Digámoslo claro: cuando fui el día del estreno a ver la película de Assassin’s Creed, me esperaba un producto mediocre. La experiencia dice que...

Digámoslo claro: cuando fui el día del estreno a ver la película de Assassin’s Creed, me esperaba un producto mediocre. La experiencia dice que las películas inspiradas en videojuegos suelen ser bastante, siendo generosos, del montón. Sí, alguna ha habido más o menos disfrutable y casi hasta defendible, pero lo normal es que la balanza se incline del lado del suspenso. Pero aunque haya películas más que correctas como el primer Resident Evil, Silent Hill o, si me apuras, el primer Tomb Raider, para compensar hay un Super Mario Bros, un Alone In The Dark, un Bloodrayne, un Wing Commander

¿Qué me inspiró, entonces, la misión suicida de ir a ver esta película, sabiendo lo que me podía encontrar? Mi pasión por la saga de Ubisoft, de la que he jugado todas las entregas que han aparecido para consola y alguna para dispositivos portátiles. En total, si no me fallan los cálculos, son un total de catorce juegos los que han pasado por mis dedos.

Así que allí me planté, con más miedo que esperanza, teniendo claro que, en el mejor de los casos, iba a ver una película visualmente buena pero sin demasiado sentido. Tampoco era demasiado problema, a fin de cuentas, me conozco la saga al dedillo y todo posible defecto en explicar la trama quedaría rellenado por cientos de horas frente a la 360 y la One.

Cuál no sería mi sorpresa cuando empecé a darme cuenta de que, aún esperándome un mojón de proporciones bíblicas, lo que estaba viendo no llegaba a cubrir mis expectativas.

Cuidado. A partir de aquí hay spoilers.

La película nos plantea algo parecido a la historia de Desmond Miles. Callum Lynch (Michael Fassbender), un descendiente de una familia de asesinos es capturado por Abstergo, una empresa propiedad de los Templarios que ha desarrollado el Animus, una máquina que, conectándose a la memoria genética del sujeto enchufado a la máquina, puede reproducir las vidas de sus antepasados como si de una película se tratara. Y con el aparato en cuestión, reviven las experiencias de Aguilar de Nerha (Fassbender también), un antepasado español suyo que perteneció a la orden de los Assassins (sí, así, en inglés; o no sabían que ese término se ha traducido siempre como Asesinos o les parece una palabra fea para hablar de los buenos de la película) a finales del S. XV, en los últimos días de la Reconquista. De algún modo, han descubierto la existencia de algo llamado Fruto del Edén, un mapa del código genético del libre albedrío del ser humano (¿huh?) al que se le perdió la pista después de que pasara por las manos de Aguilar. Así que rescatan a Lynch de la inyección letal para poder hurgar en los recuerdos de su familia y así averiguar dónde guardó Aguilar el Fruto.

Las escenas del pasado nos irán mostrando la vida de Aguilar, desde su iniciación en la Orden, pasando por una quema inquisitorial de miembros de los Assassins (agh, me revolvía las tripas cada vez que oía esa palabra) en la hoguera en presencia de los Reyes Católicos hasta la obtención del Fruto y su escondite final.

A ver, el planteamiento me vale. El problema es que el desarrollo tiene agujeros. Muchos.

Empezamos por el Animus. En el juego es una camilla en la que el sujeto de turno se tumba y se accede a su memoria genética como si fuera un dispositivo de realidad virtual. Aquí, aparte de que lo de la memoria genética lo mencionan bastante de pasada y sin entrar en detalles (uno de los múltiples puntos de la película que han sido descritos como confusos por los ajenos al juego), han convertido el Animus en un enorme brazo mecánico que se conecta a la espina dorsal de Callum y que lo irá levantando por los aires imitando los movimientos que desde la consola de operación de la máquina van descodificando, como si estuviera siendo poseído por su antepasado. Venga, va, aceptamos barco. Así tenemos unas escenas visualmente más potentes que un señor tumbado en una camilla mirando una pantalla que hay sobre su cabeza. Además, así se pueden colar planos de Fassbender a pecho descubierto como fan service para el público femenino.

El trasfondo de las dos organizaciones también tiene su miga. Los Templarios se convierten en una organización totalmente plana cuyo único objetivo es dominar el mundo y ya. Lo que ha ido mostrando Ubisoft a lo largo de los años, donde los Templarios buscan una sociedad que funcione mejor a través del orden en oposición al caos que proponen los Asesinos, desaparece por completo. En la película, los Assassins (ugh) no parecen tener otro fin más allá de combatir a los Templarios, y todos sus lemas, memorables en la saga de videojuegos, quedan aquí como frases molonas vacías de contenido.

Otro punto interesante es el papel del Fruto del Edén. En los videojuegos, se nos cuenta, como historia de fondo, que antes de la humanidad hubo otra raza que habitó la Tierra conocida como los Isu. Era una raza tecnológicamente muy avanzada que manipuló otra especie menor para que fueran sus sirvientes, creada a imagen y semejanza de esta Primera Civilización, también conocida como los Precursores, que fueron vistos como dioses por los humanos primigenios. De hecho, entre los Precursores conocidos tenemos a Minerva, a Juno o a Júpiter. Los Fragmentos del Edén son dispositivos tecnológicos con los que la primera raza se aseguraba el control de sus sirvientes. Y en los últimos siglos, los Templarios pretenden utilizarlos para conseguir el Nuevo Orden Mundial y así acabar con los conflictos en el planeta. En la película, en cambio, el fruto es, literalmente, un mapa genético del libre albedrío humano. Cómo es que en el S.XV estaba descifrado el genoma humano hasta ese nivel o de dónde viene el aparato, no se cuenta en la película. Más te vale tener una suspensión de la incredulidad por la que se pudiera colar la Alhambra de Granada, porque si no rechina lo que no está escrito. Y los Templarios quieren usarlo para… para dominar el mundo. Y ya. Villanos de opereta de tercera división.

Y la representación histórica de la España del S. XV… Venga, vale. Vamos a aceptar que la película se tome unas cuantas licencias artísticas para hacer visualmente más atractivo el entorno. Pero una cosa es una licencia y otra es inventarse por completo la estética. En la escena de las hogueras, presidida por Torquemada, flanqueado por los Reyes Católicos, nos encontramos con un público que podría haber sacado de un ritual celta mil años antes. De hecho, atentos a esta imagen.

Sí, temed lo peor. Esta mujer con la cabeza afeitada y la cara tatuada es Isabel la Católica. Pero bueno, tampoco vamos a pedirle una lección de historia a una película de acción… aunque no deje de ser un punto más en el que esta cinta falla catastróficamente. Sí, esa mezcla entre Fallas y Semana Santa que vimos en Misión Imposible 2 tiene más o menos el mismo sentido que lo que vemos aquí.

Se esperaría al menos que la película pudiera ser visualmente interesante. Pero ni por esas, oiga. La película es oscura, y no me refiero a su ambientación, sino a su iluminación y a su abuso del ambiente polvoriento. Se incide así en la sensación de confusión omnipresente. Por un lado, los no habituales de las consolas no terminan de entender lo que se les está contando, pero en muchos momentos, mediante movimientos rápidos de cámara y escasa luz que sirven para camuflar coreografías mediocres, tampoco se entiende qué está pasando en la pantalla. Pero seamos justos: hay un par de escenas de parkour en la persecución en la que Aguilar escapa de las garras de Torquemada visualmente muy potentes. El problema es que una película de casi dos horas no se salva por un par de planos acertados.

En resumen…

Reconozco que tengo una cierta tendencia a, cuando voy con las expectativas demasiado altas a ver una película, sentirme especialmente decepcionado cuando no me dan lo que esperaba. Pero me esperaba un producto de baja calidad y ni siquiera ha llegado a eso. Echando la vista atrás, ninguno de los veinticinco estrenos que he visto este año me ha provocado esa sensación, así que puedo decir que estamos, sin duda, ante la peor película que he visto este año. Visto lo visto, si se llega a hacer una secuela de esta película, como parece insinuar el final, que no cuenten conmigo. De todos modos, yo esperaría sentado, por si acaso. En el primer fin de semana del estreno ha recaudado en el mercado americano 11 millones de dólares, con un presupuesto de 125 millones. Puede que la cosa cambie, pero de momento huele a batacazo.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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