Una de las grandes utilidades que se suele atribuir a la llamada Medicina Gráfica es la de servir en cierto modo de psicoterapia para... El club de las batas blancas

Una de las grandes utilidades que se suele atribuir a la llamada Medicina Gráfica es la de servir en cierto modo de psicoterapia para el que la realiza, bien sea un paciente, que narra su calvario al pasar cierta enfermedad, bien sea un cuidador que narra el duro camino junto a un paciente. Pero no es tan habitual encontrar obras de este tipo contadas desde el otro lado de la trinchera. El club de las batas blancas cuenta un sinfín de anécdotas de profesionales médicos, reales, y reunidas y agrupadas a través de un inteligente recurso narrativo. La obra ha sido editada por Plan B.


Bruno es un residente de primer año de Medicina Familiar y Comunitaria que es invitado a una cena por un grupo de compañeros del hospital. El grupo está formado por residentes más avanzados de otras especialidades: Psiquiatría, Urología, Medicina Interna y Cirugía General. La cena transcurre contando diversas anécdotas cada uno, vividas en el hospital donde trabajan, pero Bruno sigue sin saber bien por qué le han invitado y cuál es el verdadero sentido de ese club de las batas blancas.

La obra está escrita y dibujada por Yo, doctor, nombre de guerra de la dupla artística formada por Juan Sánchez-Verde y Guido Rodríguez, dos médicos que se conocieron durante sus residencias de Medicina Familiar y Medicina Interna, respectivamente, y que supone el culmen de un interesante trabajo en redes sociales y en su propia web donde han contribuido a popularizar este movimiento cada vez más potente en que se ha convertido la Medicina Gráfica. El club de las batas blancas es su primera novela gráfica, aunque viendo lo bien que se han desenvuelto en ella, nadie diría que se trata de una ópera prima.


La obra está presentada como un contenedor de anécdotas de médicos, desde su punto de vista. Por ello, al igual que comentaba en la reseña de Sana, sanita, que los médicos que lo leyesen podían sentirse un poco aludidos, aquí puede darse por aludido cualquiera que haya ido a urgencias por una tontería. No es una obra agresiva, pero está contada desde el punto de vista de un grupo de médicos que se reúnen en privado a comentar casos, y por tanto lo hacen en un tono que alguien «de fuera» puede sentirse parodiado o ridiculizado… si eres de los que se ofende con facilidad. Porque una vez comienzas a ver el carrusel de «urgencias» te entran ganas de llevarte las manos a la cabeza. Y sí tiene una escena que me parece muy acertada en la que se genera ese debate tan habitual en la profesión sobre cuál sería la mejor manera de acabar con el abuso de la urgencia hospitalaria y, añado, de la urgencia en general (también en centros de salud). Particularmente siempre he sido partidario de aumentar la educación sanitaria, pero seguro que cualquiera que lea esa escena se va a sentir reflejado en alguna de las opciones que plantean entre todos.

A pesar de que sigo a Yo, doctor desde hace tiempo, tengo que reconocer que me han sorprendido. En primer lugar por lo bien estructurada que está la obra. Al presentar a varios profesionales de distintas ramas, las anécdotas están más o menos ordenadas en urgencias psiquiátricas, quirúrgicas, generales, urológicas/sexuales. En segundo lugar porque, a pesar de ser un dibujo con un toque clásico, y muy cartoon, utilizan una serie de recursos gráficos muy interesantes: la separación de las distintas especialidades en forma de menú de restaurante, esas escenas a doble página en la que una gran viñeta contiene muy diferentes situaciones, la presentación de los diferentes tipos de paciente o los juegos de cómo actuar en una situación concreta. Pero si por algo me han soprendido es por el esfuerzo por la humanización del médico, no exenta de autocrítica cuando lo merece (el caso de la médico que va a urgencias es tan lamentable como real) pero que intenta mostrar al lector la enorme carga de presión que se tiene que soportar en el ejercicio de nuestro trabajo. Además, la obra cuenta con una moraleja final que me parece sencillamente deliciosa, y que hace que acabes con una sonrisa en los labios.


En definitiva, El club de las batas blancas.

Una obra con todos los ingredientes para proporcionar un rato de lectura muy entretenido. Permite ver al profesional sanitario desde otro punto de vista que, difícilmente se tiene en cuenta cuando se acude a la urgencia. Siempre he tenido la tentación de embarcarme en el terreno creativo con alguna historia en la que pudiera contar algunas anécdotas que me han sucedido a lo largo de mi carrera. Viendo lo que han hecho los chicos de Yo, doctor, me parece una forma muy inteligente de reunir las anécdotas dándole una forma historiada e incluso un sentido a esa sucesión de historias llamativas y divertidas y con una moraleja final muy entrañable. Malditos, se me han adelantado y con una idea mucho más brillante…

Lo mejor: Muy bien estructurada. Algunos recursos narrativos muy originales. La moraleja. El permitir ver a los sanitarios desde otra perspectiva.

Lo peor: Si perteneces al COOSSH (Colectivo Oficial de Ofendiditos Sin Sentido del Humor) tal vez puedas darte por aludido.

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El club de las batas blancas
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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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