En 1908 se publicó la novela Ana de las Tejas Verdes. Una preciosa historia, que mezclaba con acierto el costumbrismo, aventuras y unas gotas... Ana de las Tejas Verdes, de Mariah Marsden y Brenna Thummler

En 1908 se publicó la novela Ana de las Tejas Verdes. Una preciosa historia, que mezclaba con acierto el costumbrismo, aventuras y unas gotas de fantasía, escrita por Lucy Maud Montgomery, y que fue la primera de una serie de ocho libros (aunque ninguno de ellos tuvo un atisbo del éxito del original) que ha sido adaptada en multitud de ocasiones al cine y la televisión.

Tantas veces ha sido adaptada que antes de llegar a la década de los cincuenta ya contaba con tres películas. Sin embargo sus adaptaciones a la televisión fueron todavía más famosas. En España Antena 3 popularizó su versión al anime (que data de 1979) alternando su emisión con la de otra popular adaptación: Mujercitas. Por su parte en TVE siempre que había un periodo vacacional aprovechaban la ocasión para programar la adaptación de cuatro horas (aquí dividida en tantos episodios) de la CBC. Una versión que contó con varias continuaciones entre los años 1985 y 1990. La última de ellas contaba historias totalmente nuevas sin tener en cuenta los libros.

Y así llegamos a octubre de 2017 con la publicación de la novela gráfica basada en Ana de las Tejas Verdes. Una obra de 240 páginas de extensión (casi tantas como la obra original) que ha sabido captar a la perfección el espíritu y la magia del relato escrito. Estamos ante una historia que ha sido adscrita a diversos públicos a lo largo de los años: Desde ser algo para todos los públicos, a una novela para niños o directamente para los, ahora llamados, young adults.

Ana

Personalmente creo que esta historia es disfrutable sin importar un parámetro tan arbitrario como es la edad con la que se llega a conocer a Ana, la cautivadora protagonista, perfectamente definida por Montgomery (de hecho sus primeros años influenciaron mucho en la escritura del libro) que nos regala esta preciosa oda a la vida. Ana Shirley llega a Tejas Verdes, una finca localizada en la isla del Príncipe Eduardo, para dar un vuelco a la vida de Matthew y Marilla Cuthbert (hermanos, y no matrimonio como he podido leer por ahí) que necesitan a un chico para ayudarles con las tareas del campo. Su sorpresa viene cuando en lugar de un varón aparece una flacucha y pecosa niña que padece de una incansable verborrea.

Entrar en el juego de Ana de las Tejas Verdes es realmente sencillo, pues todos hemos sido niños y quien más o quién menos ha tenido imaginación. Ana ha padecido más desgracias que cualquier persona de su edad, pero eso no le ha quitado las ganas de vivir, de soñar, de intentar ser feliz ella y hacer feliz a quienes la rodean… Pero sobre todo de buscar un alma gemela.

En este aspecto me gustaría detenerme porque L.M. Montgomery se adelantó bastante a su tiempo. Consiguió convertirse en maestra pese a la adversidad y la negativa de su tutor legal. Esa fuerza, esa perseverancia, ese marcado carácter feminista de mujer empoderada se refleja en Ana de las Tejas Verdes, donde una chiquilla adolescente necesita buscar a alguien que la entienda, a alguien que la complete y ese alguien no es necesariamente un hombre.

ana

La novela gráfica se lee con avidez porque te atrapa desde el primer momento gracias a la personalidad de Ana. Su capacidad para inventar historias, su sentido del bien y del mal, su habilidad para crear un desastre… nada tiene desperdicio alguno. El resto de personajes, donde me atrevería a incluir a la propia Tejas Verdes, complementa a la perfección este slice of life: Desde la ternura no verbalizada de Matthew, pasando por la desesperación de Marilla por no conseguir hacer de Ana una señorita de bien… todo son piezas necesarias de este bonito rompecabezas.

Del guión de esta adaptación de Ana de las Tejas Verdes se encarga Mariah Marsden, una escritora todoterreno cuya mayor inquietud es ayudar a niñas con problemas, lo que la convertía en perfecta para este cargo. El dibujo es obra de Brenna Thummler, ilustradora del campo de la publicidad que debuta de la mano de Ana en el mundo de la novela gráfica. Su trazo sencillo y agradable, así como su capacidad para captar las ensoñaciones y delirios de la protagonista es admirable.

La edición de Maeva Young es bonita, manejable y económica. Perfecta para regalar.

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Txema Sáez

Fanático sin solución del cómic de superhéroes, del manga, del cine de terror, la literatura fantástica, los videojuegos y más heavy que una lluvia de mercurio al rojo vivo. Como los mejores turrones, he vuelto a casa por Navidad (aunque trece años he tardado).

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