Se repite periódicamente como un mantra que cuando una serie ha perdido el favor del público y la editorial da libertad creativa absoluta a... Desde la pila: Cable – Soldier X

Se repite periódicamente como un mantra que cuando una serie ha perdido el favor del público y la editorial da libertad creativa absoluta a los autores que la llevan, existe la posibilidad de que llegue una obra maestra inesperada. Sí, es cierto, sólo las obras memorables aguantan el paso del tiempo, y habrá muchos intentos de recreación de personajes que hayan quedado olvidados en la cuneta. Pero gracias a ese «de perdidos al río» que las editoriales hacen con personajes de segunda o tercera fila, han llegado a aparecer La cosa del pantano de Alan Moore o el Daredevil de Frank Miller. Hoy vamos a hablar de una etapa que es a la vez muy reivindicable e injustamente olvidada: el Cable de David Tischman, Darko Macan e Igor Kordey.

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A principios de siglo, durante la etapa en la que Bill Jemas estuvo al frente de la editorial, hubo bastantes cambios en Marvel. Se abandonó definitivamente el sello del Comics Code Authority, apareció la línea Max, se potenció la publicación de tomos recopilatorios… y a un buen puñado de serie mutantes que estaban funcionando un poco de aquella manera tanto a nivel comercial como creativo se les aplicó el mítico «haz lo que quieras». Así, en el año 2000 se encargó a Warren Ellis que revitalizara con nuevos planteamientos a X-man, X-Force o Generación X.  Y a finales de 2001 y principios de 2002, nuevos equipos creativos entraron en las series regulares de las dos creaciones más conocidas de Rob Liefeld: Cable y Masacre. En la serie del mercenario bocazas desembarcaron Gail Simone y Udon Studios. En la del viajero temporal de la familia Summers, David Tischman e Igor Kordey. En unos meses, ambas series cambiarían de nombre. Masacre pasaría a llamarse Agent X y Cable, Soldier X. Ninguna de las dos llegó al año y medio de duración.

En particular, la serie de Cable cambió tantísimo que se convirtió en algo que no tenía nada que ver con lo que conocíamos. Nathan Summers ya no es un superhéroe en esta nueva etapa. Sí, sigue teniendo el virus tecnoorgánico -al principio, al menos-, sus poderes mutantes, su nave teleportadora y deja caer de vez en cuando referencias a Askani, pero el eje de sus historias cambia de forma radical. Ya no hay viajes en el tiempo, no es un miembro de la Patrulla X ni de X-Force ni de ninguna de sus franquicias, y no va de aquí para allá persiguiendo al Frente de Liberación Mutante. Se acabaron los disfraces coloridos: el presente del mundo real tiene suficientes problemas como para tener que andar buscándolos en otras épocas o en lugares ficticios. En esta etapa, Cable se enfrentará al grupo terrorista peruano Sendero Luminoso, se verá implicado en una limpieza étnica en los Balcanes o acabará metido en conflictos en lugares tan poco glamurosos como los barrios bajos de Río de Janeiro. Vamos, que quién necesita irse a Madripur teniendo Kazajistán.

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Pasados los primeros ocho números de la serie, David Tischman es sustituido por Darko Macan, guionista croata responsable de la memorable Grendel: Guerra de clanes. A partir de este momento, con este equipo creativo tenemos temática, sensibilidad y aspecto de un cómic europeo. Sí, técnicamente sigue siendo Cable, pero si con cuatro cambios mínimos, el protagonista de esta serie sería una creación totalmente nueva que no recordaría ni remotamente al personaje de Liefeld.

Quizás el cambio fue demasiado radical para los lectores que seguían la serie del Espíritu de los 90 y no terminó de cuajar. Se intentó un nuevo cambio de equipo creativo, pero aún así, Soldier X cerró en el número doce. Cable estuvo fuera de las librerías durante cinco años, volviendo tras los sucesos de Complejo de Mesías, y, por supuesto, estos números cayeron en el olvido. La parte del fandom que reivindicaba esta etapa como una de las más interesantes de los mutantes de principios de siglo era pequeña… pero tenía toda la razón.

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Por supuesto, estos números no fueron reeditados en su momento. No fue hasta pasados dieciseis años de su publicación original que Marvel se decidió a publicar un volumen que recogiera toda esta etapa. Gracias a ello, muchos hemos podido acceder a un material que ha resultado tener mucha más calidad de la que sus ventas podían hacer pensar. Tampoco ayuda el tener como dibujante a Igor Kordey, responsable de los números peor dibujados de la etapa de Grant Morrison en Nuevos X-Men, aunque se dice que aquellos números estaban dibujados en menos de una semana por retrasos en la entrega de los guiones. Aquí está a mucho mejor nivel, pero el nombre de este dibujante en la franquicia mutante no trae precisamente buenos recuerdos.

¿Y en castellano? Pues precisamente estos números son uno de los grandes agujeros de la edición mutante por parte de Panini. Incluso los números de Agente X de Simone y Udon terminaron viendo la luz, pero la época en la que Cable fue un cómic europeo sigue siendo una asignatura pendiente. Calidad suficiente tiene y seguro que algún día llega, pero por si acaso, yo esperaría sentado. Hasta entonces, al menos está el integral americano.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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