Corrían los años noventa y los tebeos de superhéroes estaban realmente enfermos (salvo honrosas excepciones). Afortunadamente, la línea Vertigo de DC acudió al rescate,... Balas Perdidas 5: Hazañas y travesuras

Corrían los años noventa y los tebeos de superhéroes estaban realmente enfermos (salvo honrosas excepciones). Afortunadamente, la línea Vertigo de DC acudió al rescate, pero no vino sola. Quizá un un modo un tanto más tímido, llegó una serie de títulos de una incipiente escena independiente que cobraba cada vez más fuerza. Son los años de mayor éxito del Love & Rockets de los hermanos Hernández (aunque estos ya llevaban unos años en ello), del Odio de Peter Bagge, del Agujero negro de Charles Burns, del Eightball de Daniel Clowes, incluso el Bone de Jeff Smith y, por supuesto, Balas Perdidas de David Lapham.

Balas Perdidas 5: Hazañas y travesuras

Han pasado más de 20 años desde que en 1995 unos jóvenes David y Maria Lapham crearan El Capitan Books, la editorial bajo la que sacarían su propio título. Tras unos primeros pasos en los que David había estado trabajando para Valiant y Defiant comics llegó el momento de dar comienzo a Balas Perdidas, una serie que estaría completamente adelantada a su tiempo… aunque quizá no en todos los sentidos.

Balas Perdidas hace 20 años trabajaba un género negro con tratamiento tanto en guión, dibujo y estructura mucho más cercano a lo que podemos ver hoy día que a cualquier cómic de los 90. Paradójicamente, a la vez que se anticipaba de manera visionaria, cada nueva entrega se retrasaba más y más. David Lapham descuidaba la cadencia de su serie de autor en favor de pastos más frescos en Marvel o DC. Y así en 2005 la serie queda suspendida con un arco argumental sin terminar. Afortunadamente, en 2014 se decidiría a retomarla (esta vez bajo el paraguas de Image) y gracias a ello podemos leer Balas Perdidas: Hazañas y travesuras de la mano de La Cúpula.

Balas Perdidas 5: Hazañas y travesuras

Balas Perdidas es una serie coral que, desde el punto de vista más negro, se detiene en las historias de distintos individuos (con o sin relación entre ellos), pero sobre todos ellos sobresale la figura de Virginia Applejack. En Balas Perdidas: Hazañas y travesuras nos movemos a mediados de los ochenta en un pueblo cercano a Baltimore. Virginia ha vuelto a casa tras una escapada narrada en entregas anteriores y tendrá que hacer frente a una vida en el instituto. Puede que visto así suene a inocente drama adolescente, pero en Balas Perdidas hasta esto está profundamente podrido.

David Lapham es uno de los mayores genios actuales del comic noir, pero olvidaos de las gabardinas, los sombreros y los detectives. Lapham es capaz de hacer género negro en un instituto. Cada chaval y cada adulto, sean cuales sean sus motivaciones, es una bala perdida y esconde algo o es capaz de algo atroz. Lapham consigue que cada personaje sea su propia historia noir sea cual sea su vida, de ahí la variedad temática que abarca Balas Perdidas sin moverse del género. Hasta lo más cotidiano está corrupto. En Balas Perdidas el día a día de las familias obreras de Maryland toca el punto más alto del concepto de basura blanca. Olvidad el noir glamuroso, aquí los actores son los deportistas, los fumetas, el tonto del pueblo, la madre alcohólica… todo es tan sucio como cercano y rutinario. A estas alturas, estamos en una época madura de la serie. Lapham ya ha abandonado los tics tarantinianos tan de moda en los 90 para acercarse a algo más sucio y descarnado, cercano quizás al antipático ambiente de las novelas de Jim Thompson.

Balas Perdidas 5: Hazañas y travesuras

Igualmente visionario sería el dibujo. Hace casi veinticinco años había que adentrarse en ese incipiente mercado indie para encontrar esas formas exageradas y casi caricaturescas a base de pincelada sintética y escueta con incidencia en la potencia de las masas de blanco y negro. Hoy día es imposible no encontrarnos algún dibujante en esta línea en el listado mensual de novedades. Del mismo modo, las retículas regulares de viñetas y la discreción en lo narrativo son algo frecuente, pero en los años 90, cuando marcó la dirección a seguir era ir profundamente contra corriente.

La Cúpula reedita el primer tomo a la vez que retoma la serie con este Balas Perdidas: Hazañas y travesuras y es a este inicio al que debo dirigiros si no conocéis esta serie. Sólo así podréis disfrutar de la aparición de Amy Racecar (no podía faltar) y recrearos cuando al final todo se vaya a la mierda (como no podía ser de otro modo en esta serie). Da igual que ya conozcáis el trabajo de Lapham en Crossed, Batman o Young Liars. Nada de lo que ha hecho se acerca a Balas Perdidas. Si por el contrario, ya conocíais la serie, Balas Perdidas: Hazañas y travesuras es la prueba de que el paso del tiempo sólo la ha hecho mejorar.

Es una gran noticia saber que se reemprende su publicación en España y que tenemos mucho Balas Perdidas por delante, ahora que en Image Comics goza de nuevo de buena salud.

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BALAS PERDIDAS OBRA COMPLETA 05 HAZAÑAS
DAVID LAPHAM and LA CUPULA
Precio: EUR 18,90
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Balas Perdidas 5: Hazañas y travesuras
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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

  • Pablo Vázquez

    18 agosto 2018 #1 Author

    Me están dando muchas ganas de conseguir esta serie. Aunque al escuchar el título de bala perdida me sonó inmediatamente a la expresión americana de “rolling stone” pero al ver el título de “stray bullets”, literalmente bala perdida.

  • Alain Villacorta “Laintxo”

    19 agosto 2018 #2 Author

    Créeme que merece la pena. En mi caso particular, esta serie fue una de las responsables de que mantuviera mi afición en los 90 y me abriera a otros derroteros y, con la perspectiva del tiempo, veo que encaja mejor hoy en día que hace 20 años

  • Daniel Cardiel

    20 agosto 2018 #3 Author

    A mí me gustó mucho la primera “temporada”, aunque releída estas semanas en vacaciones, sus dos primeros volúmenes vuelan mucho más alto que los dos siguientes. En cuanto al quinto, lo he leído a gusto pero, a pesar de mantener la crudeza de hace 20 años, o quizá precisamente por el tiempo transcurrido, lo he encontrado un poco blando (incluso tontorrón), y el dibujo algo tosco. De todas formas, da gusto volver a leer las andanzas de Ginny y Lapham sigue contándolas muy bien.

  • Daniel Cardiel

    20 agosto 2018 #4 Author

    Por cierto, totalmente de acuerdo con la lista de los indies de arriba: Clowes, Burns, Smith… Aunque yo añadiría el Concrete de Paul Chadwick también.

  • Alain Villacorta “Laintxo”

    21 agosto 2018 #5 Author

    Coincido en lo de Concrete, pero en el momento de escribir no me vino a la cabeza. En lo que no termino de coincidir es en lo de la blandura. Este último tomo me parece incluso más hardcore porque lleva todo ese noir sucio y desagradable a lo más básico y rutinario de la sociedad yanki, la típica familia de barrio residencial en un pueblo pequeño y el instituto. Puede que los extremos no lleguen a niveles de tomos anteriores, pero ya no hablamos de barrios chungos ni mafias, sino de lo más elemental. Nada está a salvo ya en Balas Perdidas. En cuanto lo del dibujo, sí es cierto que el dibujo es menos elaborado, pero también más fresco y fluido. De hecho, comentaba en la reseña que ahora se me integra en eso que se viene llamando en los últimos años (aunque quizá un tanto alegremente) “Estilo indie”

  • Daniel Cardiel

    22 agosto 2018 #6 Author

    El dibujo es el de alguien más maduro, la mayoría de los dibujantes suelen ir por 2 caminos: Más fluido (y descuidado) o más elaborado (y agarrotado). Algo ganas, algo pierdes. A mí reconozco que me gustaba más antes Lapham. En cuanto al tono, pues sí, discrepamos 🙂 Llevarlo al entorno del instituto lo encuentro más estereotípico, y más ambientado como está en los 80, quizá a eso me refería con lo de blando, que (me) impacta menos. También en eso influyen mi edad actual y las lecturas posteriores, pero leído todo ahora de tirón, encontré mucho más salvaje el universo de casas con madres adolecentes, drogatas y gente sin rumbo de la primera época que el de “las bandas del insti”.

  • Alain Villacorta “Laintxo”

    24 agosto 2018 #7 Author

    Lo que me a mi me ha impactado de este tomo es que es fácil llegar a la corrupción y la suciedad del noir en en el rollo de las madres adolescentes y los yonkis. Llevar esto al instituto y a la familia media es admitir que nadie está a salvo, que todo el mundo está podrido y me parece mucho más arriesgado y descorazonador. Estar lleno de mierda ya no es exclusivo de unos pocos elementos noir, nadie está libre

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