Todos guardamos un secreto y Raoul Taburin tiene uno inconfesable. Ha aprendido a disimularlo, pero el peso empieza a ser insoportable. Siempre se ha... El taller de bicicletas (o el secreto inconfesable de Raoul Taburin)

Todos guardamos un secreto y Raoul Taburin tiene uno inconfesable. Ha aprendido a disimularlo, pero el peso empieza a ser insoportable. Siempre se ha entregado en cuerpo y alma a su gran vocación. Si alguien hay que lo sepa todo de cambios de marchas, calapiés, rodamientos de bolas, piñones, cámaras y neumáticos, ese es Raoul Taburin, el dueño del taller de bicicletas del pequeño municipio francés de Saint-Céron. Su reputación es tal que, en toda la región, una bici no es una bici, sino una taburina. Pero Raoul Taburin no deja de pensar en su abrumador secreto… Y es que él, el mejor reparador de bicis del mundo, no sabe montar en bicicleta. Es absolutamente incapaz.

No hay género más difícil de dominar que el de los cuentos para adultos. Un género que transita por el estrecho pasaje entre dos acantilados: el de resultar demasiado infantil, y el de resultar demasiado adulto. En esa fina línea se mueve el gran Sempé como pez en el agua, habiendo demostrado con creces su habilidad tanto para el cuento infantil (con su magistral Marcelín) como para la crítica social (100 dibujos por la libertad de prensa). Por otro lado, su estilo está también a mitad de camino entre el cómic y el relato ilustrado, merced a una prosa ágil, amable y fluida. Pese a esto, el estilo gráfico de Sempé es uno de los más reconocibles de entre la miríada de ilustradores que puebla las estanterías del mundo. Sus acuarelas costumbristas están protagonizadas por personajes apenas esbozados , y con el nivel de detalle justo para que la composición final acabe siendo perfecta. Y sus paisajes son sencillos, apenas unos trazos de plumilla y el toque necesario de color. Quienquiera que haya visitado alguno de esos bucólicos pueblos de la campiña francesa reconocerá automáticamente su inspiración.

taller de bicicletas

En esta obra, Sempé aborda un relato costumbrista ambientado en uno de esos pueblecitos de montaña franceses, donde nunca pasa nada, donde todo el mundo se conoce, y donde sólo ocurren pequeñas historias íntimas que Hollywood nunca se molesta en contar. Aquí tiene su taller de bicicletas el señor Raoul Taburin, el mejor mecánico de toda la comarca, famoso hasta el punto de que una bicicleta allí se llama una taburina. Pese a su gran pericia, el señor Taburin nunca ha sido capaz de montar en bicicleta, lo que le provoca una profunda vergüenza, un secreto inconfesable que mantiene oculto a todos. Imaginad a un ganadero con intolerancia a la lactosa, o un galán de cine como Rock Hudson, que esconde su homosexualidad. Tal es el «secreto inconfesable de Raoul Taburin». Sempé aborda aquí varios temas en un cuento para adultos, como el miedo, la vergüenza, la presión social, la soledad y, sobre todo, el poder redentor de la amistad, temas que ya había incorporado a su cuento infantil Marcelín, y que aquí adapta para el público adulto en un relato cargado de emotividad. Sempé consigue que empaticemos profundamente con el señor Taburin, que se esconde del mundo en su taller de bicicletas, porque todos, al igual que él, guardamos un secreto en nuestro interior. Algo que para el resto del mundo puede parecer una tontería, pero para nosotros es tremendamente vergonzoso. Así, nos identificamos con Raoul Taburin en cada página, desde su infancia en que disimulaba sus caídas con la bicicleta achacándolas a fallos mecánicos, hasta su madurez en la que su relación con el fotógrafo Figougne le hace ver que no es el único con secretos que ocultar.

Jean-Jacques Sempé (o sencillamente Sempé, como firma su obra) se trasladó a un París que siempre le había fascinado con dieciocho años, donde trabajó como repartidor de vino. No obstante, sus ilustraciones estaban llamadas a colonizar las bibliotecas infantiles de todo el mundo, y no tardó en aparcar la bicicleta que usaba para los repartos. Sus primeros pasos como ilustrador vinieron de la mano de revistas y periódicos franceses como Paris Match L’Express, que encontraron en sus caricaturas el vehículo perfecto para la crítica y la sátira social. Sus acuarelas, revestidas de lirismo y aparente sencillez, terminaron por traspasar las fronteras del periodismo galo para recalar en lo literario, y hoy cuenta con más de cuarenta libros a sus espaldas. Mención especial merecen Catherine (Blackie Books, 2014), que firmó con el premio Nobel Patrick Modiano, y las desternillantes peripecias de El Pequeño Nicolás, el personaje que creó junto a René Goscinny y que ha sido traducido a más de treinta idiomas. Pero Sempé es un dibujante maravilloso que también escribe historias maravillosas. Como esta, Marcelín, sobre un niño que no puede evitar sonrojarse. Tal vez le pase lo mismo a su creador, quién sabe, pues en una ocasión aseguró: «Dibujo mis propias debilidades».

taller de bicicletas

Si bien Sempé es inmensamente popular en Francia (se me ocurre a botepronto la analogía con nuestra Pilarín Bayés), en España es apenas conocido por un par de obras, entre las que destacan sobre todo las historias de El Pequeño Nicolás. Y es una lástima que su obra no se prodigue más, puesto que estamos ante un autor que ha sido capaz de alcanzar el corazón de niños y adultos por igual. Este El Taller de Bicicletas, publicado recientemente por Blackie Books, es una de sus obras más emotivas. Tal vez la recuperación de esta obra se deba (o tal vez se trate de una feliz coincidencia) al estreno en las salas de cine francesas el pasado año de su adaptación cinematográfica, que no me suena que haya llegado a nuestro país (aunque curiosamente sí a Colombia, bajo el título La bici de Raoul). Sea como sea, Sempé no es sólo un gran autor a reivindicar, sino que su Taller de Bicicletas es lectura obligada para cualquier adulto que aún conserve su corazoncito de niño y disfrute de un buen cuento.

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El taller de bicicletas (o el secreto inconfesable de Raoul Taburin)
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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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