Las muertes en el cómic importan mucho o poco. No parece que haya un punto intermedio en el baremo, o rompen por completo al... Capitán América: Funeral por América

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Las muertes en el cómic importan mucho o poco. No parece que haya un punto intermedio en el baremo, o rompen por completo al lector o pasa la página sin que realmente tengan peso en él. Por ejemplo está el Capitán Marvel con un fallecimiento en el que Jim Starling quemó muchos demonios internos, el caso de Gwen Stacy que todavía sigue siendo impactante de leer o el impactante duelo de Juicio Final contra Superman que conllevó la muerte de este y que los medios se hicieran eco de ello.

También sucedió con el Capitán América tras los hechos de Civil War. Una estratagema que permitió desarrollar la personalidad de otros personajes, junto con bastantes artículos sobre el tema que seguro el departamento de marketing de Marvel agradeció. Por supuesto en todo esto hay una pega, que ya hace tiempo que parece que nadie muere de verdad en el mundo del cómic. Da igual si eres un héroe o un villano, al final las puertas al más allá parecen igual que las de la política y las empresas: giratorias.cap46p20

Desde Superman al también mencionado Capitán América, la tía May, Green Lantern, Mr. Fantástico y otros muchos, decenas de personajes que en teoría murieron pero volvieron a la vida y no siempre de la mejor forma. De hecho en ocasiones fue casi sin explicación alguna, al menos con Alfred se intentó solucionar convirtiéndole en el Outsider (si fue una idea buena o mala ya queda para otro día).

Este hecho ha provocado que hoy en día, y desde hace años, cuando un justiciero encuentra su final en las viñetas apenas tenga peso. ¿Importa algo que maten a un personaje si se sabe que volverá antes o después? Ese es el problema y precisamente es también el fallo que uno encuentra en Capitán América: Funeral por América.

Este tomo firmado por Dan Jurgens y tintas de Bob Layton (principalmente, el elenco de autores es mayor) peca de ello, y más leído en el momento actual en el que sabemos qué sucedió después. Es una muestra de una época distinta de hacer cómics que no es realmente tan lejana, un momento en el que a pesar de vivir en un universo (en teoría) compartido lo cierto es que cada serie era casi un vaso estanco en el que lo que sucedía fuera poco importaba.

En la primera parte de Capitán América: Funeral por América asistimos a una historia construida a base de fragmentos en la que el lector será el último en unir las piezas. Un auténtico puzzle que comienza dando unas sensaciones al espectador y poco a poco gira para, en cierto modo, ser una carta de amor pero de conclusiones trágicas. No es algo novedoso y tampoco extraño al habitual del cómic, pero está bien llevado por Dan Jurgens haciendo que a pesar de lo simplista de la propuesta sea disfrutable y despierte cierto interés para el comprador.

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La segunda parte, tras un pequeño inciso que entronca con el pasado del héroe abanderado, se muestra más irregular tanto en sus formas como en su final. Un cierre que visto ahora mismo, sin desvelar qué sucede a fin de evitaros spoilers, se muestra extraño y casi sin sentido o al menos sin lo que deberían haber sido las consecuencias lógicas del mismo.

352526-93251-connie-ferrariSus aciertos son cerrar arcos que se fueron abriendo durante la etapa de Heroes Return (tras la terrible Heroes Reborn) como la relación entre Steve Rogers y Connie Ferrari, ahondar en la amistad de este con Sam Wilson o en el eterno (a pesar de lo complejo e intermitente) amor entre el protagonista y la Agente 13; e incluso permitirse un pequeño paseo por la historia del personaje para dejar clara la importancia del mismo y lo mucho que ha cambiado con los años.

No se puede decir que Capitán América: Funeral por América sea el cierre que se merece la historia comenzada por Mark Waid (con Ron Garney y Bob Wiacek) en 1998 con “The Return of Steve Rogers: Captain America!, pero es un final gracias al que vino una nueva etapa y dar carpetazo a una historia nunca es sencillo. Al menos, eso debe reconocerse, resulta entretenido y (quizá) os haga soltar una lagrimita.

En el prólogo define Bruno Orive a este tomo con la frase “(…)el experimento del Capitán América de Schrödinger (…)”, una forma muy adecuada de entenderlo y de acercarse al mismo. Consideradlo un experimento, puede que salga bien o que salga mal, pero el valor que tiene es el hecho en sí mismo.

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Doc Pastor

Escritor, divulgador y periodista especializado en cultura pop. Devoro cine, cómic y series. Todos los gemelos malvados tienen perilla (la corbata es opcional).

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