos: unos tebeos flojos, de escaso interés, pero con un dibujo memorable. Hijos de los 90. Resumiendo, aparecen unos nuevos Dioses muy misteriosos y muy oscuros. Y Thor se los carga a tortas. Ah, y como la dualidad Thor/Donald Blake ya estaba superada, se saca de la manga otro humano al que unir a Thor. Pero total, la etapa con John Romita Jr son sólo cuatro tomos, son taaaaan bonitos… así que con el tiempo acabé picando con los otros dos. Y si la historia de los Dioses Oscuros era floja, lo de los Celestiales del tomo tres y de Thanos en el tomo cuatro están cortadas por el mismo patrón. Sí, efectivamente, todo se resuelve a palos.

Cualquiera ante este panorama habría abandonado la serie para no volver a acercarse a ella, ¿verdad? Pues durante meses así fue para mi. Pero me dijeron que la serie iba mejorando, y que además el nivel gráfico no bajaba con la marcha de JRJR, que entraban Andy Kubert y Stuart Immonen, y que los guiones mejoraban, y que la serie empezaba a ponerse interesante. Venga, démosle una oportunidad más… Y sí, el dibujo sigue siendo una gozada. Pero la historia… Bueno, la historia mejora. Pero hay un problema. Si alguien habla de un tebeo de Thor en el que Malekith el elfo oscuro intenta hacerse con el Cofre de los Antiguos Inviernos, ¿en qué piensas? Un recién llegado puede tener la sensación de que cómo mola, de que han dejado el universo superheroico para centrarse en la mitología nórdica en la que se basa Thor. Yo pienso que esta historia ya nos la contó Walter Simonson hace veintitantos años.

¿Y el siguiente tomo? ¡La muerte de Odin! Jojojo, ¿y qué van a hacer, poner a Balder de rey de Asgard? La verdad es que con Stuart Immonen al lápiz da un poco igual que todo lo que nos están contando suene a conocido. Bueno, más que a conocido, a copia barata. Pero, como dicen, si vas a copiar, copia a los mejores. Al menos aunque estos tomos estén bordeando el plagio de la era Simonson, son entretenidos, no como los cuatro primeros.

Y entonces llega el séptimo tomo, Lord Of Asgard.

La serie que ha sido hasta ahora un portafolio con bocadillos de texto estorbando o un remake de tiempos mejores da un giro inesperado y se convierte en uno de los mejores tebeos que ha sacado Marvel en los últimos 10 años. Así como en su día Walter Simonson se centró en el lado mitológico del personaje dejando un poco de lado el superheroico, Jurgens hace una jugada parecida, reubica Asgard justo encima de Manhattan (presupongo que dando unas vacaciones a Heimdall de su puesto en Bifrost) y se prepara a analizar el lado divino de Thor.

Hasta la muerte de Odin, Thor ha sido más un aventurero que otra cosa. Pero a partir de ese momento, asume las responsabilidades de su padre pero decide ser un tipo distinto de deidad. Así como Odin era un dios distante que dejaba hacer a la humanidad, al estilo del Dios cristiano, Thor no cree en ese modelo. Los hombres han tenido tiempo para evolucionar y ejercer su libertad de forma responsable, pero no lo han hecho, así que el nuevo Señor de Asgard va a tomar un rol más activo en su divinidad. Y de aquí hasta el final la serie deja de lado la acción y se centra en una reflexión sobre la religión y la libertad, con un espíritu más cercano al «Who Watches The Watchmen» de Moore que al tebeo noventero de tortas descerebradas que era unos años atrás.

No creo que todos los tebeos deban ser sesudos estudios sobre el hombre y el superhombre o expresiones exhibicionistas sobre los traumas  y frustraciones del autor. A veces apetece tragarse un Blackest Night con un cuenco de palomitas, pero está bien leer de vez en cuando algo con lo que te puedas dejar el cerebro puesto. Y los últimos cuatro tomos de esta serie cumplen con nota.

Si sólo hubiera dibujado estos últimos tomos Stuart Immonen en lugar de Tom Raney

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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