Un año más, llegan las Navidades. Y con ellas, los mismos tópicos de cada año. El Cortylandia. Los turrones en el supermercado desde septiembre.... Cine: Vaiana

Un año más, llegan las Navidades. Y con ellas, los mismos tópicos de cada año. El Cortylandia. Los turrones en el supermercado desde septiembre. Las colas en Doña Manolita. Y, cómo no, la película Disney del año. A principios de los 90, el estreno Disney era el evento cinematográfico del año. La Bella y la Bestia, Aladdin, El Rey León, Pocahontas, Toy Story, El Jorobado de Notre Dame… Toda película producida por la empresa del roedor más conocido del cine era un taquillazo, y salvo en contadas ocasiones, un peliculón, por qué no decirlo. Pero con el cambio de siglo, con el aviso de la espantosa Tarzán de 1999 (lo siento, pero alguien debería haber pegado el culo de Phil Collins al asiento de la batería), la inestabilidad llega a la productora. Se alternan películas francamente buenas como Monstruos, S.A. o Buscando a Nemo (ambas con el sello Pixar) con medianías como Atlantis o Lilo & Stitch, o con absolutas mediocridades como Hermano Oso o Zafarrancho en el Rancho.

En la década actual, la marca Disney vuelve a ser una razonable garantía de calidad. Aunque haya habido películas que me hayan resultado un tanto plomizas, como Brave, Rompe Ralph o El Viaje de Arlo, han vuelto a producir películas que despiertan ese niño que muchos llevamos aún dentro. Zootrópolis, una película noir para niños, tuvo momentos absolutamente gloriosos. Frozen tiene la mejor canción Disney de los últimos veinte años. Y Del Revés es la segunda mejor película de la historia de Disney (para mí, claro, que me consta que tiene sus detractores, alguna de ellos muy cercana a mí), sólo por detrás de la insuperable El Rey León.

Así que llega el estreno de Vaiana, y aunque los trailers no me habían dicho gran cosa, no puse pegas para ir a verla. No demasiadas, vamos.

La historia

Empieza la película con un relato de la creación. Al principio, todo el mundo estaba cubierto por las aguas, hasta que la diosa Te Fiti se convirtió en tierra firme. Su corazón, una piedra verde, podía crear vida, pero fue robado por el semidios Maui, que quería dárselo a la humanidad como regalo. Pero entonces surgió un demonio de lava que hizo que el corazón se perdiera.

Mil años después, Vaiana, la princesa (perdón, la hija del jefe) de una tribu polinesia que vive de la pesca y de la recolección de frutas en una isla es elegida por el océano para recibir el corazón de Te Fiti. Y cuando deja de haber peces y las abundantes frutas de la isla empiezan a no ser comestibles, Vaiana asume su misión: tiene que encontrar a Maui y obligarle a que lleve el corazón de vuelta a Te Fiti.

Y aquí empieza una historia que nos han contado mil veces: el viaje del héroe.

La animación

Hablar de la calidad de animación en una película Disney a estas alturas es como venir a decir que cuando es de día se ve el sol. Es uno de los estudios con más presupuesto y se nota. Pero, así como en Zootrópolis me llamó muchísimo la atención la animación del pelaje animal, aquí me ha fascinado el agua. El movimiento, la textura, los reflejos de la luz, la distorsión… todo es impecable. Hasta los momentos de animación semi-clásica, en los tatuajes de Maui, están logradísimos. Un merecido diez sin reparos en este punto.

La banda sonora

Aquí tenemos un importante pinchazo. La Factoría Disney ha producido la mayor parte de las canciones memorables de la historia de la animación. A Whole New World de Aladdin, Circle Of Life (y prácticamente toda la banda sonora) de El Rey León o la más reciente Let It Go de Frozen son auténticos temazos. Pero la banda sonora de Vaiana es, siendo generosos, mediocre. Sólo tiene un par de temas con un cierto punch, How Far I’ll Go, la canción de Vaiana, que intenta ser una nueva Let It Go y se queda en una versión Hacendado, y la chulesca You’re Welcome, la canción de Maui, sorprendentemente bien interpretada por The Rock, el doblador del personaje. El resto pasa con más pena que gloria. La adaptación de las canciones a la versión en castellano es, como es habitual, espantosa. De hecho, la canción Brillante me tuvo rechinando los dientes de principio a fin. En inglés tampoco es que la canción valga gran cosa, pero al menos no da urticaria.

https://www.youtube.com/watch?v=VGoblBrbGdY

La princesa feminista

Vaiana es una Princesa Disney de la nueva hornada. Un personaje completo en sí mismo, que no necesita definirse a través de su historia de amor o de quién es el hombre que está a su lado. No es un pan sin sal como eran, no sé, Cenicienta o Bella. Su labor en la aldea desde el primer momento es ayudar a sus vecinos, pero no se limita a hacerlo siendo mona y pidiendo ayuda al hombretón de turno. Y aunque cuando se embarca en su misión no sabe hacer la O con un canuto, no es la damisela en apuros que se deja ayudar. Vaiana es un personaje fuerte, independiente, que cuando no sabe hacer algo, aprende. Y hace todo esto sin aburrir a los niños.

Y sí, si alguien está pensando en el test de Bechdel, lo pasa sin problemas.

El problema con el título

No busques información sobre Vaiana en versión original porque no la vas a encontrar. El título original de la película y nombre del personaje es Moana. En España se cambió porque el término Moana está registrado por la firma cosmética Casa Margot, S.A., que lo utilizó en una colonia con un cierto éxito en los 80 llamada Moana Bouquet.

No es el único problema que ha habido en Europa al respecto. En Italia, la película se ha estrenado como Oceania, para evitar la gracieta con el nombre de Moana Pozzi, actriz porno genovesa cuya carrera se desarrolló entre los 80 y los 90. Me pregunto yo si no se podrían haber molestado un poco en investigar el nombre a nivel internacional antes de gastarse un pastizal en promocionar nombres locales…

Los personajes secundarios

La estrella absoluta aquí es el pollo tarado Heihei, al que pone voz (o algo) Alan Tudyk (Tucker y Dale contra el Mal, Suburgatory). Un complemento cómico sin más, sobre el que recaen la gran mayoría de momentos hilarantes de la película. También hay que mencionar al preciooooooso cerdito y a la precioooooosa tortuguita del principio, aunque pintan más bien poco en la trama. Eso sí, sus peluches van a ser superventas. Maui, algo más que un secundario pero sin llegar a coprotagonista, tiene un aspecto físicamente nada atractivo, supongo que para descartar desde el primer momento la idea de un romance entre Vaiana y él. La abuela de Vaiana es Yoda en los breves momentos que tiene, y el resto de la aldea podrían llamarse «Polinesio Genérico Número X» y «Polinesia Genérica Número Y» sin problemas, padres incluídos.

El momento ataque del barco pirata, un claro homenaje a Mad Max: Fury Road, es una logradísima escena de acción que, al igual que pasó con la pelea del aeropuerto en Civil War, no viene a cuento y rompe un poco el ritmo de la trama. En fin, que hay gente a la que le gustan este tipo de cosas. Igual el raro soy yo.

En resumen…

La primera impresión es que la película es correcta, sin más. Pero también sin menos. No ha conseguido emocionarme, como sí lo hizo recientemente Del Revés, pero tampoco me ha hecho levantarme de la butaca y salirme de la sala. Aún así, el tono mitológico de la película tiene un innegable encanto que hace que funcione razonablemente bien, aunque tenga una evidente lista de problemas (la mayor parte de los cuales se habría solucionado viéndola en versión original).

Aún así, diría que el mayor logro de esta película es la creación de una heroína para las niñas, un modelo en el que verse reflejadas que les enseña que pueden pensar por sí mismas y que no necesitan que nadie venga a sacarle las castañas del fuego. Por muy difícil que sea la vida de Vaiana, debatiéndose entre tradición y destino, la decisión final está en sus manos.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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