El Batman que ríe, Los tres Joker de Johns, la película Joker de Todd Phillips… Parece que el payaso más famoso del universo comiquero... Batman: Caballero blanco

El Batman que ríe, Los tres Joker de Johns, la película Joker de Todd Phillips… Parece que el payaso más famoso del universo comiquero está de moda. Tenemos que sumar Batman: Caballero blanco a la lista de obras relacionadas con el enemigo más mortífero de Batman, así como su secuela La maldición del Caballero blanco, recién comenzada su publicación en nuestro país por parte de ECC Ediciones. Murphy nos plantea un Elseworld/Otros mundos en toda regla, contándonos una historia que se apoya en una premisa muy sencilla pero cuyas consecuencias podrían dinamitar el universo DC en lo que respecta a Batman.

Dicha premisa no es otra que la sanación del Joker. Comienza a tomar un tratamiento que revierte su personalidad a la de Jack Napier y, con la ayuda de Harleen Quinzel comenzará una campaña de acoso y derribo legal contra Batman y cierto sector de la policía de Gotham, con la intención de dedicar todas las ganancias que pudiera obtener a obras sociales. Además, aprovechará su popularidad para poner en relevancia cómo afecta a la ciudad el hecho de tener a un justiciero que arrasa con ella cada vez que persigue a un criminal y cómo la policía hace la vista gorda cuando le interesa.


El trabajo de Murphy en Batman: Caballero blanco es muy interesante. En primer lugar, porque se marca un dibujazo que está al nivel de sus mejores trabajos, con unas escenas de acción trepidantes y un diseño de personajes y escenarios que encajan a la perfección con esa Gotham sucia y oscura que tantos años lleva cautivándonos. Tiene una narrativa muy cinematográfica, con predominio de viñetas alargadas hasta ancho de página que encaja con lo que cuenta y cómo lo cuenta. Como única pega, al tratarse de una obra con tantos personajes secundarios y que le obliga a seguir unas pautas ya marcadas, es verdad que hay situaciones en las que sus rostros tan característicos con peinados hacia atrás, narices picudas y mandíbulas cuadradas hacen que dudemos de a qué personaje estamos leyendo en determinados momentos. El equipo que forma con Matt Hollignsowrth es fabuloso. Se nota que se encuentran cómodos trabajando juntos y aportan una sensación de familiaridad con el dibujo, como de ya visto antes.

Pero en mi opinión lo más destacable (que ya es decir) de la obra es el guión. La premisa es muy sencilla, pero cómo explota la idea Murphy me parece brillante. Tiene en cierto modo un punto en común con el Joker de Todd Phillips, al que algunos han colgado una vitola de justiciero social que no tiene demasiado sentido, pero que aquí se orienta de otra manera. Aquí Murphy plantea una inversión de roles a ojos de la sociedad. Plantea una situación en la que los ciudadanos de Gotham comienzan a ver a Batman como un criminal y a Napier como un defensor de su ciudad. Y lo desarrolla de una manera progresiva y fundamentada, con sus detractores que poco a poco van convenciéndose de que tal vez Batman no sea tan bueno para Gotham.


Con todo, y habiendo disfrutado muchísimo de la obra, creo que tiene un gran problema: Exige que ese contrato figurado de suspensión de la incredulidad que el lector firma con el autor lo firmemos con sangre. Y es que si la premisa es interesante y la desarrolla de manera original, creo que su gran defecto es el tratamiento de los personajes. Hay muchos personajes que no actúan de manera lógica: Harley sacrifica su locura en cuestión de segundos cuando ve que su pastelito ya es una persona cuerda. Sí, luego intenta justificarlo con un acto de crueldad que hizo que lo viera excesivo incluso para ella… pero no me funciona. Duke Thomas parece sacado de la Cocina del Infierno y esperas que aparezca Danny Rand en cualquier momento. Igualmente la evolución de Gordon o de Dick me parecen poco coherentes… si la vemos con los ojos de la continuidad habitual. Porque no olvidemos que esta historia, aún sin el sello que lo corrobore es un Otros mundos. Eso sí, si vemos la historia acogiéndonos a dicha suspensión de la incredulidad, funciona como un tiro.

Murphy no solo recurre al nutrido plantel de secundarios del personaje, sino que además crea uno nuevo: Marian Drews, Neo Joker, una víctima de Joker que aceptó sustituir a Quinzel cuando esta se apartó de él. Un personaje que mezcla los personajes de Joker y Harley Quinn como nueva líder del crimen en la ciudad. Sin ser un personaje rebosante de originalidad, representa muy bien lo que pretende, y viene a convertirse en el némesis de Jack Napier (más que de Batman) y de ser ese elemento que pone a prueba hasta dónde es capaz de llegar el reconvertido villano para defender a su ciudad.


En definitiva, Batman: Caballero blanco es una obra que merece la pena leer. Una obra que definiría como el Joker de Todd Phillips si lo hubiera dirigido Christopher Nolan, analizando al eterno villano de Batman pero aprovechando hasta el último rincón del Universo de Batman. Caballero Blanco puede ser el Dark Knight de Sean Murphy (el título ya delata), una obra que tiene personalidad, que plantea una situación a la que se puede sacar mucho rédito y que, aunque a primera vista uno puede verla como un insulto a la idiosincrasia del personaje, acaba llevando a los personajes a su sitio natural y acaba en un punto coherente con cada personaje. Si bien exige un poco (probablemente para muchos, de más) de indulgencia con cómo presenta a algunos personajes a través de sus actos, es una de las obras más interesantes que he leído del personaje en años.

Lo mejor: La premisa y su desarrollo. El dibujo de Murphy (siempre). Incluso en las ideas que puedan hacer torcer el gesto a los fans de siempre, intenta dar una explicación para ello, como siendo consciente de que nos está exigiendo mucho…

Lo peor: Algunos personajes no funcionan en su manera de actuar. Hacen cosas que no esperaríamos de ellos.

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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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