En una de las últimas entrevistas que concedió, Richard Matheson decía que era bastante frustrante invertir dos o tres horas en un set de... El hombre menguante

En una de las últimas entrevistas que concedió, Richard Matheson decía que era bastante frustrante invertir dos o tres horas en un set de rodaje para producir alrededor de veinticinco segundos de cinta; ese era un tiempo precioso que podía dedicar a seguir escribiendo.

Nunca he dejado de escribir prosa. Richard Matheson

Gran Maestre de la Convención Mundial de Fantasía, premio Howard, premio Hugo, premio Bram Stoker; un montón de reconocimientos para un autor absolutamente clave en la literatura de terror y ciencia ficción del siglo XX. Influencia y fuente de inspiración para titanes como Steven Spielberg (quien se dio a conocer como director con El diablo sobre ruedas, adaptación de Duel, relato de Matheson), Romero, Anne Rice, Del Toro o Stephen King, quien dijo de él tras su fallecimiento: «Me enseñó el camino»; Richard Matheson, que a la edad de siete años ya empezó a escribir sus primeros poemas y a los catorce su primera novela, es un escritor imprescindible cuya obra es seminal. Costaría mucho visualizar gran cantidad de productos posteriores sin el surgimiento de Nacido de un hombre y una mujer o Soy leyenda. Sin ir más lejos, uno de los fenómenos en cuanto a tebeos se refiere más importantes de este siglo, Los muertos vivientes de Kirkman, que le debe mucho a esta última.

Uno de los escritores más importantes del siglo XX. Ray Bradbury

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El año pasado se cumplían sesenta años de El increíble hombre menguante (1957), adaptación al cine del relato El hombre menguante (1956), cuyo guion fue escrito por el propio Matheson. El año pasado también, el cofundador, director ejecutivo y editor de IDW, Ted Adams, se lanzaba a añadir una nueva adaptación del relato, esta vez en formato cómic, junto con el dibujante Mark Torres. A mediados de enero, Planeta Cómic publicaba en España los cuatro números de que consta el tebeo en un único tomito en cartoné.

Para quien no conozca el relato o no haya visto la película, El hombre menguante nos narra la historia de Scott Carey, un americano medio de mediados de siglo XX, quien estando de vacaciones en barco junto a su esposa, una niebla radiactiva de origen desconocido —detalle especialmente horripilante y cercano en los años de la Guerra Fría— le envuelve sin aparentes consecuencias… en primera instancia. Con el paso de las semanas, Scott se va percatando de que está perdiendo peso y estatura gradualmente. ¡Está menguando!

Escenario costumbrista en el que el horror se hace más y más grande a medida que el protagonista se hace más y más pequeño. Un gato, unas goteras, o ese gran enemigo de lo pequeño representado por la araña, se vuelven mortales, aunque no tan desoladores como la violencia humana, la frustración sexual, o un mundo gigantesco que te rechaza progresivamente y te expulsa de la vida tal y como la conocemos.

El hombre menguante 5

El gran acierto de esta adaptación de El hombre menguante ha sido respetar la obra original, hasta el punto de trasladar gran parte de los diálogos del libro al tebeo sin cambiar ni una coma; así como hacer continuos cambios temporales, pasando del presente de Scott en el que ya es tan pequeñito como una hormiga y tiene que lidiar con las amenazas del sótano de su casa, a momentos del pasado que fueron importantes para el personaje en ese proceso de mengua continua. Para guiar al lector temporalmente, el guionista se vale de unos cuadros de texto en la parte superior de la página, que en vez de mostrar una fecha, van marcando la estatura de Scott en centímetros (pulgadas en el original). Ya sabéis que en la versión cinematográfica el autor optó por un desarrollo lineal, más apto al formato, aunque perdiendo parte de la esencia del libro, ya que al final, la obra deja como reflexión que no importa la escala en la nos movamos, es el mismo universo con conflictos similares; eso se logra entremezclando escenas de la vida de Scott dentro y fuera del sótano.

Me empujaba un instinto, tan primitivo como el de la araña. […] Qué próximos están lo infinitesimal y lo infinito. Scott Carey

Hay otro aspecto de la obra original importante y al que Matheson dio una gran trascendencia a la hora de explicar la creciente mala uva de Scott a medida que el techo de su casa se alejaba: la frustración sexual. En el cómic, Ted Adams recoge varios puntos de inflexión relacionados con este tema, que Richard Matheson en su guion para la película —supongo que por imposición de los estudios cinematográficos de los años 50—  redujo a un mero flirteo de Scott con una chica que trabaja en un circo, tan bajita como él (digo «bajita» porque aunque en el libro se describe como «enana», tanto en la película como en el tebeo, esta chica no tiene los rasgos característicos de una persona con acondroplasia).

Claro que, para mí, esta versión de El hombre menguante también tiene un punto negativo que comparte con la película: en algunas ocasiones la estatura de Scott no parece concordar con lo que el cuadro de texto indica, atendiendo a otras referencias de la viñeta. Recuerdo que lo mismo sucedía en la película cuando se suponía que medía algo más de un metro, y llegaba a la altura de las rodillas de su mujer. Este tema es algo más perdonable en la cinta, ya que tuvieron que hacer virguerías para todos los efectos de escala.

El hombre menguante covers

Minimal

El dibujo corre a cargo del ilustrador filipino Mark Torres, quien además del cómic que nos ocupa, también ha participado en algún otro título de IDW; sobre todo en números de TMNT. Un dibujante que aún no cuenta con mucho bagaje en la industria del cómic, del que destacaría sus composiciones de página, algunas de ellas bastante originales, en aquellas escenas en las que Scott ya es pequeño y lucha por sobrevivir. De esa manera dota de un mayor dinamismo a las escenas de acción, y reserva un grid más cuadriculado y estándar para instantes del pasado del protagonista. Eso está bien. Lo que no me terminan de convencer son las caras y anatomías de los personajes; me parece un tanto irregular a lo largo del tebeo. Sobre todo lo noto en los diferentes rostros de Scott, y en su hija pequeña, que por momentos parece una muñeca de porcelana sin vida.

La conclusión de la historia traslada punto por punto líneas del texto original, y creo que es en este punto donde la fuerza que tiene la cinta en su tramo final, gana sobradamente a sus homólogas en papel. Esos últimos diez minutos de la película son desasosegantes y excepcionales, una rara avis entre sus contemporáneas.

Lo dejo por aquí para quien quiera rememorarlo, pero cuidado para el que no lo haya visto aún. Cómo era eso de…

SPOILER.

En cuanto a la edición, destacar la inclusión de unos cuantos textos en referencia al autor y la obra que están realmente bien, y las portadas originales al comienzo de cada capítulo; unas portadas minimalistas que recuerdan muchísimo a las de Los Proyectos Manhattan de Hickman.

El hombre menguante en su versión en cómic es, en resumen, muy fiel al relato y una buena manera de aproximarse a la obra de Matheson; aunque como suele suceder en estos casos, para el que guste de la lectura sin viñetas, recomendaría pasar antes por el texto original.

Hasta donde alcanzaba la vista, una inmensa zona hostil en el tiempo y en el espacio. Scott Carey

El hombre menguante final

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Jaime G. Rueda

¿Qué decir? Si mezclas las más brutales paranoias de Charles Burns y Brandom Graham te quedas corto para describir la mierda que deambula por mi azotea. Esperad, ¿lo oléis?... creo que se me está quemando la comida. Ahora vuelvo. @Jaime_G_Rueda @elhdlt

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