Probablemente, mi etapa preferida de la dilatada historia de Catwoman está marcada por un nombre: Darwyn Cooke. El tristemente difunto ilustrador fue el motivo... Catwoman: Imitadoras, de Jöelle Jones

Probablemente, mi etapa preferida de la dilatada historia de Catwoman está marcada por un nombre: Darwyn Cooke. El tristemente difunto ilustrador fue el motivo por el que compré el primer cómic protagonizado por un personaje secundario de Batman al que no terminaba de ver interés fuera de la periferia del murciélago. El gran golpe de Selina fue la obra que me hizo cambiar de opinión: Catwoman era un personaje con muchísimo potencial y que, en las manos apropiadas, podía protagonizar obras más que interesantes. Y si memorable fue la novela gráfica de Cooke, no se quedó atrás la serie regular que este mismo dibujante empezó junto a Ed Brubaker, posiblemente el guionista que mejor ha entendido al personaje en casi ochenta años. Brubaker metio a Selina en un ambiente noir, apartado del ámbito superheroico en el que se había desarrollado, que le vino como anillo al dedo y marcó el camino a seguir. El problema es que los siguientes guionistas no consiguieron presentar historias a la altura del personaje. No fueron precisamente recordables las épocas de Will Pfeifer, Judd Winick o Ann Nocenti, y la Gata acabó tomándose un necesario descanso a la espera de que algún autor tuviera algo interesante que contar con ella.

Y ese momento ya ha llegado.

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Selina Kyle ha vuelto a la primera página del mundo superheroico gracias al papel que ha venido desarrollando en el Batman de Tom King, especialmente en el -decepcionante- arco argumental de la boda entre Batman y Catwoman. Como consecuencia de los sucesos acaecidos en el número 81/26 de la serie mensual de Batman, en los que no entraremos por si acaso alguien ha vivido en un monasterio de clausura durante los últimos seis meses y no se ha enterado, Catwoman se ha mudado a la otra punta del país, a la ficticia ciudad de Villa Hermosa, en la soleada California. Y en el tiempo transcurrido desde el mencionado número de Batman (lo dicho, seis meses en tiempo real), Selina se ha mantenido ocupada. Tan ocupada como para venir a España y robar el Saturno devorando a su hijo de Francisco de Goya del Museo del Prado. Sí, El hijo del hombre de René Magritte también anda por ahí.

catwoman goya

En Villa Hermosa, Catwoman tendrá que lidiar con unas imitadoras que van ensuciando su -no demasiado confiable- imagen asesinando policías. Y escarbando en los sucesos que dificultan su vida, se acabará encontrando con corrupción política, mafias varias, tráfico de drogas y una némesis que podría quizás llegar a recordar a una versión más seria de la Ma Gnucci de Garth Ennis en sus tiempos en El Castigador.

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Uno de los grandes aciertos que tiene este tomo es devolver a Catwoman un cierto tono noir que le sienta como un guante y no teníamos tan presente desde la época de Ed Brubaker a principios de siglo. Por muy disfraz pijamero que lleve, este personaje funciona mejor en un ambiente más realista, menos superheroico, y el distanciamiento, suponemos que temporal, del resto del Universo DC es una ocasión perfecta para situar al personaje en un entorno mucho más apropiado. Y Joëlle Jones, aunque más conocida por su perfil como dibujante, cumple a la perfección como guionista de esta nueva etapa del personaje.

Pero si interesante es la historia, la gran estrella de este tomo son los lápices de Jones. Siendo casi una desconocida hasta hace bien poquito, la evolución que hemos podido ver en su arte desde Lady Killer -serie publicada en 2015- es brutal. Cada día dibuja mejor, planifica mejor las páginas, narra mejor. De hecho, sus números en el Batman de Tom King son de los mejores que hemos podido leer en toda la etapa de este guionista, sin pretender desmerecer en absoluto el fantástico trabajo de Mikel Janín. Y a unos lápices a un altísimo nivel tenemos que añadir el color de Laura Allred, una de las mejores coloristas de la actualidad, quizás no tan renombrada como otros compañeros como Jordie Bellaire o Matt Hollingsworth, pero que hace un trabajo fantástico.

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No podemos decir que la Catwoman de Joëlle Jones esté a la altura de la de Ed Brubaker y Darwyn Cooke, pero es que estamos hablando de las mejores historias que ha protagonizado el personaje en toda su historia. Pero sí es cierto que Imitadoras es la mejor historia, tanto a nivel de guion como de dibujo, que ha protagonizado Selina en solitario en los últimos diez años. Es una historia interesante, contada con un buen pulso, con unas páginas en las que detenerse por el mero disfrute estético, y que nos hace querer saber más de la nueva situación del personaje. Vamos, al menos hasta que Tom King quiera volver a contar con él. Que volverá.

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Catwoman: Imitadoras
Fernando Blanco and ECC Ediciones
Precio: EUR 12,82
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Catwoman: Imitadoras
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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

  • Flavio Oliveri

    24 julio 2019 #1 Author

    Lástima que después cae un poco…

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