La resaca del Saló ya ha pasado, y podemos echar la vista atrás en frío y ofreceros esta reseña tan subjetiva como rebatible. Y...

La resaca del Saló ya ha pasado, y podemos echar la vista atrás en frío y ofreceros esta reseña tan subjetiva como rebatible. Y es que cada uno opina sobre el Saló según le ha ido, o según sus expectativas.

En nuestro caso, ha sido un Saló agridulce, de entretiempo, de sensaciones encontradas. Por un lado las exposiciones y las charlas han sido magníficas, sobre todo las dedicadas a los zombies, a los cómics de Tarzán y al cómic europeo (pese a la baja calidad de las reproducciones). Por otro lado, el descenso cada vez más acuciado de tiendas de cómics y el aumento como contrapartida de otro tipo de stands que poco o nada tienen que ver con el cómic (¿un stand de Maggi? ¿qué será lo próximo, uno de Clearasil?).

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Además, este año se ha notado la falta de dibujantes de primera fila. Charlie Adlard es el dibujante mediático de moda, pero no es una estrella que atraiga a toda una legión de fans, como pudieron ser Jim Lee o Mike Mignola en años anteriores. En cambio, los guionistas Kurt Busiek, Garth Ennis y Brian Azzarello, pese a no formar largas colas de firmas, aportan relumbrón a un Saló por lo demás falto de lustre.

Podríamos decir que todos los Salones siguen cada año la misma estructura: tiendas, stands de editoriales que hacen la competencia (desleal) a las tiendas, puestos de chucherías, la zona de fanzines (territorio hostil)… Lo que diferencia a un Saló del del año anterior son básicamente las exposiciones, las conferencias y los autores invitados. Y los pequeños detalles:

El año pasado Koomic estaba en pañales. Este año se han lanzado a lo grande, y por lo que me contaba mi compadre Alberto Benavente, es un trabajo tremendamente duro, pero que parece estar dando su fruto.

Cada vez hay menos stands de librerías. Tiene sentido, porque no hace ninguna gracia montar un stand para vender tebeos cuando tienes al lado los stands de las editoriales, mucho más grandes y con grandes carteles a la vista. Así pues, las librerías tienen que diferenciarse, vendiendo merchandising o cómics atrasados. Además, a una semana del Día del Libro, donde las ventas suelen hacerse con un 10% de descuento, muchos clientes prefieren esperarse y hacer sus compras ese día.

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¿Dónde estaban Panini e Ivrea? De Panini sabemos que es debido a “un problema de filosofía”, y es que hasta el año pasado era la única editorial que no vendía directamente en el Saló, limitándose exclusivamente a la presentación de sus novedades y a traer autores para sesiones de firmas.

Las ventas han bajado, confirmado por libreros y autores. Según FICOMIC, se han alcanzado los 100.000 visitantes, igual que años anteriores, pero las ventas han sido inferiores. ¿La crisis? ¿La falta de ofertas interesantes? ¿Escasez de novedades? Cada uno puede sacar sus propias conclusiones.

Por nuestra parte, como medio acreditado, apenas tenemos quejas de la organización del Saló. Si bien hubo los inevitables retrasos en las entrevistas (Garth Ennis nos tuvo más de media hora esperando), otros autores, como Glen Fabry, demostraron un comportamiento muy poco profesional al no presentarse a las entrevistas concertadas. ¿El motivo? Las borracheras que se agarraba, y que pudimos contrastar el sábado a la noche en el bar del Hotel Plaza, donde dio abundantes muestras de hallarse bastante “intoxicado”. Otros autores, como Ennis y Johnson, acudieron a las entrevistas algo resacosos, pero al menos hicieron acto de presencia. Y Eddie Campbell directamente no concedió entrevistas.

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Otro tema peliagudo es el de las sesiones de firmas. Las editoriales desembolsan elevadas sumas de dinero para traer a los autores de las obras que publican, con el fin de incentivar las ventas de éstas. Y lo lógico sería esperar que en las sesiones de firmas el público trajera estas obras. ¿Pero qué ocurre cuando los tebeos que trae el público son de otra editorial? Pues es lo que le ha pasado a Astiberri con Eddie Campbell. La mayoría de los asistentes a las sesiones de firmas de Campbell traían su From Hell para que se lo dedicase, y Astiberri se oponía a esto, diciendo que Campbell sólo firmaría tebeos publicados por la editorial. Y claro, de ésos se han vendido pocos, y el pobre Campbell no tenía mucho que firmar.

Como le ocurrió a Garth Ennis en el foro de la FNAC. Viendo las colas que tenían los dibujantes, y que él se aburría como una ostra, se marchó a los 45 minutos de empezar su sesión de firmas. Se rumorea que al bar.

Gran éxito tuvieron los discretos stands dedicados a las nuevas películas de Transformers, Capitán América y Thor, donde los visitantes pudieron inmortalizarse posando con el Camaro amarillo (yo es que soy más del Beetle), el escudo y el martillo, respectivamente. Sueños frikis que, por fin, más de uno pudo cumplir. Por el contrario, el enorme stand dedicado a X-Men: Primera Generación se limitaba a proyectar continuamente el trailer de la película y a sortear un casco de Magneto mediante la introducción de unos números al azar en una pantalla táctil. Sospechamos que, para mantener el interés de los visitantes durante todo el Saló, el regalo no se otorgaba por acertar la combinación ganadora, sino que saldría poco antes de finalizar el evento. Eso sí, regalaban pins a diestro y siniestro.

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Por otro lado, DC parece no prodigarse demasiado a la hora de promocionar sus películas. Tan sólo un pequeño stand en el que merchandising de la película de Green Lantern, que compartía sitio con la última de Harry Potter. Y sólo de exposición, nada a la venta. Parece que tienen asumido que este año no podrán competir con los superhéroes marvelitas, y están reservando sus fuerzas para las próximas entregas de Superman y Batman.

En resumen, otro Saló, otros cuatro días de cómics, cine, reencuentros con amigos, frikismo, zombies, cosplay (afortunadamente este año ha habido poco), autores y muchas, muchas buenas viñetas. El año que viene será el trigésimo Saló del Cómic de Barcelona. Esperamos que hagan una celebración a la altura del aniversario.

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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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