Fandogamia acaba de publicar el segundo y último tomo de la obra Diario de intercambio (conmigo misma), de Kabi Nagata, la continuación natural de Mi... Diario de intercambio (conmigo misma)

Fandogamia acaba de publicar el segundo y último tomo de la obra Diario de intercambio (conmigo misma), de Kabi Nagata, la continuación natural de Mi experiencia lesbiana con la soledad, una de las obras que más se comentó del pasado 2018. Con esta vamos a seguir sufriendo con las experiencias vividas por la autora en torno a su vida, sus sensaciones… y su enfermedad. Porque no hay que perder de vista que esta obra es un ejemplo rotundo de patografía gráfica, una muestra en forma de cómic de la vivencia de una enfermedad, contada en primera persona.


La premisa de esta obra es que Kabi ha triunfado con su primera obra, ha recibido un montón de buenas críticas, ha sido un éxito de ventas, los editores siguen queriendo contar con ella… pero la vida sigue. Todo eso no cambia que su familia no sepa en qué está trabajando, ni cómo se siente. No cambia que siga inmersa en un trastorno depresivo creciente, que esté empezando a tener problemas de alcoholismo, y que siga sufriendo un trastorno de la autoestima devastador. De hecho, es una de las cosas que más rechazo me produce cuando veo algunas reacciones en redes sociales: He llegado a leer comentarios tipo «ay, cómo vamos a echarla de menos», «es adorable»… ¡y me parece tremendo! Diario de intercambio (conmigo misma) es una obra muy dura. Durísima. No por ello reduce su calidad, todo lo contrario. Me parece un relato que aporta mucho, muy valiente, y que tiene el interés añadido de mostrar en Occidente cómo es la sanidad y la sociedad japonesa, algo que aquí vamos a ver como si nos estuvieran hablando de algo de otro planeta. Pero no, no es adorable, ni es mona, ni kawaii o cuqui. Es una enferma que sufre, y relata su experiencia, permitiendo a otras personas que pasan por ahí el verse reflejadas en esos síntomas y darse cuenta de que no están solas.

Diario de intercambio (conmigo misma) está contado en forma de cartas escrita por la autora a sí misma (de ahí el título). Nagata sigue sufriendo esa sensación extraña de necesidad de afecto y ahora se da cuenta de que lo que hizo en Mi experiencia lesbiana, de contratar a una escort para encontrarlo se queda corto. Le gustaría sentir afecto real por parte de otra persona y saber qué se siente al ser querida. A eso se le suma una relación muy difícil con su familia, al más puro estilo Perro del Hortelano, de ni contigo ni sin ti. La falta de confianza con ellos hace que oculte su obra a sus padres por el miedo al rechazo. Se plantea escribir esta obra para poder vivir por su cuenta, pero comienza a darse cuenta que debe llegar a su fin y que debe intentar crear una obra de ficción. Es interesante porque, al ser una obra autobiográfica, se plantea reciclar una historia corta antigua que, de hecho, se incluye al final del segundo tomo. Lo más revelador es que incluso esa «obra de ficción» deja ver las mismas inquietudes y los mismos temas que en esta autobiografía.


Lo que sí me ha gustado al ver esta historia corta (La melancolía de Chika) es el dibujo de Nagata, con un estilo mucho más cuidado, detallado… y constante. Otra de las cosas que más me ha llamado la atención de esta obra es cómo su estilo ha ido sufriendo altibajos en los momentos de subidón (los menos) o de bajón emocional, ganando o perdiendo detalle a través de aspectos muy sutiles pero que se encuentran si estás atento. Y es que, como hemos comentado en alguna otra reseña de obras que giran en torno a la salud mental, es un terreno en el que el cómic funciona especialmente bien. La facilidad con la que se puede usar el simbolismo gráfico para representar sensaciones permite comprender mucho mejor algunos síntomas que son ajenos a aquellos que nunca los han vivido. Nagata los explota tremendamente bien.

Entrando ya en detalles más específicos del contenido, sin duda una de las cosas que más llamará la atención a los lectores, es ese sistema japonés de internamiento voluntario en una institución psiquiátrica.En Japón hay ingresos voluntarios e involuntarios. Si estás atravesando un episodio depresivo o cualquier otra enfermedad mental, puedes preguntar si hay habitaciones en un centro psiquiátrico. Si tienen, te entrevistas con el psiquiatra del centro para que valore si puede ser beneficioso y está indicado el ingreso, y de ser así, ingresas y te hacen tus revisiones y te tratan… pero incluso aunque te recomienden estar un período concreto, te puedes ir cuando quieras. Recuerda un poco a los centros de desintoxicación, pero es de las cosas más llamativas de la obra.


En definitiva, Diario de intercambio (conmigo misma).

Una obra muy potente a la par que dura. Si Mi experiencia lesbiana con la soledad se centraba más en ese despertar de la orientación sexual de la protagonista, dejando entrever síntomas de un trastorno psiquiátrico de fondo, aquí diría que sucede lo contrario. Diario de intercambio (conmigo misma) se centra más en la enfermedad de la protagonista, pero sigue mostrando esos problemas de afectividad que, en el fondo, están condicionando la evolución de su enfermedad. Pero, ojo, por mucho que leáis por ahí, no es una obra amable ni divertida. Vamos a ver a una chica sufrir mucho, llegar a autolesionarse, volcarse en el alcoholismo… y darnos la impresión de que un simple abrazo cambiaría muchos de esos síntomas de su depresión. Dura como la vida misma, pero muy muy recomendable. Un ejercicio sincero y valiente de una autora interesante. Ah, y para no quitaros las ganas por el miedo al tono triste… con un final optimista y «feliz».

Lo mejor: Lo dura y sincera que resulta. Lo bien que utiliza el elemento gráfico para transmitir algunos síntomas «abstractos».

Lo peor: Lo mal que te puedes llegar a sentir viendo por lo que pasa la autora/protagonista.

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Diario de intercambio (conmigo misma)
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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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