Londres. Finales del siglo XIX. Una fina niebla inyectada de hollín ennegrece la ya de por sí impenetrable noche en la capital del Imperio... Reseña: Basil & Victoria integral.

Londres. Finales del siglo XIX. Una fina niebla inyectada de hollín ennegrece la ya de por sí impenetrable noche en la capital del Imperio Británico. La exigua luz de gas de las farolas perfila las calles de Whitechapel, proyectando un paisaje fantasmal preñado de sombras y tinieblas. El panorama empieza a resultarme de lo más familiar, incluso el olor. Todo es mugre, miseria y olor a rancio. Y ratas. Muchas ratas.

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Autores: Yann y Édith
Editorial: Ponent Mon
Traducción: Fabián Rodríguez
Páginas: 240
Tamaño: 216 x 286 mm
ISBN: 978-1-910856-14-7
Precio: 39,00 €


Un elegante carruaje pasa a mi lado traqueteando por encima del húmedo suelo empedrado y salpicándome de barro. Ni siquiera piden disculpas los muy gentlemanes. A esta hora varios locales de la peor reputación continúan abiertos; el jolgorio y las más habituales riñas se sienten por todo el barrio. Igual que la actividad de las putas. A plena vista, tampoco es que intenten ocultarse en callejones demasiado oscuros, no vaya a ser que en un despiste les saquen las entrañas a cuchilladas ¡Chas, chas! Y en medio de ese escenario lamentable, niños. Al menos dos: Basil & Victoria. Niños que sobreviven aventuras en la más pura tradición victoriana. Todo muy a lo Dickens, pero muy distinto al mismo tiempo. Entonces cierro el libro y salgo a comprar cerillas (verídico). La aburrida realidad del día a día exige su lugar, pero yo sigo en Londres. Hoy ceno bígaros y duermo en una destartalada chalupa del puerto, aunque el mar quede a cientos de kilómetros de aquí. Y así un día tras otro, hasta que termino la lectura y una parte de mí queda atrapada para siempre en ese decimonónico y roñoso mundo (o ese mundo en mí), como solamente ocurre con las obras maestras.

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Basil & Victoria es una experiencia inmersiva. Mientras estoy leyendo no siento deseos de ponerla en su contexto; no me apetece escribir sobre ella; sólo quiero dejarme llevar por la cascada de sensaciones contradictorias que trasmite la historia. La idea es vivir mil vidas, que diría aquél. Reír, llorar de la emoción y, en ocasiones, sufrir y angustiarse. A regañadientes abandono el puerto de la exótica Zanzíbar para explorar su génesis. La del tebeo. Porque Basil & Victoria es un tebeo, no sé si lo había mencionado. La primera historia de nuestros pequeños protagonistas se publica allá por el año 1990, de la mano de la editorial Les Humanoïdes Associés…¿Humanoides asociados…? Pues sí, exactamente eso. La editorial que dio vida a la revista Métal Hurlant, tan indudablemente influyente y tan valorada por estos lares. Moebius, Jodorowsky, Manara, Richard Corben… El Incal, La Casta de los Metabarones… Ciencia-ficción, terror y erotismo. Género fantástico puro, alabado sea el Señor. Por lo visto el mundo del sueño que rodea la obra que hoy nos ocupa es tan interesante como cabría esperar. Pero volvamos a Londres, al siglo XIX.

En esa Inglaterra de Dickens -la del Imperio-, Basil y Victoria, como decíamos, sobreviven una y mil aventuras. Basil caza ratas con la ayuda de su fiel perro Cromwell, y Victoria se lamenta de que un hatajo de gitanos la robara de la corte de la Reina Victoria cuando sólo era un bebé. Sus peripecias los llevan desde los arrabales de Londres hasta la lejana costa oriental de África, pasando por las estériles islas del norte, y de vuelta a la gran ciudad. El arte de Édith Grattery esboza escenarios fabulosos, que se descubren despiadados a la vez que fascinantes. El dibujo es absorbente, ya os lo decía. Sólo cuando has terminado de leer te acuerdas de la ilustradora. Es ahora cuando puedo detenerme en ese estilo cartoon, coloreado y entintado casi a la cera, o a la ceniza de chimenea funcionando a todo meter en pleno invierno, que introduce pinceladas de optimismo infantil en espacios desolados. Grattery (una desconocida para mí, lo admito), refleja los bajos fondos con precisión quirúrgica. El grado de implicación es total.

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Ciertamente, la ambientación marca el tono de las historias de forma magistral, pero sin imponerse al desarrollo de los protagonistas. Las letras de Yann LePennetier (curtido en mil batallas, éste sí, especialmente apreciado por mí por su Lucky Luke, aunque no sea su obra más relevante) describen unos personajes que tienen más comportamientos en común de lo que a ellos mismos les gustaría reconocer, sea cual sea su edad o su clase social. Los burgueses son miserables y mezquinos, tanto como los cabecillas mafiosos de los bajos fondos, pero más limpios, con otra actitud, con más clase y eso…  y sobre todo con otro tipo de intereses. Y los personajes infantiles, batidos por la miserable vida en la urbe, van por el mismo camino; No se comportan como niños, pero tampoco como adultos en realidad.

Tanto la personalidad de Basil como la de Victoria, así como sus relaciones entre ellos y con los actores secundarios, quedan perfectamente definidas. En Basil & Victoria los niños actúan, en cuanto al funcionamiento interno de la historia, al mismo nivel que los adultos. Sus interacciones son directas, de tú a tú, salvando de malas maneras el gradiente de poder que existe entre unos y otros. Los personajes principales, debajo de una capa de sentido del humor inconsciente y detrás de una cortina de motivaciones de lo más simples, resultan increíblemente complejos. La resignación con la que esos niños de la calle aceptan el mundo tal y como es, sin comprender del todo su situación, pero adaptándose a ella de la manera en que sólo un crío podría hacerlo, es demoledora. Victoria no tiene dinero -y es demasiado joven para ser puta-, su hermano es un ladronzuelo de destino incierto, y Basil la abandona por una recién llegada. Pero la vida corre más deprisa que los lamentos, y prácticamente no hay tiempo para echarse a llorar.

Basil y Victoria no se cuestionan sus circunstancias, pero el lector, incómodo en el sofá, sí lo hace. Y aquí estamos ante el elemento más potente del tebeo. Las sonrisas y las alegrías no son ajenas a las historias de estos chicos, pero desde mí perspectiva biempensante y un poco hippie, el tono del cómic es terriblemente pesimista. Página tras página la sensación de que esos pobres niños nunca van a salir del agujero puede llegar a ser asfixiante, aunque los propios personajes ni siquiera se lo planteen. De las cinco historias, unas acaban peor que otras, algunas incluso se puede decir que acaban bien, aunque en realidad todo siga terriblemente mal.

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No hace falta decir, o sí, que el libro es una sátira histórico-social. Basil & Victoria mezcla referencias históricas reales con ficción, incluso fantasía, pura y dura. Figuras históricas como Oscar Wylde o la propia Reina Victoria, comparten protagonismo con personajes de ficción salidos de las novelas de los autores más populares que generó el Imperio Británico. La versión de Yann y Édith del famoso Doctor Watson, por ejemplo, puede resultar incluso ofensiva para los seguidores del personaje. El retrato de la sociedad de la época es magistral. Contado a través de los ojos de unos personajes descritos de forma más dispersa al principio, pero que van cogiendo fuerza a medida que se desarrolla la historia. Al final todo está mucho más definido. Diría que Basil & Victoria termina justo cuando uno se ha quitado las zapatillas, se ha encendido un puro, y ha puesto los pies encima de la mesa; muy a gusto entre la mala gente de los barrios bajos londinenses. Esta irregularidad en el desarrollo de las tramas quizá tenga su origen en el lapso de tiempo transcurrido (unos once años) entre la publicación original de la tercera y la cuarta historia.

El integral que nos ocupa, impecablemente editado por Ponent Mon (buen papel, tamaño perfecto, imprescindible tapa dura… puro ejemplar de biblioteca), reúne las cinco historias que se han publicado sobre Basil & Victoria hasta la fecha.

El primer álbum, titulado Satí, salió a la venta en octubre de 1990. Ahí es nada. El título posee una narrativa más desordenada y dispersa que los que vendrían después, pero en él se sientan las bases y ya se destila la esencia de Basil & Victoria. El tebeo está plagado de desgracias, sobre todo para la pobre Victoria, o para la propia Satí, el personaje secundario de la trama, y sin embargo en varios momentos no podemos contener la sonrisa. Los personajes calan muy hondo en muy pocas páginas. Sensaciones contradictorias y magnetismo arrollador, como decíamos.

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En 1992 sale a la venta la segunda entrega: Jack . Galardonada con el premio Alph-Art al mejor álbum francés del Festival de Angulema del 93. Jack el Destripador se cruza en las vidas de nuestros pequeños personajes protagonistas, era inevitable. Otra vez las teorías de la conspiración, y vuelta a los lugares comunes de esta historia contada una y mil veces. Quizá por eso ésta era la entrega que a priori despertaba menor interés en mí. Hasta que me adentré junto a Watson y un par de bobbys en esa pensión/orfanato, al más puro estilo Dickens, con niñas que no paran de toser intoxicadas por su trabajo en una fábrica de cerillas, ratas por todas partes, y la sensación de que estás allí metido y consumido por las pulgas. Sin duda lo más interesante del relato es la transformación, paralela a los asesinatos del Destripador, de la propia Victoria, consumida la pobrecita por la tragedia. Ese enfoque infantil sobre los crueles asuntos de un submundo implacable que comentaba. Absolutamente fascinante.

El tercer álbum de Basil & Victoria, titulado Zanzíbar, llega en 1995. La tristeza de Victoria y la crueldad inconsciente de Basil al principio de este capítulo son impactantes. Podría parecer que lo que viene después es más de lo mismo pero en la costa africana. Niñas malvadas por aburrimiento, comportamientos salvajes aceptados con la mayor naturalidad, sueños frustrados… Pero el tono del álbum es completamente diferente, fuera de las calles de ese Londres asfixiante, con colores mucho más luminosos en viñeta y escenarios abiertos. La sensación de tebeo de viajes y aventuras se multiplica, aunque el espíritu se mantenga.

Un puñado de años después, Yann y Édith continúan las historias de Basil y Victoria con los álbumes Pearl (2006) y Ravenstein (2007). Una vez presentados los personajes y perfiladas sus personalidades, los autores pueden centrarse en realizar, en mi opinión, las dos historias con más calidad de la obra. En la primera me encuentro con una fábula de piratas, con mapa del tesoro, leyenda maldita y juegos de palabras con referencias a la actualidad, al estilo Astérix. En la segunda, la acción regresa al Londres victoriano en una narración fascinante sobre deshollinadores, boxeo y cuervos… El momento álgido de la lectura. Ya os decía que el tomo se acaba en lo mejor y te deja con ganas de seguir. Quizá algún día.

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Por lo demás, y como curiosidades, se puede decir que Basil & Victoria inspiró la serie de televisión animada Orson y Olivia (ni idea), y que en el 92 la editorial Xerais publicó el primer tomo en galego. Para quién le pueda interesar.

Lo dicho. Hay algunas lecturas que trascienden el mero entretenimiento y se convierten en toda una experiencia, en el sentido más literal de la palabra. Basil & Victoria es una de esas.

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Mario

He visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves Skrull más allá de Apokolips. He visto al Doctor Manhattan brillar en la oscuridad cerca de la Zona Azul de la Luna. Todos esos momentos, guerra química y podcast.

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