Indiscutiblemente los tiempos han cambiado. Ya no es necesario mirar a los ojos a una persona para enamorarte de ella (¿o sí?), gracias al... Como peces en la red

Indiscutiblemente los tiempos han cambiado. Ya no es necesario mirar a los ojos a una persona para enamorarte de ella (¿o sí?), gracias al poder de las redes sociales. Te permiten entablar relación con otras personas, conocerlas e incluso llegar a despertar sentimientos por ellas. Lo que no ha cambiado es la necesidad humana de la empatía con sus iguales, de sentirse querido, escuchado y especial para otros. Y de eso habla Como peces en la red, el último trabajo de Juan Álvarez en Nuevo Nueve, al que muchos conocemos fundamentalmente por su tira Los mendrugos en la revista El jueves, y que nos presenta uno de sus trabajos más intimistas hasta la fecha.

A decir verdad, no estoy de acuerdo al cien por cien con la introducción de Jaume Vidal (el libro incluye otra a cargo de Rayco Pulido) en la que dice que el autor se enfrenta a un cambio de registro por la extensión de la obra y la pérdida de ese tono sarcástico y casi paródico de su tira en la veterana revista. Es cierto que el tono es diferente, pero se siguen reconociendo algunos puntos muy característicos, más allá de ese estilo gráfico tan sencillo como expresivo, como los sentimientos de los personajes y la dificultad para compartirlos con otras personas.


Como peces en la red nos cuenta la historia de Anna y José, dos personas de mediana edad que se han conocido a través de redes sociales y que han empezado a sentir una conexión especial. Anna está atrapada en un matrimonio con un hombre amigo de las barras de bar y que no la valora como merece; y con unos hijos que tampoco facilitan el día a día de la mujer. José arrastra un trauma reciente y lleva una vida mucho más tranquila. Para complicar aún más la relación, uno vive en Gran Canaria y la otra en Barcelona.

Cuando hemos visto otras historias de este tipo, los autores se han tendido a escudar en unas características atractivas para el lector/espectador, bien sean un atractivo físico, un trauma o trastorno psíquico que plantea un reto a la pareja, una profesión exótica o incluso una ambientación que invita a soñar. Son los casos de obras como Los puentes de Madison County, La pasión turca o El príncipe de las mareas. Pero Juan Álvarez es más valiente… a la par que inteligente. Esas otras obras pueden invitarte a soñar, pero tienen un componente de ficción con la que es más difícil sentirse identificado. Sin embargo, los Anna y José de Como peces en la red son personas reales. Difícilmente os va a costar pensar en vuestros conocidos y encontrar alguien muy parecido a ellos. Son gente de carne y hueso, con problemas cotidianos y que entiendes lo susceptibles que son a «querer enamorarse».


Además esta obra no juzga la realidad de ese amor. No se permite opinar sobre si esos sentimientos que nacen a raíz de sentirse escuchado y apreciado, de tener alguien en la que volcar tus preocupaciones, tiene una base real o si es un castillo de naipes que en cualquier momento se puede venir abajo. En su lugar, reflexiona sobre la necesidad que tenemos de un contacto social más allá de las inercias familiares y del peligro de la rutina y lo fácilmente que puede convertirse en hastío.

Y lo hace con delicadeza, con muchísima habilidad narrativa, saltando entre pasado y presente y construyendo ambas historias con agilidad y manteniendo el interés. Se apoya además en ese dibujo sencillo, de mujeres de caderas anchas, como las del mundo real, y hombres con barriga. A pesar de la simpleza de un trazo con el que prácticamente aboceta los personajes, y sin el color de su inseparable Jorge G., es capaz de mostrar expresiones, construir personajes tridimensionales, y tirar de recursos visuales como zooms que van ganando o perdiendo en detalles, simetría entre lo que sucede con los personajes o metáforas visuales.


En definitiva, una obra intimista que, si te aproximas a la edad de los protagonistas seguro que despierta algún que otro recuerdo o evoca alguna sensación cercana a la de ellos. Seguramente esta obra no llame la atención de esas listas de obras destacadas del mes e incluso corre el riesgo de pasar algo desapercibida, pero cometeríais un error si no le echáis un vistazo y os dejáis arrastrar por la propuesta de uno de los autores españoles con más oficio de su generación.

Lo mejor: Lo bien narrado que está.

Lo peor: Tengo la sensación de que no va a captar la atención que merece.

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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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