Rumiko Takahashi: La princesa del Manga (Parte II)
Continuamos repasando la biografía de Rumiko Takahashi, retomándola donde la dejamos el otro día.
Una vez Takahashi estuvo asentada en su nuevo hogar, los retrasos empezaron a desaparecer y la historia de Lamu fluyó con normalidad.
Los primeros años de su carrera fueron difíciles. El piso en el que trabajaba tenía 45 metros cuadrado y había que añadir a sus dos asistentes. El apartamento era pequeño, estaba desordenado, y con mucha gente dando vueltas por ahí. Muchas veces ha comentado que la falta de espacio le obligaba a dormir habitualmente en un armario.
Esta vida que llevaba la sirvió de inspiración para su segundo proyecto profesional: Maison Ikkoku. Esta serie fue creada en 1980, y publicada simultáneamente junto a Lamu. Afortunadamente para Takahashi, Maison Ikkoku se publicaba de manera mensual, mientras que Lamu era de periodicidad semanal, lo que permitió a la autora publicar ambos cómics sin demasiados retrasos.
La historia gira en torno a Yusaku Godai, un joven estudiante que ha fallado el examen de ingreso a la universidad y ahora debe esperar un año antes de que pueda volver a presentarse. Como tiene que esperar, se mueve a una pensión barata llamada Maison Ikkoku, llena de extravagantes vecinos. Allí conoce a Kyoko Otonashi, una hermosa joven que acaba de convertirse en viuda. La serie sigue a Godai tratando de ganar el corazón de Kyoko al tiempo que intenta superar a Shun Mitaka, un guapo y rico entrenador de tenis que también persigue a Kyoko. Según avanza el tebeo, observamos que Godai madura, evoluciona con los lectores, hasta hacerse un personaje más adulto, dejando atrás la etapa de estudiante despreocupado.
Ésta es probablemente la serie más realista de esta autora; aquí no hay artes marciales, demonios, o extraterrestres, y el tratamiento de los problemas sociales de Godai por no conseguir entrar en la universidad son muy realistas: al final sólo es un grupo de gente intentando jugar las cartas que la vida les ha dado.

La cumbre para una serie de manga es su adaptación a serie animada, y eso sucedió para Takahashi y Lamu en 1981, de la mano de la productora de animación Kitty Animation, que fue la encargada de adaptar todas sus obras al anime y con la que estuvo asociada hasta finales de los 90, cuando esta productora salió del negocio.
La serie estuvo dirigida por un entonces desconocido Mamoru Oshii, quien posteriormente se convertiría en uno de los más importantes directores japoneses de los años 80 y 90 con otras series como Patlabor, Ghost in the Shell y Jin-Roh. En definitiva, esta serie de animación, catapultó a Takahashi a la cima de la popularidad
Aprovechando este éxito se convirtieron a OVAS una serie de historias cortas que Takahashi había escrito muy al principio de su carrera: Maris the Chojo, Fire Tripper y The Laughing.
Es probablemente en la época de los 80 cuando Takahashi trabajó más el tema de las historias cortas, y aunque posteriormente seguiría con ellas fue en esta época cuando aparecieron las más significativas de su carrera.
Para terminar, nos moveremos a 1987, probablemente uno de los años más importantes de toda su carrera, pues fue cuando decidió terminar con las obras que la habían catapultado a la fama. Ese año, Maison Ikkoku cerró sus puertas y Lamu dejó de visitar nuestro planeta.
Pero Takahashi es una autora inquieta, así que casi inmediatamente empieza a trabajar en la que, probablemente sea su saga más oscura y desconocida: Mermaid Saga.
Este cómic sigue las andanzas de un par de inmortales que, cansados ya de vagar por la tierra, buscan desesperadamente acabar con sus existencias.
“La leyenda dice que quien coma carne de sirena se volverá inmortal.”
Yuta es un inmortal de 500 años que lleva recorriendo Japón durante siglos hasta que se encuentra con Mana, una joven inmortal que toma como su compañera. Se ven rodeados de más personajes, que tan sólo buscan su poder, comer su carne, pero son demasiado débiles para conseguirlo y, al no lograrlo se terminan convirtiendo en “almas perdidas” (una especie de criaturas demoniacas). Takahashi utiliza las “almas perdidas” como una metáfora de cualidades en el hombre que le hacen buscar la inmortalidad de manera egoísta.
Esta serie fue todo un cambio de rumbo en la autora, es un cómic más oscuro, gráficamente más violento, completamente alejado de lo que Takahashi había hecho hasta el momento.
Hasta aquí esta segunda parte de la biografía de Rumiko Takahashi. Nos vemos en la siguiente entrega.
Entregas anteriores:



