No soy un gran fan del manga. A ver, después de veintitantos años leyendo tebeos, es un género que no me resulta ajeno. Pero...

No soy un gran fan del manga.

A ver, después de veintitantos años leyendo tebeos, es un género que no me resulta ajeno. Pero por algún motivo, no me toca la fibra, de la misma forma que no me la tocan, no sé, la música electrónica, el cine español y el arte contemporáneo. Y aún así, en estos estilos siempre encuentro algún autor que consigue llegarme. Ahí tenemos a Cycle, a Jaume Balagueró y a Salvador Dalí, por poner sendos ejemplos.

Con el manga me pasa tres cuartos de lo mismo. Empecé a leer Dragon Ball, que tenía su punto al principio, pero me cansé de ella pasado el primer tercio de la serie. Me leí Love Hina, una que hizo furor en su día… y era el equivalente a una película de Pajares y Esteso con adolescentes, con tetas y culos prácticamente en cada página. También me leí, inexplicablemente, No Me Lo Digas Con Flores, que me pregunto si no habrán hecho ya la adaptación a culebrón venezolano. Algo de Alita, Angel De Combate, algo de Real, algún tomo de Maison Ikkoku, Yotsuba… y no. No me llegaba. Pero con el tiempo, me encontré con tres autores que no me han (casi) decepcionado.

El primero, y más obvio, es Osamu Tezuka, aunque sólo he leído un par de obras suyas, Adolf y algo de Astro Boy.

El segundo es el niño bonito del manga actual, el Grant Morrison japonés, el tipo que no puedes decir que no te gusta su obra, Naoki Urasawa. Y así como Jaume Balagueró tiene en su haber OT: La Película, Urasawa tiene Happy, un (para mí, opinión subjetiva, blah blah blah) pinchazo absoluto del que no pude acabar ni el primer tomo. Pero hay que agradecerle Monster, Billy Bat o Pluto.

Y el tercero es un tipo extraño del que sólo había visto publicadas dos obras (cortitas, además), y del que acaba de salir una tercera, y al verla he dado palmas con las orejas. Hablo de Junji Ito, y la alegría del mes me la ha dado ECC con Black Paradox.

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No puedo juzgar la obra de Ito a raíz de lo publicado en España. Hasta ahora, sólo habían visto la luz Uzumaki (publicado por Planeta en 2004, seis medios tomos) y Tomie (La Cúpula, dos tomos en 2006). Y ambas obras me dejaron un delicioso sabor de boca, perturbado y enrarecido. Con un deje lovecraftiano, si me apuras. Y como fan del tarado de Providence, que me consta que no es apto para paladares no educados, no puedo evitar sentir una profunda fascinación por la obra de Ito. Así que cuando vi que, ocho años después, se anunciaban nuevas obras de este tipo no pude evitar querer ponerle una vela de sebo humano a Yog Sothoth.

Black Paradox es un tomo autoconclusivo, con lo cual nos quitamos de en medio uno de los grandes males que veo en el manga: obras interminables firmadas por autores que se quedaron sin ideas veinte tomos atrás. Las obras que he leído de Ito, quizás por ser un autor cuya producción no va enfocada al público generalista (vamos, que no es un Naruto) van al grano. Planteamiento, nudo (o espirales) y desenlace. Sin más, y sin perder el tiempo con capítulos de relleno. Tanto es así que en este tomo la historia principal, Black Paradox, ocupa las primeras 206 de las 248 páginas, siendo completado con dos historias cortas (La Lamedora y El Pabellón De Lo Paranormal)

El principio de Black Paradox es un tanto distante para el lector occidental. Cuatro personas que se conocen por internet quedan para suicidarse juntas. La alienación de la sociedad japonesa y el suicidio (no olvidemos que Japón es el noveno país del mundo en tasa de suicidio) pueden ser un punto de partida que haga que el lector en su país de origen empatice con la obra, y aunque aquí conozcamos ese trasfondo, no nos resulta tan cercano.

Y lo que empieza siendo una obra de carácter realista, rápidamente vira hacia lo sobrenatural, hacia horrores desconocidos, hacia repugnantes masas de carne informe y hacia la sensación de que la humanidad no es más que una intrascendente nota a pie de página en el libro del universo. Lo dicho, Lovecraft en estado puro. Ni te acerques si eres de los que prefieren el terror (je) más amable de Stephen King o autores fast food similares.

Eh, y encima anuncian que está en preparación Gyo, otra más de este tipo. De peces hediondos. Allí estaremos.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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