Con Bezimena, obra que nos ha traído a España la editorial Reservoir Books, nos encontramos ante un título inquietante. Lo que se nos muestra... Bezimena

Con Bezimena, obra que nos ha traído a España la editorial Reservoir Books, nos encontramos ante un título inquietante. Lo que se nos muestra en ella, unido al desalentador epílogo a cargo de la autora, no dejará a ningún lector indiferente. Se trata de una obra planteada narrativamente a medio camino entre el cómic y el relato ilustrado (aunque mucho más cerca de este último), es de esas historias que dejan un poso de inquietud, e incluso malestar por poder disfrutar artísticamente de una historia tan retorcida.

Bezimena nos cuenta la historia de Benny, un chico que desde su infancia se veía arrastrado por sus impulsos sexuales exacerbados, que tiene que acabar abandonando sus estudios y que ya de adulto encontrará trabajo como limpiador en un zoo. Un día encuentra a su amor platónico del colegio en dicho zoo y ve que olvida un cuaderno de dibujos, donde se encuentran todo tipo de perversiones que él interpreta como una invitación a practicarlas con él, puesto que cree que el protagonista se le parece bastante.


La historia nos intenta introducir en la mente de un agresor sexual, nos pone dentro de su cabeza, cómo ve las cosas y qué le impulsa a hacer las cosas que hace. A caballo entre lo surrealista y lo onírico, la autora refleja ese territorio, tan desconocido aún, que es la cabeza de un violador. Para ello, nos presenta a este Benny, que casi nos puede producir empatía, nos cuenta su infancia con esos impulsos que uno puede llegar a disculpar por su juventud, y cómo él entiende que no está haciendo nada malo, y que realmente está haciendo lo que la otra persona le ha sugerido que haga. A través de la introducción y el epílogo ilustrados, juega a convertir este relato en una actualización del mito de Artemisa y Siproites. Siproites era un cretense que quiso violar a una de las sacerdotisas de la diosa de la caza y los animales salvajes, quien castigó al joven convirtiéndolo en mujer. Durante una de las ensoñaciones del personaje, volverá a este concepto, sintiendo como que se va convirtiendo en un ciervo.

Por si la obra de por sí, no provocara malestar e inquietud, la autora Nina Bunjevac, cuenta en un epílogo escrito al final del relato cómo en su infancia en su Serbia natal (tras lo cual se afincó en Canadá) sufrió el intento de dos violaciones, y cómo al tratarse de una época preguerra, se podía llegar a justificar ese tipo de comportamiento por parte de la gente, achacando a la dura época en la que se vivía. De hecho el libro está dedicado a aquellas personas que no corrieron tanta suerte como ella y no pudo evitar la consumación de la violación y, no obstante, el título es ya toda una declaración de intenciones, puesto que en serbio significa «sin nombre», y es una manera de dar voz a la historia de tantas chicas sin nombre que han pasado por ese trance.


En cuanto al dibujo es una de las cosas que más llama la atención a primera vista. Bunjevac tiene un estilo hiperrealista, con un sombreado puntillista y a base de masas de líneas finas que hacen el dibujo casi fotografías, por el nivel de detalle. Recuerda bastante al trabajo de Emil Ferris en Lo que más me gusta son los monstruos en ese aspecto. Decía al principio que es casi más un libro ilustrado que un cómic, porque tiene una estructura predominante de una página en negro con un par de bocadillos de texto y una splash page muda, pero no sigue a rajatabla esa estructura, y hay ocasiones en las que no hay texto y tenemos varias viñetas a página completa seguidas y algunas otras páginas en las que hay una secuenciación de viñetas. Lo que no vamos a ver en ningún momento es un bocadillo de diálogo en una viñeta. Desde la propia editorial ya reconocen las influencias de obras cinematogáficas como La mujer pantera o El detective cantante.

A pesar del tema que trata, esa limpieza del dibujo y esa escalofriante calma del protagonista contrastan con la violencia de lo que cuenta, y contribuye a ese malestar que comentaba que genera la obra. Incluso aún intuyendo qué es lo que sucede, esos rasgos amables de Benny, su aparente docilidad, esa timidez… están muy bien transmitidas, a pesar de tener solo ilustraciones aisladas, sin una secuencia narrativa evidente, y es algo realmente meritorio por parte de la autora. El libro tiene escenas de sexo explícito, pero vistas desde la perspectiva del protagonista, por lo que no debe temerse a escenas desagradables para el lector a primera vista. Y digo a primera vista, porque con suma inteligencia, el efecto que produce la autora cuando ves realmente qué es lo que está pasando, es mucho más impactante que si hubiera ilustrado las escenas directamente desde una perspectiva más violenta.


En definitiva, Bezimena.

Una obra con una presentación muy vistosa gracias a su dibujo hiperrealista y preciosista, y una encuadernación de lujo, holandesa en cartoné, con papel poroso de alto gramaje. Nina Bunjevac presenta una obra en la que intenta meterse en los pies de un agresor sexual, pedófilo, desde la psicología de cómo vive las cosas y poniendo el objetivo en su enfermedad mental y en su distorsión de la realidad. Precisamente ese enfoque amable, casi de novela romántica, produce un efecto mucho más inquietante en el lector, y nos coloca en un punto desde el que esos instintos que nos salen cuando oímos noticias de violadores están más contenidos y hacen que lo veamos desde la perspectiva de la enfermedad. Ojo, no pretendo decir que se vea con indulgencia, pero sin duda es un punto de vista diferente al que se suele utilizar en este tipo de obras. La guinda del pastel la pone ese epílogo de la autora en la que relata su experiencia y le aporta una nueva capa de lectura a la obra. No debe entenderse ni la obra ni esta reseña como que todos los violadores son enfermos mentales, ni viceversa, pero sí hay algunos que lo son, y es este tipo concreto de personas sobre las que habla la autora. En todo momento me he ceñido a comentar este caso concreto, pero no se debe generalizar.

Lo mejor: El dibujo es espectacular. La sensación de malestar que deja. El tratamiento de la historia, que descoloca al lector y produce sensaciones muy intensas.

Lo peor: Viendo las escasas páginas en las que hay una narración secuencial propiamente dicha, me habría gustado ver más de ese tipo.

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Bezimena (RESERVOIR GRÁFICA)
Nina Bunjevac and RESERVOIR BOOKS
Precio: EUR 23,65
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Bezimena
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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

  • Ismamelón Sobrino

    23 septiembre 2019 #1 Author

    Se trata de un libro ilustrado para adultos. (A las vallas con los cobardes.)
    Por algún extraño complejo habrá quien crea que la ilustración y los libros ilustrados son un medio y un objeto inferior a la historieta y a los tebeos. De ahí todo este tinglado en el que se entremezclan un tipo legitimización cultural innecesaria y la operación promocional desafortunada de siempre de parte de editores y agentes. Afortunadamente todavía existen obras y autores sobre los que resultaría ridículo ejercer esa violencia intelectual, por el ejemplo, el gigante Jimmy Liao y Las alas. Un libro con un relato muchísimo más complejo y rico y que más fácilmente se podría avecindar a la historieta. Aunque de forma innecesaria, pues las más de las veces el tipo de abordaje fijado en la mente de los acomplejados de la novela gráfica les lleva balancear planteamientos totalmente subjetivos a partir de categorías como las de la adultez (básicamente, temas y asuntos que se entienden como problemáticos). ¡Y Jimmy Liao es para criajos y adultos emocionalmente desatendidos!

    ¡Justicia para Jimy Liao! ¡Gigante!

    Ismamelón Sobrino

    Y no tengo de idea del país de procedencia del Benzimena. Ni me va ayudar el tonto editor a averiguarlo.

  • Ismamelón Sobrino

    23 septiembre 2019 #2 Author

    Para secuencial las hilarantes y candorosas aventuras de Serafín Cordero. ¡Rebecca Dautremer!

    Ismamelón Sobrino

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