Hace años que no leía nada de Wataru Yoshizumi. No es que el Shōjo sea mi género preferido, pero sí que leí en tiempos obras de...

Hace años que no leía nada de Wataru Yoshizumi. No es que el Shōjo sea mi género preferido, pero sí que leí en tiempos obras de este género con una cierta regularidad. Recuerdo la eterna No Me Lo Digas Con Flores, que a cada tomo me tenía horrorizado pensando cómo un metalero en la treintena podía estar enganchado a semejante culebrón venezolano-japonés. Recuerdo con mucho más cariño Somos Chicos De Menta o Marmalade Boy, divertidas comedias de enredo centradas en el amor con protagonistas femeninas. Ambas, por cierto, obras de Wataru Yoshizumi, la que acabó siendo mi autora preferida de este género. Y ahora, años después, me he reencontrado con ella.

Se dice irónicamente que habría que juzgar por crímenes contra la humanidad a Meg Ryan y a Disney.  Las expectativas que crean en las mujeres sobre qué esperar de un hombre en una relación de pareja son totalmente inalcanzables. Según se ve en comedias románticas y en películas de princesitas, el hombre tiene que ser, por supuesto, físicamente perfecto. Si no lo eres, vales para secundario cómico y gracias. Y no vale que no estés mal, no, tienes que tener una cara a lo Brad Pitt de los 90 con un cuerpo que haga pensar que el David de Miguel Ángel está fondón. Pero además, tienes que estar forrado, tienes que ser culto, elegante, ingenioso, sensible y a la vez duro… Hace unos meses, coincidí con una mujer que decía que las expectativas que Hollywood pone sobre la mujer actual son inalcanzables y son un instrumento de la opresión del heteropatriarcado, y cuando yo señalé que lo que se espera del hombre es menos alcanzable aún me respondió que eso no es un problema de la sociedad, es un problema sólo de los hombres.

¿Que a dónde voy con esto?

Veamos. En las historias enfocadas a un público femenino, en particular a un público femenino adolescente, se tiende a idealizar las relaciones de pareja. Que el amor lo puede todo, que el día que la chica inocente conozca al amor de su vida caerá una lluvia de purpurina alrededor y un coro de ángeles bajará del cielo para cantar Unchained Melody (versión The Righteous Brothers, por supuesto), y que todo es perfecto si hay amor.

Y luego está la vida real.

Y con este planteamiento , Yoshizumi nos plantea su obra más reciente.

capuccino wataru yoshizumi

Cappuccino no es un shōjo al uso. Sí, la protagonista es una chica joven. Sí, es una historia sobre una relación de pareja. Sí, el amor es el eje central de la historia. Pero ni es una historia alegre, ni es esperanzadora.

Ari y Sôsuke llevan varios años de relación, pero no todo es fácil. Sus días libres no coinciden y casi no pueden verse. Así que deciden irse a vivir juntos, pero se encontrarán con la oposición de los padres de ella. Superado ese escollo, llega la convivencia. Pero la convivencia tampoco es fácil. No todo es amor en la vida de una pareja, también hay platos que fregar, basura que bajar y facturas que pagar.

Y luego está el momento en el que uno de los dos mete la pata hasta el fondo. Que hace algo que no debería y que se estará arrepintiendo de ello toda su vida, y que, pensado fríamente, merece cargar con esa losa sobre sus espaldas para el resto de sus días. Y el perdón, ¿es posible siempre?

Supongo que a los cuarenta y seis años que tenía Yoshizumi cuando escribió esta obra te apetece algo más que contar historias sobre niñas que se enamoran del chico del pupitre de al lado. Es una historia amarga, pero más madura de lo que se suele leer en el género. Y deja un par de mensajes.

Los príncipes azules destiñen.

Y no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes.

 

(¿Y qué hace un tío de cuarenta y tantos leyendo Shōjo? No sé, supongo que lo mismo que una tía de cincuenta y tantos escribiéndolo…)

yo q se tio xdxd

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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