Declan Thomas, el antiguo paciente de un manicomio que fue destruido por un incendio, tiene la extraña habilidad de entrar en la locura de... Colder. Edición Integral

La temperatura corporal de Declan Thomas cae un poco cada día desde que el manicomio en el que estaba recluido fue arrasado por un incendio. Además, Declan posee una extraña habilidad: es capaz de entrar en la locura de otras personas y, a veces, curársela. Su esperanza es llegar a curar la suya algún día, pero tiene poco tiempo, porque un depredador demoníaco le persigue.

Colder ha sido uno de los cómics independientes más esperados por los adicionados españoles desde su publicación por la editorial Dark Horse en los EEUU. Es por ello que el lanzamiento de sus tres miniseries en nuestro país por parte de Medusa Comics fue acogido con gran entusiasmo, tanto que ahora han sacado el tomo recopilatorio que engloba toda la colección para deleite de los lectores. Y es que a mí, como a la gran mayoría de los que quedaron enganchados por este magnífico cómic, me sedujo la portada, tan hipnótica y repulsiva a la vez, y me enamoró el contenido. Lo mismo le pasó a mi compañero Alejandro, que ya reseñó hace años los TPB USA, y cuyas opiniones podéis leer aquí sobre los tomos 1, 2 y 3.

Y mira que a mí el género de terror… meh. Aparte de la media docena de novelas de Stephen King que he leído no ha habido nada que me llamara la atención. Y es difícil que una película me dé algo más que un par de sustos (la mayoría predecibles, que uno tiene ya muchos tiros pegados). Pero con este Colder he experimentado algo nuevo. Me ha hecho asomarme al abismo de la locura, me ha hecho sentir incómodo, me ha causado inquietud… y eso es algo que no es fácil de conseguir. Producir estas sensaciones en un cómic no es tarea fácil, pero Paul Tobin y Juan Ferreyra lo logran a la perfección, produciendo un cómic de terror perfecto en todos los sentidos. Hablemos ahora de cada una de las miniseries.

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Seguramente habrá quien diga que el guionista Paul Tobin bebe demasiado… de Stephen King, o que su personaje Nimble Jack no es más que una mezcla entre el Joker y Freddy Krueger, pero lo cierto es que el cóctel de influencias e inspiraciones ha creado justo lo que la historia necesitaba: un villano realmente terrorífico, aparentemente indestructible y muy, muy hambriento. Porque al final, la premisa de la primera miniserie se reduce al hambre, el instinto más básico del ser humano junto con el miedo. Nimble Jack tiene hambre, hambre de cordura, y su forma de saciarla es volver locos a los habitantes de Boston. ¿No os habéis preguntado nunca cómo llegan a perder la cabeza los psicóticos, los esquizofrénicos, etc? Aquí tenéis la respuesta: son víctimas de Nimble Jack. Y Declan Thomas es el loco que se le escapó en el incendio de un manicomio hace 70 años, el que recuperó su cordura y se alimenta justamente de lo opuesto: de la locura de los otros. Pero cada vez que cura a uno de estos enfermos su temperatura corporal disminuye, de ahí el título de la obra y su tono de piel cianótico.

Paul Tobin (Hora de Aventuras Comics, Bandette) se desmarca del género infantil y juvenil al que nos tenía más acostumbrados últimamente para marcarse una historia de terror con tintes de thriller psicológico, en el que sondea los límites y los orígenes de la locura, y las duras consecuencias que puede acarrear para las personas. Declan encuentra gente a la que curar en parques, asilos, deambulando por las calles… Esta locura condena a la gente a la marginación, víctimas de una sociedad incapaz de comprender su enfermedad. Declan y su cuidadora, la enfermera Reece atravesarán portales dimensionales para viajar juntos a Mundo Hambriento, el reino de Nimble Jack, donde se enfrentarán a él y a otros monstruos de pesadilla, como los terribles perros-mano (ya les conoceréis)

El dibujante argentino Juan Ferreyra (Green Arrow: Renacimiento, Nuevo Escuadrón Suicida) hace aquí alarde de unos maravillosos trazo y coloreado, con un dibujo realista y con una increíble atención al detalle. Llama la atención cómo es capaz de producir tal número de páginas al mes de tan alta calidad, y siendo responsable tanto del dibujo como del color (con algo de ayuda, sí, pero aun así). Ferreyra colorea directamente sobre el lápiz, produciendo un efecto difuminado, casi onírico, que también le dio muy buenos resultados al colorista Richard Isanove sobre los lápices de Andy Kubert en 1602.

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Colder: Mala semilla (The bad seed)

Esta miniserie continúa donde dejamos la anterior. Con Nimble Jack fuera de combate, Declan y Reece viven una idílica vida juntos. Reece sigue trabajando como enfermera de pacientes mentales mientras Declan se dedica a curar a más enfermos mentales por las calles de Boston, pero prestando mucha atención a su temperatura corporal, que desciende cada vez que usa sus poderes. En ese momento, un nuevo personaje, aún más terrorífico que Nimble Jack, entra en escena, amputando los dedos de los transeúntes, y haciendo continuas referencias a sus semillas, la cosecha y el granjero. Este segador de dedos se llama Swivel, y guarda mucha relación con el pasado de Declan, cuyos orígenes siguen siendo un misterio tanto para éste como para nosotros.

Aquí Paul Tobin vuelve a profundizar en el miedo más instintivo y primigenio, ignorando nuevamente las fobias más coloridas como la coulrofobia o la hipopotomonstrosesquipedaliofobia (que sí, que existe). ¿Nunca habéis cerrado las manos en un puño por un repentino miedo a algo invisible que os ampute los dedos? A mucha gente le ocurre, y es algo tan irracional como instintivo: nuestros dedos son nuestras herramientas de trabajo más básicas, y el miedo a perderlas se remonta a nuestros más remotos ancestros, para los que perder los dedos te convertía en presa fácil para depredadores, al no poder crear herramientas para defenderte, por no hablar de la posibilidad de morirte de hambre al no poder cazar ni cultivar. De ahí este personaje, que siega dedos para convertirlos en semillas de más seres de pesadilla. Tobin y Ferreyra (impresionante la caracterización de este último para Swivel, con un cuerpo y un rostro compuesto por dedos) nos dejan de piedra con una historia terrorífica llena de angustia, incomodidad y miedo. No de esos sustos del asesino en el armario que hace buh, sino miedo de verdad, el que te hace meter los pies debajo de la manta y mirar de reojo hacia la puerta del pasillo.

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Colder: La última cena (Toss the bones)

Con esta última miniserie, Tobin y Ferreyra cierran la historia de Declan, Reece y Nimble Jack de manera magistral, con el esperado regreso de este último. Después de todo, no es recomendable librarse de un buen villano a la primera de cambio (que se lo digan a Darth Maul ¿o no?) Nimble Jack vuelve más hambriento que nunca, y es misión de Declan y Reece (aún tocados tras su enfrentamiento con Swivel) acabar definitivamente con él. Tenemos aquí a un Nimble Jack desatado, desencadenando la locura y el caos por dondequiera que va, como un Joker casi omnipotente y amoral. En este último enfrentamiento se cierra finalmente el ciclo, con un duelo final entre los antagonistas, que son cara y cruz de la misma moneda: Declan es el cuerdo que se alimenta de la locura, mientras que Jack es el loco que se alimenta de cordura. ¿Y Reece? Ella camina entre dos fuegos, aferrándose a la cordura que le queda mientras una parte de ella flirtea con la locura. Al fin y al cabo, todos tenemos un puntito de locura. Si no, qué aburrido sería todo, ¿verdad? De fondo, las palomas, criaturas omnipresentes en todo paisaje urbano, y que son tan veneradas en tanto símbolo de la paz como repudiadas por las enfermedades que transmiten. Aquí se convierten en testigos del enfrentamiento, sin dejar de tomar un papel activo a petición de Nimble Jack. No volveréis a ver una bandada de palomas en el parque de la misma manera.

Medusa Comics ha recopilado las tres miniseries en un lujoso volumen a todo color que contiene también abundantes extras como diseños de personajes, bocetos y dos relatos cortos de Paul Tobin ambientados en el mundo de Colder, y que profundizan aún más en los mecanismos de la locura y su progresivo avance en una mente aparentemente sana. Colder ha sido para mí el cómic revelación de este año. Una obra maestra sin paliativos no sólo del género del terror, sino como cómic en general. Si queréis pasar miedo leyendo, ésta es una obra que definitivamente tenéis que probar. Os aseguro que no os quedaréis… con hambre.

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Jesús Tomás Dado

Jesús Tomás Dado

Lector de tebeos desde hace 40 años, antes de que se llamaran novelas gráficas. Totalmente enganchado a la lectura, el cine y y los dónuts de Lacasitos, pero vamos, que puedo dejarlo cuando quiera. Los dónuts no, lo otro.

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