Que no os confunda el título o la portada, tras El infierno del dibujante no se oculta Paco Roca, sino Kiko da Silva, el... Desde la pila – El infierno del dibujante

Que no os confunda el título o la portada, tras El infierno del dibujante no se oculta Paco Roca, sino Kiko da Silva, el que es ya un clásico de la historieta gallega. Hablamos del individuo al frente del colectivo BD Banda, de la revista Retranca o la escuela de cómic O Garaxe Hermético, el mismo a quien hemos podido ver también en El Jueves, Mister K o Golfiño, donde crearía a Fiz.

Bueno, quitémonos la máscara, en realidad el autor tras El infierno del dibujante no es Kiko da Silva, sino Manuel Pardo, un veterano dibujante de 72 años que lleva en activo desde los tiempo de la Bruguera clásica con una particular maldición: cada vez que tiene una idea, algún otro autor se le adelanta y la publica antes. Le pasó con Mortadelo, con Asterix, Mafalda, Calvin y Hobbes y así hasta esta última vez en 2014, cuando Kiko da Silva se apropió de su diario dibujado y le levantó el premio Castelao de historieta gallega. No creáis que me invento nada. Hay testimonio en redes sociales de Manuel Pardo (desgraciadamente ya fallecido) reclamando lo que era suyo por derecho.

El infierno del dibujante

O bueno, igual en realidad no es del todo así. Me sabe mal destapar la ficción que con tanto mimo e ingenio ha organizado Kiko da Silva, pero es que no tengo ni idea de cómo hablar de lo bueno que es este tebeo (y de toda la deliciosa mentira creada a su alrededor) sin levantar aunque sea mínimamente el telón de cómo maneja la realidad y la ficción para alimentarse entre ellas y a la vez ponerse la zancadilla una a otra.

El infierno del dibujante está planteado como una especie de falso diario o falso documental. Por cada momento histórico o vital de Manuel Pardo, tenemos unas páginas de tebeo con títulos como Mortalelo y Filetón, Lucky Stricke o Malfalada mimetizados con los estilos de Ibañez, Morris, Quino y tantos otros. Sin embargo, por más que sea igual, no es lo mismo. Da Silva consigue un resultado que es a la vez ingenioso y un tanto perturbador. Estamos leyendo un Mortadelo que parece un Mortadelo, suena como un Mortadelo y huele como un Mortadelo, pero no es un Mortadelo. Con un truco argumental bastante cachondo, pone en boca de los personajes temas como la búsqueda de Bin Laden, la gripe aviar, el paro, la corrupción o hasta el Estatut en lo que serían tebeos realizados muchos años antes de que estos sucesos tuvieran lugar. Más allá de soltar un poco de mala leche sobre todos estos temas, da Silva consigue con este recurso hablarnos de esas mentiras con forma de verdad. El infierno del dibujante es una ficción que se hace pasar por realidad para hablarnos tanto de la realidad como de la ficción y de cómo éstas se entremezclan y alimentan. Más allá del ingenio y la gracia con el que está resuelto todo este retruécano de metaficción borgeana, El infierno del dibujante está lleno de amor por los tebeos. Kiko da Silva no se limita a imitar la estética de otros autores sino que se mimetiza en ellos, en su modo de pensar y componer y es por eso que cuando los leemos hablar de la burbuja inmobiliaria a Rompetechos sonando por completo como Rompetechos, es inevitable que el cuerpo se nos quede algo raro.

El infierno del dibujante

64 paginitas con mucho más contenido del que parece a primera vista, con mucho humor, una gran veneración por los tebeos y algún que otro recadito para los que se quejan cuando leen un tebeo que “no les cuenta nada nuevo”.

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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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