El uso de la retrocontinuidad para revelar (o revisar) pasados ocultos de personajes oscuros es un arma de doble filo. Puede resultar en convertir un...

El uso de la retrocontinuidad para revelar (o revisar) pasados ocultos de personajes oscuros es un arma de doble filo. Puede resultar en convertir un personaje plano en otro más profundo o puede ser una chapuza que nos haga mirar hacia otro lado avergonzados. En el primer caso, podríamos hablar de Puño de Hierro (donde se nos revelaba que había habido toda una línea de personajes anteriores a Danny Rand con ese título), La Cosa Del Pantano (no creo que haga falta explicar de nuevo Lección De Anatomía) o el Sandman de la Golden Age (que vimos que había sido inspirado por el mismísimo Señor de los Sueños). Como retcons absurdos tuvimos la brillante idea de convertir a Power Girl en la nieta de Arión, lo de que Rondador Nocturno fuera un semidemonio o, en general, la sarta de parches (je), uno sobre otro, que es el origen de Lobezno, llegando a su punto álgido en el momento en el que plantearon que Logan no era humano, que pertenecía a una especie que había evolucionado de los lobos. Shame on you, Jeph Loeb.

Pero también hay otro tipo de historias de retrocontinuidad. Esas que dan color al personaje, que no hablan de su faceta heroica (o villanesca), sino del ser humano que hay detrás. Las historias de Clark Kent en la granja de Kansas, la poderosa escena de Scott y Alex Summers en el paracaídas o las series de Emma Frost, Punisher: Nacimiento o Lobezno: Origen. Y más recientemente, dos obras complementarias de Greg Pak, Magneto: Testamento y la que hoy nos ocupa, Cráneo Rojo: El Mal Encarnado.

craneo rojo

Digo complementarias porque están ambas ambientadas en la misma época cronológica, aunque en situaciones opuestas. Magneto: Testamento nos contaba la historia de una víctima de la barbarie nazi, de alguien cuya humanidad fue sistemáticamente pisoteada por su raza, por nacer como nació. Como ya comentamos la semana pasada, precisamente éste es el trasfondo de Magneto (y, en general, toda la línea mutante) desde sus orígenes.

En cambio, Cráneo Rojo está en el otro lado.

En la sociedad desquiciada de la Alemania del Periodo de Entreguerras, conocemos a un huérfano llamado Johann Schmidt, del que sabemos que acabaría convirtiéndose en hombre de confianza del mismísimo Adolf Hitler, elegido personalmente por el infame Führer cuando era un botones. Y no es la historia del ascenso en las filas del nazismo de Schmidt lo que nos cuenta este El Mal Encarnado, ni siquiera su conversión de oficial nazi en el supervillano Cráneo Rojo. No, es la vida del joven Johann desde sus últimos días en el orfanato hasta el momento en el que viste finalmente el uniforme nazi. Un camino por el que se encontrará con nazis, judíos, ex compañeros del orfanato, comunistas y miembros del crimen organizado, y en todo momento el futuro Cráneo intentará utilizar a todo el que se cruce con él para conseguir sus fines. No estamos, por tanto, ante una historia de alguien que va siendo degradado moralmente por un entorno inhumano, que era lo que yo me esperaba encontrar. Cráneo Rojo es alguien malvado por naturaleza, el mal encarnado que nos dice el título. En cierto modo, sobre todo viendo la sorpresa de las páginas finales, cambia la historia pasada del personaje, pero a la vez es compatible con lo previamente conocido.

Gráficamente, el trabajo de Mirko Colak es correcto, sin más.  No llega al nivel de Carmine Di Giandomenico en Magneto, pero cumple. Eso sí, las portadas de David Aja son simplemente espectaculares.

No es una obra tan redonda como Magneto: Testamento, en la que la persona en la que se convierte el joven Max Eisenhardt es la consecuencia de toda una experiencia vital, no justificable pero sí comprensible. En la obra que hoy nos ocupa, en cambio, el mal ya ha estado ahí siempre, haciendo quizás que el personaje sea más plano. Aunque estando escritas ambas por Greg Pak, podemos considerarlas como dos caras de una moneda, y ver en ellas una reflexión sobre los orígenes del mal. Como decía Neil Gaiman en The Sandman, «while some may fall, others are pushed».

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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