El prestigioso guionista y dibujante Sam Kieth, responsable de Batman: Fantasmas y Batman: Secretos nos trae el relato desgarrador pero emotivo de un muchacho... Batman: Scratch

Batman está investigando el caso de Zack, un niño aparentemente normal que, a los 15 años, tuvo que vendarse el brazo porque le daba vergüenza mostrar al mundo la transformación que estaba empezando a sufrir, un proceso que no hizo más que agravarse. Ahora, Zack es un licántropo, y está desesperado por encontrar un hogar al que pertenecer. Pero los hombres lobo no encajan fácilmente en ninguna parte…

Qué rabia da cuando un autor al que idolatras empieza a dar muestras de declive, y a caer en lugares comunes, convencido de que su firma ya bastará para vender un montón de ejemplares. Es lo que le ha pasado a Sam Kieth (Batman: Secretos, Batman: Fantasmas), autor que tuvo su gran momento de gloria a finales de los ochenta y en los noventa. Cocreador de The Sandman y poseedor de un estilo de dibujo único e irrepetible, Kieth supo hacer de su particular forma de dibujar y entintar su sello de autor. Grandes volúmenes, abundantes sombras, estrafalarias poses y rasgos caricaturescos son las características que definen el trazo de este peculiar dibujante. Y es que o le amas o le odias, pero no sabe dejar a nadie indiferente. El problema viene cuando ante una obra tan peculiar como este Scratch, el que le odia se reafirma en su posición, y el que le ama encuentra un motivo para cambiar la suya.

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La mezcla de un personaje como Batman y un autor tan reconocible como Kieth debería ser suficiente aliciente para obtener un tebeo espléndido. No obstante, el Sam Kieth que tenemos aquí escribe y dibuja con el piloto automático puesto. En el aspecto gráfico se dedica a repetir una vez tras otra los mismos trucos que le granjearon la fama hace treinta años, y ya no se esfuerza por innovar o incluso hacer bien lo que mejor sabe hacer. Y desde el punto de vista narrativo, Kieth es un escritor mediocre, que aquí tropieza en la misma piedra con la que tropezó en su Fantasmas. El monstruo deforme, la chica bienintencionada… son los personajes que protagonizaron su The Maxx en los años noventa, una de las obras más reivindicables de la editorial Image original, y aquí se vuelven a convertir en protagonistas de un cómic que oscila sin ninguna coherencia entre el terror y el humor slapstick, lo que provoca que fracase en ambos géneros. Por si fuera poco, la presencia de Batman es meramente testimonial, puesto que aparece en tan solo 21 páginas de las 128 que conforman la miniserie, y únicamente como testigo inmóvil de la acción. De hecho, no es hasta el último número que Batman aparece en escena, pero si le eliminas de la trama la historia funciona exactamente igual… de mal.

Es una lástima que Kieth, capaz de páginas tan maravillosas como las que nos mostró en su Batman: Secretos, trabaje aquí en modo automático y sin poner ningún esfuerzo en dotar a sus dibujos de la apabullante personalidad a la que nos tenía acostumbrados. Sí, aún nos presenta algunas viñetas y páginas especialmente inspiradas, pero en su conjunto este Scratch es un trabajo mediocre, con una historia que pretende ser de terror en un ambiente redneck hostil. Aquí alzamos la ceja por primera vez: ¿qué hace Batman investigando la muerte a mordicos de un ciervo en un entorno rural, aparentemente en el sur de EEUU, tan lejos de Gotham? La historia avanza a trompicones, con personajes planos y arquetípicos que aparecen de la nada a exigencias del guion, fallos gordos de raccord y un estrepitoso fracaso a la hora de intentar hacernos sentir simpatía por el joven protagonista licántropo. Al guion y al dibujo poco motivados le tenemos que añadir un coloreado que poco ayuda a meternos en la historia. Un trabajo de Alex Sinclair con una separación digital de colores que hubiera quedado bien en un cómic de la Image noventera, pero que aquí y ahora parece totalmente desfasado.

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Tal como escribí al principio de esta reseña, es una lástima que un autor tan dotado y reverenciado como Sam Kieth haya caído en los manierismos y lugares comunes en los que abunda en este Batman: Scratch. Porque sabiendo de lo que Kieth es capaz, verle tropezar en este bache de mediocridad es un golpe muy duro para los que crecimos admirando sus trabajos noventeros. Con el apoyo de un buen guionista, un coloreado más inspirado y dedicación suficiente a cada página, Sam Kieth es indudablemente capaz de crear obras maravillosas, como las que esperamos volver a leer en breve.

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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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