Se mire por donde se mire, la vida de Max Faraday es bastante aburrida. El único rayo de luz en la monótona existencia del... Divine Right: Las aventuras de Max Faraday

Se mire por donde se mire, la vida de Max Faraday es bastante aburrida. El único rayo de luz en la monótona existencia del esforzado estudiante y repartidor de pizza a tiempo parcial es su novia Susanna Chaste… y eso que solo la conoce a través de internet. Pero el destino está a punto de cambiarlo todo. Un archivo descargado desde un ordenador hackeado del gobierno ha resultado ser algo más importante de lo que Max o sus irresponsables amigos podrían haber imaginado… y un grupo de personas muy peligrosas está dispuesto a matar para recuperarlo.

Por suerte para Max, su exposición a la llamada Ecuación de la Creación le ha concedido poderes sobrehumanos casi ilimitados. Por desgracia, Max también ha enviado la Ecuación a una desprevenida Susanna, dibujándole, sin saberlo, una diana gigante en la espalda.

Ahora Max y un sorprendente grupo de aliados (incluidos John Lynch, Christie Blaze y Caitlin Fairchild) deberán descubrir los secretos que esconden sus asombrosos nuevos poderes a tiempo para salvar a Susanna. Pero aunque lo consigan… ¿serán capaces de salvarse a sí mismos (y a toda la realidad) de las corrosivas tentaciones del poder ilimitado?

Al hilo de lo que decíamos en la pasada reseña de un volumen del sello Wildstorm, el nacimiento la editorial Image supuso un soplo de aire fresco en el panorama editorial superheroico norteamericano. Sin embargo, algunos de sus artistas estrella intentaron repetir los éxitos pasados, con resultados desiguales. Es el caso de Divine Right, una maxiserie de 12 números (más un par de prólogos y otros dos crossovers) con la que Jim Lee quiso, una ver más, hacer de autor completo, y fracasando estrepitosamente en el intento. Baste decir que, a su lado, sus WildCATS parecen Watchmen.

Max Faraday (hasta el nombre mola) es un joven de veinte años que compagina sus estudios universitarios con un trabajo como repartidos de pizzas, y que vive una vida de lo más anodina, compartiendo piso con su hermana mayor, y con un estudiante de postgrado como mejor amigo. Max también tiene una e-novia a la que aún no ha conocido ni sabe cómo es físicamente, pero que es la única que le ayuda a sobrellevar su aburrida existencia Todo cambia cuando Max se descarga un extraño archivo de internet cuyo código binario se incrusta en su cerebro y despierta en él un poder cuasidivino, que se irá manifestando poco a poco, cambiándole física y espiritualmente, y no necesariamente para mejor. Dos fuerzas antagónicas se disputarán el control del joven Faraday, y con él de su poder, para objetivos contrapuestos. La clásica lucha del bien contra el mal, pasada por el filtro Wildstorm, que introduce ángeles encarnados en cuerpos de hombres hipertrofiados y mujeres con más curvas que un saco de ochos. Operaciones Internacionales, Gen 13 y WildCATS harán acto de presencia en esta historia, para aprovechar la sinergia del universo Wildstorm.

divine right

Divine Right adolece de todo lo que dio mala fama a los cómics de superhéroes noventeros: comomolismo a espuertas, muchas poses, armas y armaduras enormes, tíos cachas y mujeres con curvas imposibles (por increíble que pueda resultar, todas, absolutamente todas las mujeres que aparecen en esta historia, y no son pocas, están cañón). Además, el guion de Lee intenta ser divertido sin serlo. Frases lapidarias y chistes malos adornan una historia del bien contra el mal en la que todo nos suena a visto (un joven cualquiera que de la noche a la mañana se ve imbuido de un poder casi infinito gracias a un artefacto alienígena), y en la que lo único interesante ocurre en los últimos dos números, y gracias a Dios.

Por desgracia, todo lo que resultaba molón, guay y supercool en los 90 ahora resulta basta risible y excesivo. Jim Lee intenta hacer de autor completo fracasando estrepitosamente, con un guion que le viene demasiado grande y que no es capaz de mantener en pie: todo sucede de manera precipitada, con personajes que aparecen en escena a exigencias del guion y de la manera más oportuna y villanos y héroes que cambian de personalidad como quien se cambia de chaqueta. Afortunadamente, es en los últimos números de la historia cuando la cosa toma un giro más interesante y vemos un atisbo de inteligencia en el guion. Sin embargo, este final no termina de salvar una obra que intenta fusionar héroes con mitología y religión, intentando repetir el éxito de WildCATS sin acercarse siquiera.

Tampoco es que el dibujo esté entre los mejores trabajos de Lee. Siendo un autor al que hasta hace poco no se le podían pedir más que splash-pages (su Batman: Silencio fue un descubrimiento), Lee es incapaz de dotar de personalidad a sus personajes, tan inexpresivos como una cuchara de madera. Todo son poses dibujadas para molar, armas enormes, rostros y cuerpos perfectos (es increíble, pero en el Universo Wildstorm todos son altos, guapos y están en forma; es como si fueran mutantes de Marvel). Y claro, al final uno se aburre de tanta pose y tanta perfección, y acaba por no tomarse en serio lo que está leyendo. Tanto que Lee ya apenas se dedica a dibujar a tiempo completo, está más ocupado contando billetes como co-editor de DC Entertainment.

Divine Right es Jim Lee en estado puro, con todo lo que eso conlleva. Un libro lleno de pinups con una historia detrás para darle un halo de trascendencia, pero con menos profundidad que un charco. Un libro que ECC Ediciones ha publicado en tapa dura con todas las portadas alternativas y una galería de bocetos de personajes de Jim Lee. Un material que posiblemente no merezca todo el oropel en el que se le ha envuelto, al tratarse de una obra menor (en todos los sentidos de Jim Lee), y está destinado a ser únicamente material para completistas del autor y el sello Wildstorm.

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Divine Right: Las aventuras de Max Faraday
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Jesús Tomás Dado

Jesús Tomás Dado

Lector de tebeos desde hace 40 años, antes de que se llamaran novelas gráficas. Totalmente enganchado a la lectura, el cine y y los dónuts de Lacasitos, pero vamos, que puedo dejarlo cuando quiera. Los dónuts no, lo otro.

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