No hace demasiado se anunciaba una nueva clasificación por edades para todo el catálogo DC con cancelaciones de líneas tan míticas como Vertigo. En... DC Comics/Young Animal: Las Guerras Lácteas

No hace demasiado se anunciaba una nueva clasificación por edades para todo el catálogo DC con cancelaciones de líneas tan míticas como Vertigo. En el comunicado oficial no se hacía ninguna referencia específica a Young Animal e incluso se ha relanzado en USA la Doom Patrol en julio manteniendo el sello, pero quién sabe si tal vez podríamos perderlo pronto. De ser así, estas Guerras lácteas serían casi un canto de cisne para el sello capitaneado por Gerard Way.

DC Comics/Young Animal: Las Guerras Lácteas

El que fuera cantante de My Chemical Romance (que aún continúa en activo en solitario) sería la cabeza visible al frente del sello Young Animal de DC cuando fue fundado en 2016 y trataría de convertirlo en abanderado de lo extraño, de lo extravagante. No en vano la vanguardia de Young Animal recae en Doom Patrol, serie recordada especialmente por la etapa que escribió Grant Morrison, del que casualmente Gerard Way es admirador y amigo. Young Animal nacía como una especie de línea Vertigo para esos adultos incipientes con los que Vertigo tal vez ya no podía conectar. Del mismo modo que aquellos veinteañeros descubrieron Vertigo, resultaba razonable pensar que hacía falta un sello para aquellos que en 1993, cuando fue fundado, ni siquiera habían nacido.

Por eso sorprende cuando nos encontramos una historia como DC Comics/Young Animal: Las Guerras Lácteas, un crossover en toda regla. Es más, un crossover entre los personajes de Young Animal con la Liga de la Justicia (bueno, y con la Cosa del Pantano, pero tal vez no nos resulte tan tan alejado). Este tomo reúne cinco especiales, siendo los centrales los de arranque y fin, dedicados a Doom Patrol y JLA, y actuando los centrales a modo de tie-ins, con Mother Panic y Batman, Shade y Wonder Woman y, por último, Cave Carson con la Cosa del Pantano.

DC Comics/Young Animal: Las Guerras Lácteas

Aunque no es del todo absolutamente imprescindible, sería bueno llegar aquí habiendo leído los dos tomos de Doom Patrol de Way y Derington, dado que el gran villano es la corporación Retconn, cuya trama heredamos de esta serie. En Las Guerras Lácteas parecen motivados a vender Tierra Prime a un viejo conocido de los tiempos de la JLI y para eso usarán la leche para eliminar cualquier rastro de anormalidad y convertir Happy Harbor en una especie de estampa rockwelliana repleta de americanos patriotas temerosos de dios y complacientes esposas, con la particularidad de que algunos de ellos son los integrantes de la Liga de la Justicia. Aun con todo, ya sabemos que si la Doom Patrol anda por ahí, las cosas no serán del todo normales e iremos descubriendo un plan en el que se verán implicados otros personajes como Mother Panic, Shade o Cave Carson.

A partir de aquí todo lo que nos ofrece Las Guerras Lácteas alterna una de cal con otra de arena. Tenemos por un lado ese canto a la heterogeneidad y la extravagancia que luce como emblema Young Animal, pero tampoco terminan de darle un rumbo más allá de oponerlo a la normalidad, el gran enemigo. Además en esta ocasión ni tan siquiera las rarezas son tan locas como para impactarnos hasta el punto de no buscar si hay algo más allá de ellas.

DC Comics/Young Animal: Las Guerras Lácteas

Tenemos por otro lado un discurso meta sobre los relanzamientos y los personajes como ideas de marca sujetos a los caprichos del momento, pero como idea tarda en arrancar y sobre todo, no cohesiona bien con el resto de la historia hasta un final donde se hace encajar como tirando de las cuerdas de un corsé con un pie en la espalda..

La misma heterogeneidad que reivindica le hace un flaco favor sin un objetivo o estrategia y quizá el cambio de autores podría haber servido dentro del metadiscurso y no únicamente como utilitarismo editorial. Las Guerras Lácteas está repleto de buenas ideas que caminan cada una por su lado en una historia cuyos aciertos nos hacen soñar la maravilla que podría haber sido de estar mejor planificada.

La estructura de crossover tampoco le sienta bien y toda la zona central aporta bastante poco, más allá de presentar las versiones de Batman o Wonder Woman con un cierto discurso crítico sobre lo normativo, pero tampoco excesivamente sofisticado y casi rodeado de algodones para que para que no se pierdan esos jóvenes en los que se confía menos que en aquellos vertiginosos 90.

DC Comics/Young Animal: Las Guerras Lácteas

La longitud de la obra tampoco termina de jugarle una buena pasada a Las Guerras Lácteas. Con unos números de apertura y cierre, que son sin duda impecables, una parte central más breve habría conseguido más eficacia y menos redundancia.

Y es que es también en estos especiales de apertura y cierre donde el apartado gráfico brilla con esa luz que podría haber convertido Las Guerras Lácteas en un tebeo de primer nivel. A decir verdad todo el tomo guarda un nivel de calidad gráfica nada desdeñable y nombres como Langdon Foss, Mirka Andolfo, Sonny Liew o Ty Templeton sobrepasan de sobra lo correcto, pero es que en las tapas de este sandwich tenemos a un espectacular Dale Eaglesham, a esa gran revelación del sello Young Animal que ha sido Nick Derington y, sobre todo, un ACO que parece haber nacido para dibujar esta historia, capturando el espíritu de extravagancia pop como ninguno de sus compañeros y haciéndonos fantasear con lo que podría haber sido una historia dibujada por él con el mismo tronco, pero ajena a maniobras editoriales.

Los tiempos han cambiado y los nuevos adultos no son iguales que los de hace 25 años. Sin embargo, Young Animal parece estar lejos de ser ese pilar creativo que no solo conectaba con los tiempos, sino que nos ofrecía algunas de las mejores ideas jamás paridas en el cómic norteamericano. Aún está por ver qué será de Young Animal, pero no parece que fórmulas editoriales como los crossovers sean la solución.

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DC Comics/Young Animal: Las Guerras Lácteas
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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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