Desde que a finales del siglo XIX se estrenase la primera película de la historia, el cine ha sido considerado el séptimo arte. De... El cineasta, de Nadar y Julien Frey

Desde que a finales del siglo XIX se estrenase la primera película de la historia, el cine ha sido considerado el séptimo arte. De su historia e influencia no vamos a hablar aquí porque no es el lugar propicio, pero que éste ha servido de inspiración para encauzar la vida de millones de personas sí que nos interesa. Principalmente porque El cineasta nos cuenta la historia de dos personas ligadas a este fascinante mundo: Édouard Luntz y Julien Frey.

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Luntz es un cineasta francés que falleció en 2009. La información que hay de él en la red no es muy exhaustiva. Apenas dirigió cinco largometrajes, además de un puñado de cortos y otros tantos episodios para series de televisión. Sin embargo estamos ante un reputado realizador que ganó el premio de la crítica del festival de cine de Berlín en 1966 por Les coeus verts. Luntz también fue pionero en denunciar la desigualdad de clases que imperaba en el país vecino. Sin embargo, su obra es prácticamente inencontrable hoy en día, y tampoco ha trascendido demasiado. Este hecho también será uno de los puntos fuertes de esta excelente novela gráfica.

En lo que respecta a Julien Frey no solo es el escritor de la obra, también es el protagonista de El cineasta:Un joven guionista de series de animación que un buen día tiene la oportunidad de conocer a Luntz. Aquel encuentro quedó en nada pese a la promesa de una posibilidad de colaborar juntos. Pero esa fugaz reunión provocó que se obsesionara con la obra de Luntz, en especial con una película: Le Grabuge.

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El cineasta cuenta dos relatos que van saltando de capítulo en capítulo. Por un lado tenemos la eterna lucha de David contra Goliat con Luntz como el héroe bíblico y con el productor Darryl Zanuck como el productor que solo ponía pegas al excesivo montaje del director. De hecho, la labor didáctica del tebeo que nos ocupa es enorme pues nos cuenta muchos de los entresijos que existen y que llevan a que muchas veces el producto exhibido en las salas de cine contenga numerosas diferencias con el inicialmente filmado. Y por otra parte veremos la aventura de Julien, que recorre medio mundo (literalmente) entre filmotecas e instituciones persiguiendo ver, cual Ahab a su Moby Dick, Le Grabuge. Una epopeya cuyo final es incierto. Dos protagonistas, dos objetivos, la perseverancia como arma para conseguirlo.

Siguiendo con las tramas paralelas, El cineasta es una historia de viajes. Las casi doscientas páginas que tenemos por delante nos permiten realizar una travesía por la mente de un genio, un director excéntrico al que solo le importa el montaje original de su película, contar su historia como él quería dejando de lado temas tan importantes para el productor como un presupuesto que no dejaba de dispararse (se cuenta que la cinta llegó a costar dos millones de dólares de los de entonces), detalles del rodaje en Brasil, de su enfrentamiento ante cualquier adversidad, superación personal y fidelidad a uno mismo en estado puro.

La aventura de Julien, casi un viaje a los infiernos propio del mismísimo Dante, también es enriquecedora en el aspecto que señalaba unos párrafos más arriba: el poco respeto que a menudo tenemos por el legado artístico. Julien tendrá que trascender las fronteras del país natal de Luntz (que se jacta de tener una de las empresas cinematográficas más influyentes del mundo) para lograr acercarse a su ansiada meta. Así mismo este cómic sirve de vehículo para protestar y denunciar esta situación de desamparo y abandono. Porque ya sea por dejadez de las instituciones, por interferencias de la productora original, cuestiones de derechos o entramados diplomáticos todo parece estar en contra de Julien. Si lo consigue o no lo tendréis que descubrir vosotros leyendo El cineasta.

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Aventura, misterios, humor, pero sobre todo un gigantesco canto de amor al cine. Eso es lo que es El cineasta. Una de las novelas gráficas mejor contadas (pese a los abundantes cambios de escenario y saltos temporales) y más emotivas que podréis leer en mucho tiempo. Un tebeo que no solo hace grande al séptimo arte, sino también al noveno. Un cómic de esos para leer atentamente desde la primera página, terminarlo, cerrar el tomo a la par que los ojos y asentir con la satisfacción que da disfrutar de una pequeña joya.

El dibujo de Nadar sigue en la línea marcada por el autor en sus anteriores obras con su estilo sencillo, si acaso algo más caricaturesco de lo habitual, pero tremendamente expresivo y fluido con el que es fácil meterse en la lectura. Sí, todavía más. La edición de Astiberri tiene la calidad a la que nos tiene acostumbrada la editorial con papel de alto gramaje y tapa dura.

Por cierto, ni se os ocurra saltaros el prólogo escrito por el veterano actor Michel Bouquet. Ideal para conocer mejor a este controvertido director.

 

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Txema Sáez

Fanático sin solución del cómic de superhéroes, del manga, del cine de terror, la literatura fantástica, los videojuegos y más heavy que una lluvia de mercurio al rojo vivo. Como los mejores turrones, he vuelto a casa por Navidad (aunque trece años he tardado).

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