Cuando te acercas a una obra personal de Jeff Lemire sabes, antes incluso de abrirla, que vas a leer una historia profundamente emocional. En... Doctor Star y el reino de los mañanas perdidos

Cuando te acercas a una obra personal de Jeff Lemire sabes, antes incluso de abrirla, que vas a leer una historia profundamente emocional. En la práctica totalidad de la producción de este autor -al margen de las franquicias superheroicas con décadas de publicaciones a sus espaldas-, los sentimientos tienen una importancia clave en lo que el autor quiere contar. Ya sea en historias realistas (Essex County, Un tipo duro), en fábulas postapocalípticas (Sweet Tooth) o en ritos de madurez (Plutona), el objetivo de Lemire no está tanto en contar una historia compleja sino en llegar al corazón del lector. Si además estamos dentro del universo de Black Hammer, como añadido a la carga emocional de la propia historia, vamos a tener un extra en el homenaje a la historia del cómic superheroico que estamos leyendo desde el inicio de esta serie. Y en Doctor Star y el reino de los mañanas perdidos, quinto tomo de este universo publicado por Astiberri, todas estas características están especialmente presentes.

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Al Doctor Star lo conocimos en la búsqueda que Lucy Weber hizo de su padre en Sherlock Frankenstein y la legión del mal, como un más que evidente homenaje a James Robinson. No sólo el personaje compartía nombre con el creador del Starman de los 90, Jack Knight, y un alias superheroico inspirado en él, ahora en su propia serie limitada conoceremos el trasfondo del personaje y su aspecto pijamero y la inspiración queda, si cabe, mucho más patente. Pero no sólo en las gafas, la estrella y el cetro cósmico: también en la esencia misma del personaje.

Si hubiera que elegir al personaje que represente más fielmente la esencia del legado en DC, Jack Knight sería uno de los primeros que nos vendrían a la cabeza. Jack es el hijo de Ted Knight, el Starman original de la Golden Age, y no era él quien sucedería a su padre como portador del cetro cósmico, sino su hermano David, muerto en su primera misión. Así, Jack se vio obligado a aceptar, casi contra su voluntad, una carrera como superhéroe cósmico, lo cual marcó la relación que tenía con su padre.

Pero aunque tome su imagen, no es Jack quien inspira la historia del Doctor Star, sino su padre. Al igual que Ted Knight, James Robinson es un héroe científico de los años 40, miembro del Escuadrón de la Libertad -la versión Black Hammer de la JSA-, que tiene un hijo que le admira como héroe y le idolatra, pero que acabará alejándose de él por ciertos sucesos derivados, precisamente, de su actividad superheroica. Y precisamente es éste el eje de Doctor Star y el reino de los mañanas perdidos: el distanciamento entre padres e hijos, el enfriamiento de una relación cuando se cruzan por medio trabajo, obsesiones personales, o simplemente, la vida.

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En este tomo, Jeff Lemire brilla como cada vez es más habitual en él. Consigue plasmar una historia con varios niveles de lectura sin que quede artificiosa, y escribe unos díalogos emocionales sin parecer forzados, a un nivel que pocos hoy en día consiguen estar. Y también hay que destacar el arte de Max Fiumara, dinámico y espectacular, pero con un cierto toque retro que le va como anillo al dedo a la ambientación en la Golden Age que tiene (parte de) la historia.

Al margen del homenaje a la historia de Starman, de su legado y de su creador, estamos ante unos personajes creíbles, tridimensionales, profundamente humanos. Es una historia que fascinará al lector y a la vez le dejará con el corazón encogido, con la que, a pesar de su superficie superheroica, tiene un fondo en el que prácticamente todo el mundo encontrará algo con lo que identificarse. Y es uno de los mejores cómics que el que suscribe lleva leído en lo que va de año. Pero decir que un Black Hammer está entre lo mejor del año empieza a ser algo habitual, ¿no?

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Doctor Star y el reino de los mañanas perdidos
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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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