El cine de las tortas: Superman II (1980)

Después de repasar en la anterior edición de El cine de las tortas la primera entrega de las aventuras de Superman, esta semana vamos a centrarnos en su hermana pequeña, Superman II. La película dirigida por Richard Donner y rematada por Richard Lester se filmó simultáneamente a la primera cinta (al menos en su mayor parte) en un proceso de producción rodeado de de múltiples sinsabores.
Después del éxito de Superman en 1978 aún quedaba por rodar una pequeña parte de lo que sería su secuela. Llegados a este punto, y con los bolsillos llenos de dólares, los productores Alexander e Ilia Salkind proponen a Donner una serie de cambios en la historia que el director americano no aceptará. Desvinculado del proyecto, Donner cede el testigo a Richard Lester, quien reinventa la película de acuerdo a las exigencias de los Salkind, refilmando más de la mitad del metraje y convirtiendo Superman II en esa pieza tan freak, tan aplaudida y tan inclasificable que hoy día conocemos.

La trama gira entorno a los tres proscritos del planeta Kripton que Jor-El juzgara al comienzo de la primera peli. El general Zod, Ursa y Non escapan de la Zona Fantasma por obra y gracia de una bomba H depositada por el propio Superman en el espacio. En la versión de Donner, esta secuencia unía la peli directamente con la primera, siendo el proyectil nuclear que Superman ponía en órbita en aquella el que liberaba a los villanos. Lester sustituyó esa escena por el delirante rescate en la Torre Eiffel, bomba H manejada por terroristas torpes incluida.
Las escenas rodadas por Lester hacen hincapié en los aspectos cómicos de la cinta, que contrastan con el carácter oscuro y pesimista de toda segunda entrega que se precie. Aquí Superman se enamora y decide voluntariamente perder sus poderes para poder vivir una vida normal junto a Lois, poderes que recuperaría sin muchas explicaciones, seguramente debido al lío de montajes y remontajes que sufrió el proyecto. Llegado el momento, Clark recibe una buena tunda a manos de un humano cabreado, mostrando la cara más indefensa del héroe.

La visión que Lester y los Salkind tenían del Superhombre incluía otorgarle nuevos poderes (como si no tuviera suficientes) Algunos totalmente estrafalarios e inolvidables, como aquella S enorme de celofán con la que El último hijo de Kripton atrapa a Non; y otros totalmente indescriptibles y válidos únicamente como lazo para asegurarse innumerables secuelas, como el beso que borra memorias ¡Para mear y no mojar!
Detalles tan delirantes como estos, unidos a las precursoras secuencias de violencia a gran escala entre supertipos y a la solemne interpretación de Terence Stamp como General Zod (repitiendo una vez tras otra “¡Arrodíllate ante mí!”) hacen que Superman II sea una delicatesen sólo apta para paladares prevenidos y adaptados.
Los actos rodados por Donner (los que no se perdieron) han sido remontados recientemente por el propio director para una edición especial en DVD. Llenando algunas lagunas con segmentos filmados por Lester, Donner compone una película prácticamente nueva de la que seguramente podría hablarse por separado.
Quizá el elemento más importante de esta nueva cinta (digna de verse, os lo aseguro) es la reincorporación de las secuencias en las que aparece Marlon Brando como Jor-El, eliminado de la peli originaria supongo que por temas de parné. En la versión de 1980 sólo podíamos ver a Lara, madre del kriptoniano, en La fortaleza de la soledad… situación que cortaba en cierto modo la continuidad con la primera entrega, restablecida así en el montaje del director.

Concluyendo, Superman II es una joya freak que muchos no podemos despreciar e incluso no nos queda más remedio que encumbrar. Y si eso no es motivo suficiente para otorgarle un revisionado siempre queda la versión del director, con altibajos connaturales a la falta de metraje, pero muy interesante en cualquier caso.

