Son decenas los motivos por los que Jirō Taniguchi es ya parte de la historia de los cómics. Probablemente sea el más importante de... Desde la pila – Seton 1 al 3

Son decenas los motivos por los que Jirō Taniguchi es ya parte de la historia de los cómics. Probablemente sea el más importante de entre los autores que adscribiríamos a aquella corriente llamada Nouvelle manga de principios del presente siglo. Pero más allá de esto, durante sus casi 50 años de carrera hizo prácticamente de todo: Ciencia- ficción, género negro, histórico, western o incluso tebeos de artes marciales, pero recordaremos al maestro fundamentalmente por dos grandes pilares temáticos en su obra. Tal vez el primer puesto quede para sus historias costumbristas de corte íntimo y contemplativo, como El caminante, Barrio lejano o El almanaque de mi padre, pero no podemos obviar que Jirō Taniguchi era un apasionado de la naturaleza, cosa que nos dejó bien clara en obras como K, La cumbre de los dioses, Blanco o este Seton.

Seton

Estamos ya ante una obra de 2005 (2007 en España), ante un autor completamente maduro que ya nos había dejado algunos de los títulos más importantes de su carrera y funcionaba como autor completo. Sin embargo, Seton es una rara avis y para contar esta particular versión de la biografía del naturalista británico Ernest Thompson Seton (1860-1946), se hace acompañar de Yoshiharu Imaizumi a los guiones, un personaje ajeno al manga, pero una autoridad en lo que se refiere la figura de Seton. Otro motivo por el que estamos ante una obra peculiar es porque quedó inconclusa por parte de Ponent Mon a falta de un solo tomo y es que parece ser que Taniguchi no siempre funciona en ventas.

En cualquier caso, lo que vamos a encontrar en Seton debería quedar claro si partimos de que el autor es Taniguchi y tenemos una idea de quién fue este escritor y pintor pionero en el tratamiento de la naturaleza y los animales. No elegirán Imaizumi y Taniguchi, no obstante, la opción de una semblanza completa y lineal, sino que escogerán un pequeño número selecto de episodios en la biografía de Seton. Cada tomo se centrará en un momento concreto de la vida del naturalista con un orden más orientado al acercamiento emocional al personaje y su mundo que a la propia cronología.

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Así arrancaremos con un Seton adulto, cercano a la cuarentena, en el momento en el que conoció a Lobo, la imponente criatura que le llevaría a escribir Lobo, el rey de Currumpaw. Nos vamos a Nuevo México para descubrir una manada que diezma los rebaños, liderados por un ejemplar de lobo de fuerza e inteligencia excepcionales. Este primer tomo se convertirá en un a suerte de Moby Dick mucho más serena que nos acerca a la figura de Seton y la majestad mística y divina de la naturaleza.

Saltaremos a las cataratas Fenelon en Canadá y casi 25 años atrás para contarnos un episodio que convertiría al niño en hombre. Dos historias transcurren en paralelo y sin embargo se cruzan. Por un lado, presentan el pulso por sobrevivir de una madre lince que ha de alimentar a sus cachorros en una época de escasez. Por el otro, la desventura de Seton por salir adelante en una cabaña en medio del bosque con toda una familia enferma de fiebre cotidiana. Asistiremos también mediante flashback a los tiempos en los tomó como mentor a William Brodie y es que este segundo tomo se centra en aquellos momentos en los que Seton comenzaba a escuchar a la naturaleza.

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Terminaremos en 1882 en Manitoba, Canadá, con otro majestuoso coprotagonista: el ciervo que le llevaría a escribir The trail of the Sandhill Stagg. Es éste el momento en que Seton se construye como naturalista y es que asistimos a su formación en dos frentes. En forma de flashback, asistiremos a sus años en la Royal Academy of Arts de Londres, su encuentro con el pintor Joseph Wolf o su descubrimiento de la obra de Henry Thoreau. Pero también seremos testigos de su acercamiento a la cultura indígena norteamericana a través de la figura de Chaska o al momento en el que la propia naturaleza parece revelarse ante él de un modo casi religioso.

Desgraciadamente, nos falta en España un cuarto tomo que nos llevaría al bosque de Tallac, donde su encuentro con los osos le llevaría a escribir la obra que inspiraría la mítica serie de animación de Jackie y Nuca, con la que muchos crecimos.

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Hay un cierto tono pedagógico en Seton. Todo está explicado con detalle y detenimiento, casi para niños. Sin embargo, hay algo más en Seton que presentarnos su visión de la naturaleza y la cultura nativa norteamericana y es que cierto modo no basta con comprenderlo, sino que hay que sentirlo. Y aquí es donde entra Jirō Taniguchi. Más allá de ese estilo de línea tenue, mancha infrecuente y minucioso trabajo de tramas (mecánicas y manuales), el maestro de Tottori vuelve a obsequiarnos con un desfile de planos abiertos, panorámicos y con abundancia de aire o multitud de picados que nos convierten en serenos observadores. Probablemente no haya ningún otro autor en el mundo capaz de transmitir en dibujos lo hondo y espiritual de lo contemplativo como lo hace Jirō Taniguchi.

Para contar la vida de este naturalista, Taniguchi pone en común su faceta pegada al realismo histórico, de obras como La época de Botchan, con la visión romántica de la naturaleza de K o La Cumbre de los dioses. Tal vez no sea su obra más recordada, pero esto es Taniguchi por los cuatro costados.

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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

  • Javier Nostromo

    26 mayo 2020 #1 Author

    Y yo tan tranquilo creyendo que tenía Seton completo… Gracias por el artículo, hay que reivindicar a Taniguchi san como se merece. Para mí es inigualable.
    Saludos

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