Una de las características que hacen de Grant Morrison un escritor tan sólido es que cuando afronta etapas largas en las series que escribe... Desde la pila: Batman – Los archivos negros

Una de las características que hacen de Grant Morrison un escritor tan sólido es que cuando afronta etapas largas en las series que escribe hace una planificación global de lo que quiere contar antes de empezar. Así, sus estancias en series como Animal Man, JLA o Doom Patrol, por muy compleja que fuera su narrativa, tienen un principio y un final perfectamente definidos y un camino que, aunque no sea fácil de seguir en ocasiones, da siempre pasos en la dirección correcta. En particular, sus siete años en Batman tenían una muy interesante idea de partida: ¿y si todas las historias que se han publicado de Batman realmente le hubieran ocurrido? ¿qué ocurriría con la salud mental de una persona que hubiera tenido tal cantidad de vivencias? En cierto modo, esa idea gira alrededor del concepto del Hipertiempo, desarrollado por el propio Morrison y Mark Waid a finales de los 90 (y del que hablamos en nuestro podcast dedicado a Otros Mundos aquí): todas las historias, por alternativas que sean o fuera de continuidad que estén, han ocurrido en algún momento de alguna realidad y han afectado a la continuidad vigente de algún modo.

Evidentemente, es absolutamente inabarcable que Morrison hiciera referencia a todas las historias publicadas del personaje en los sesenta y siete años previos a la llegada del escocés. Pero sí que hay un puñado de historias que veremos referenciadas a lo largo de su etapa, seleccionadas de entre la Golden y la Silver Age, y que son precisamente las que DC recopiló en el tomo The Black Casebook, un tomo que resulta ser un companion imprescindible para entender lo que ha hecho Morrison en toda su extensión pero que también funciona como una excelente selección de historias de los primeros veinticinco años del Murciélago.

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Los Archivos Negros recopilan doce historias publicadas entre 1951 y 1964, más de la mitad escritas por Bill Finger y dibujadas por Sheldon Moldoff. Eso ya nos da una pista de qué tipo de cómic tenemos entre manos: una obra de hace más de medio siglo, con unas formas narrativas muy diferentes a las que estamos acostumbrados hoy en día y un estilo gráfico que puede parecer anticuado pero no por ello es ineficaz. Son historias tremendamente imaginativas, en las que la oscuridad del personaje durante la Golden Age había quedado atrás, en parte por la presencia del Comics Code Authority -sólo la primera de las doce historias es anterior al Code-, pero también buscando un nuevo tono para una nueva generación de lectores. Es innegable que las historias de la Silver de DC no son para todos los paladares. Habrá quien se quede fascinado y boquiabierto por la locura de estas historias -como el que suscribe- desde su primer contacto con ellas, pero tienen un estilo que no tiene nada que ver con el de los últimos veintitantos años.

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En este tomo tenemos un tipo de historias que predomina: las distintas versiones de Batman. Así, arrancamos con Wingman, una versión de Batman para un país europeo indefinido al que entrena el Murciélago, pero también llegará un Batman nativo americano y se dará el triple mortal con Los Batman de todas las naciones, escrita por Edmond Hamilton, autor al que se adjudica la creación de la Space Opera. En esta historia veremos al argentino Gaucho, al italiano Gladiador, al inglés Caballero (con su correspondiente Robin, Escudero), al francés Mosquetero y al australiano Ranger. ¿Demasiado marciano? Tranquilo, se puede forzar un poco más el límite. Así, en un tiempo pasado veremos un Batman anterior a Bruce Wayne, otro en otro planeta (el de Zur-En-Arrh al que Morrison consiguió meter en su historia), e incluso uno de otra dimensión, el inimitable Batmito. Y en otra línea, explorando los límites de la cordura del personaje, tenemos también en este tomo la magnífica Robin Muere Al Amanecer, una de las mejores historias publicadas en toda la Silver Age.

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Hay un comentario recurrente entre el fandom repartecarnets, y es acusar a alguien (escritor, cineasta, fan o lo que toque) de no haber entendido qué es Batman. Y estos Archivos Negros son una magnífica prueba de que no hay UN Batman. Casi cada autor que ha dejado su huella durante los más de ochenta años desde su creación de la mano de Bill Finger y Bob Kane ha presentado un enfoque distinto. Y el Batman de Finger de los 30 no tiene mucho que ver con el del propio Finger de los 60, y el de Hamilton no tiene nada que ver con el de Tom King, o el de France Herron con el de Frank Miller. Este volumen es una muestra de un registro del personaje que quedó atrás, pero que aún toca la fibra a una buena cantidad de lectores.

Y lo de siempre cuando hablamos de clásicos pre-Crisis de DC. ¿Qué posibilidad hay de conseguir este tomo hoy en día? A día de hoy, es complicado. La única edición que hay en castellano la lanzó Planeta DeAgostini en 2010, cuando aún tenía los derechos de publicación de DC en España. ECC no lo ha reeditado, pero teniendo en cuenta que aún está embarcada en la reedición de la etapa de Grant Morrison en Batman Saga, no es una posibilidad del todo descartable. Cruzad los dedos.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

  • XAVI

    17 mayo 2020 #1 Author

    La verdad es que la Etapa Morrison en Batman es una etapa larga. Para mía abarcaría 3 períodos (Batman pre-Crisis infinita) – (Batman & Robin) – (Regreso de Batman). Debo decir que de lo que más me ha gustado (aparte de usar la mitología del personaje, para bien) ha sido devolver/crear/recrear en la contuidad a Damian Wayne y poner a Dick Grayson como Batman. Lo que en su momento «no fue» KnightFall y «casi» Prodigal aquí es una inversión de papeles en toda regla. El Batman jovial y el Robin duro.

    «Casi cada autor que ha dejado su huella durante los más de ochenta años desde su creación de la mano de Bill Finger y Bob Kane ha presentado un enfoque distinto». Curioso que lo digas. Y en el fondo, tienes razón. Lo malo es que «algunos» autores están más preocupados en dejar «SU» huella en el personaje que en dar relevancia a la mitología del personaje.

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