Por fin llega a nuestras librerías la última obra de Jesús Colomina “Colo”, Animal. El autor de Hoy es un buen día para morir,... Animal, de Colo

Por fin llega a nuestras librerías la última obra de Jesús Colomina “Colo”, Animal. El autor de Hoy es un buen día para morir, o De perros y huesos, nos presenta otra obra para reflexionar. Una historia narrada a ritmo documental en la que se reflexiona sobre la libertad humana, sobre los prejuicios y sobre cómo los medios de comunicación pueden convertir hoy día una decisión anónima y que no implique a más nadie en un tema que movilice a millones de personas y en el que todos quieran imponer su opinión personal. Una obra tan sorprendente como magnética. Cada página abre una nueva puerta más grande y llegas hacia el final de la obra con verdadera curiosidad de hasta dónde va a llegar.

Animal

Un hombre silencioso y con aspecto de agotado, decide un día renunciar a su condición de ser humano. Para ello se dirigirá a un abogado e intentará que este le gestione su renuncia a dicha humanidad. A través de los testimonios de todas las personas que van cruzándose en su camino hacia la obtención de su renuncia, vamos a ir construyendo la historia de este hombre que pasa, de dibujar retratos en el parque a convertirse en una de las personas más populares del planeta. En ningún momento de toda la obra emite una sola palabra. Todo lo que vamos a leer, va a ser de boca de los amigos, conocidos, abogados, políticos, o de una simple persona que “pasaba por ahí”.

La obra está estructurada de una manera original: Prácticamente el total de este cómic está planteado con una estrcutura de doble página en la que vemos una escena, generalmente protagonizada por el protagonista, y a continuación una doble página con una estructura 2×3 con el testimonio de alguien relacionado con esa escena. Así, vamos a oír los testimonios de su familia, sus amigos, sus compañeros de trabajo, el camarero que le sirve en el bar, un antitaurino que habla con él en una de sus numerosas visitas a la plaza de toros para dibujar, el vigilante de la sala del Museo del Prado donde se encuentra el Perro semihundido de Goya o el Ministro de Justicia.

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Y es que esta obra se basa en el reflejo de la sociedad. El protagonista no habla en ningún momento, y por tanto, no vamos a oír de su boca ninguna explicación a lo que está pasando, pero los que le rodean sacan sus propias conclusiones y las manifiestan. Nadie sabe qué pasa. No sabemos por qué lo hace: si está deprimido, está harto de la vida, se identifica con ese cuadro de Goya que tanta importancia tiene en la obra… Pero como bien dice el último testimonio del cómic, el ser humano tiende a rellenar los huecos de su ignorancia por miedo, y no tiene otra manera de hacerlo que con su propia experiencia. Por tanto esta obra no es tanto la historia de este hombre que ha tomado una decisión controvertida, sino que es un reflejo de la sociedad en la que vivimos.

Animal me ha recordado mucho a las obras de José Saramago. Es de esas historias que tienen un planteamiento muy sencillo, pero esa sencillez se va complicando cada vez más por el propio miedo o incertidumbre de la sociedad. Muchos abogados lo dan por loco, uno ve un filón publicitario y van hasta las últimas consecuencias. La gente tiene su opinión: unos lo adoran y otros lo rechazan; unos quieren comprar una obra suya “por si algún día se revaloriza”; otras quieren llevarselo a la cama por el morbo de acostarse con un friki… Da mucho que pensar, porque la cosa llega a puntos de verdadero conflicto, desde el ¿qué pasaría si realmente lo consigue en cuanto a atención médica, responsabilidad judicial, o incluso poder entrar o salir de un país?

El dibujo es sencillo, y con un estilo muy documental. No se trata de meter ningún ángulo original o un planteamiento de página especial. Aquí lo importante es la gente, sus reacciones y cómo van a ayudar o no a esta persona.

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En definitiva, Animal.

Una de esas obras que invita a la reflexión. Plantea una serie de dilemas morales que nos va a hacer ponernos en la piel de cualquiera de esas personas que nos ofrecen sus testimonios. Sin darnos cuenta, vamos a encontrarnos emitiendo nuestros propios juicios de valor. Y es que el ser humano es así. No podemos evitarlo. Vamos a ser testigos de esas situaciones y antes de que nos demos cuenta, vamos a estar opinando por qué lo hace, vamos a estar diciendo si es buen o mal hijo/hermano, y vamos a encontrarnos en situaciones en las que digamos “tú te lo has buscado, ahora apechuga con tu decisión” o “yo también haría lo mismo”. Lo importante de esta obra es la reflexión a la que invita. Reconozco que al principio de la lectura, en cuanto pillé la estructura de escena-testimonio, pensé que pronto iba a agotarme, una vez pasada la sorpresa inicial. Pero no, los dilemas que van planteando son cada vez mayores y casi esperas ese testimonio para darte algo de aire y poder emitir tus propios juicios. Además, es de esas obras que, una vez finalizada, estás deseando comentar con alguien y poder compartir tus opiniones, aunque la otra persona no lo haya leído. Creo que cualquier obra que consiga eso… merece la pena. Por eso siempre me han gustado tanto las obras de José Saramago, con quien comparte ese punto de idea sencilla que nadie ha pensado y que puede llevar a hacer tambalearse a la sociedad.

Lo mejor: Cómo desoxida el cerebro y tu capacidad crítica. Lo que invita al diálogo y a comentarla.

Lo peor: La estructura escena-testimonio puede llegar a resultar algo agotadora, especialmente con algunos testimonios menos interesantes.

Para los que gustan de obras que les obligue a pensar. Para encontrar un tema de conversación con un amigo: le cuentas de qué va y algunos de sus conflictos y ya tienes para un rato. Para amantes de la obra de José Saramago, van a encontrar eso que tanto echan de menos tras la muerte del portugués.

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Animal
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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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