Hola niños y niñas. Hoy nos enrolamos en el mágico y fantástico mundo de Los Eternos, personajes creados por Neil Gaiman (muy en boga...

Hola niños y niñas. Hoy nos enrolamos en el mágico y fantástico mundo de Los Eternos, personajes creados por Neil Gaiman (muy en boga por el estreno cinematográfico de su cuento de terror Los Mundos de Coraline, película que recomiendo verla en 3D) para el sello Vertigo, de la mano de La Pequeña Delirio (alias Elisa G. McCausland), integrante de Rantifuso, premio al Mejor Fanzine en el último Salón de Barcelona, periodista todoterreno, últimamente vista en el blog Es muy de Cómic de Pepo Pérez, y sobre todo por el Reino Hueco.

He comenzado este relato unas cuantas veces y, en todos mis intentos frustrados, no he dejado de virar hacia lo real y visceral – me ha poseído el espíritu bolañista, como diría una buena amiga-, así que tendrán que perdonarme este formato tan poco periodístico porque, por mucho que haya intentado contenerlo en una formal reseña, se me ha ido por los derroteros de la memoria y la ficción. Recuerdos inventados, a la manera de Vila-Matas, e intervenidos por este presente continuo que renueva el aroma de aquel primer cómic: Muerte, lo mejor de tu vida.

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Mis síntomas adolescentes fueron los mismos que los de cualquier otro tullido emocional de quince años. Me gustaban los mutantes. No lloré con la muerte de Gwen Stacy, ni me tocó esperar la vuelta del Fénix, pero asistí, viñeta a viñeta, a la seducción de Remy Lebeau a una virgen posmoderna. Pícara y Jean Grey eran, junto a la Wonder Woman de George Perez, mis heroínas de cabecera. Eran tiempos turbulentos y en mi educación emocional se daban cita la Patrulla-X, Bola de Dragón, La Princesa Prometida, Expediente X y las piruletas de fresa. En estas estaba cuando cayó en mis manos, fruto de una apuesta estúpida en una mítica tienda de cómics de Madrid, Muerte, lo mejor de tu vida.

Recuerdo que pagué unas setecientas pesetas por un dibujo de trazo amable y una historia de chicas enamoradas que hacen un trato con Muerte, una adolescente, una diosa, una hermana mayor, una excusa narrativa, una vuelta de tuerca mitológica salida de la cabecita de Neil Gaiman. Pero, ¿desde cuándo la muerte se encarnaba en una chavala de aires góticos a lo Siouxsie, navegaba en paraguas y regalaba sonrisas a propios y extraños?

Muerte como Cupido, solo que cobrándoselo en vidas. La versión amable y sin guadaña de Tánatos resulta ser una humanista que disfruta hablando de la vida – memorables las conversaciones que tiene con Hazel camino del confín de las tierras sin sol -. Porque Gaiman nos cuenta por boca de su diosa posmoderna un cuento sobre el miedo al cambio, pero también una historia donde los personajes femeninos, provenientes del arco argumental de The Sandman, «Un juego de ti», componen y enredan una canción para las masas: love will tear us apart (again).

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A partir de la lectura de este cómic – y tras hacer de sus cuentos, recuerdos – nunca he tenido la menor duda de que Gaiman disfruta construyendo mujeres fascinantes, extrañas y, en cierto sentido, subversivas. Para ello no duda en contar con equipos creativos de excepción. En este caso en particular, forma y fondo recayeron en el fiel portadista Dave McKean, Chris Bachalo a los lápices y Mark Buckingham en la tintas (pero también en el dibujo). El trazo blando, amable, diferente de dibujante y entintador vino acompañado de un diseño de página cuidado hasta el extremo. Los detalles en marcos de viñetas y cenefas, aparentemente decorativos, jugaban una baza narrativa interesante y el estilo que después concretaría Bachalo en Generación-X ya se empezaba a intuir en esta miniserie.

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Este fue el principio, el permiso y el descubrimiento de Los Eternos (The Sandman) y su universo expandido (The Dreaming, Lucifer). Ese mismo año me toparía con Muerte, el alto coste de la vida, primera miniserie sobre el personaje, editada tres años antes que, aunque superaba con creces – en dibujo, en argumento, en composición de página – a Muerte, lo mejor de tu vida, no llegaría a calar en mi imaginario personal tanto como esta última. Cosas de la nostalgia.

Y es que, Muerte, lo mejor de tu vida supuso un punto de inflexión, un cambio de rumbo, una puerta de entrada a otra forma de entender el cómic (en especial el cómic yanki). Porque, hasta ese momento, aquella adolescente amante de mutantes y superhéroes no sabía que existía The Sandman, Predicador o Transmetropolitan. La pretendida línea adulta de DC trajo mundos por estrenar. Un cómic, una puerta (camino de Nunca Jamás). Un pedacito de Eternidad.

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Marcos Miguel González "Markitos"

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