Crónicas mutantes: La canción del Verdugo
Bienvenidos a la semana 58 de Crónicas mutantes. Bienvenidos a vuestra sección favorita.
Esta semana presentamos: La Canción del Verdugo, un crossover de 12 partes que se publicó a finales de 1992 en los USA diseminado en las cuatro colecciones principales mutantes de la época: Uncanny X-Men, X-Factor, X-Men y X-Force.

Antes de nada tenemos que centrarnos en la época en la que transcurrió la saga, finales de 1992. Significa que los pesos pesados de la industria Marvel del momento, Jim Lee, Liefeld, Mc Farlane y acólitos… (nunca entenderé como se pudo considerar a Jim Valentino un artista hot) acababan de fundar el imperio Image. Ya se que mucho diréis que lo de Liefeld tiene delito, pero al menos Liefeld llegó a vender millones de ejemplares de sus X-Force, pero ¿Valentino? ¿Qué hizo destacable o vendible en su momento Valentino?
Uncanny tenía, incomprensiblemente, a un recién llegado al timón de la colección bandera Marvel del momento, Scott Lobdell. Ya he hablado de él en otros post y no voy a perder más tiempo en este guionista.
Brandon Peterson, todavía un poco novato para tal evento, sería el encargado del dibujo. No se sabe que estilo quería imitar, pero está claro que siguiendo su posterior trayectoria, su traza derivaría a algo más acorde a lo que se conoce como arte moderno. Por aquel entonces, sus cuerpos desproporcionados y la poca movilidad de la figura humana, no le hacían el dibujante más agraciado. Supongo que Marvel escogería uno espectacular que de alguna manera (una muy pequeña) hiciera olvidar a los fundadores de Image.
X-Men si tenía mayores problemas que Uncanny. Colección con apenas un año de vida y ya había perdido a su creador Jim Lee. El guión cayó en las manos de Nicieza, un personaje de esos que poblaron los 90 con tebeos infames –alguno me recordará algún número o saga muy bueno- pero en la mayoría de las ocasiones eran muy flojitos. Al menos los jefes de La Casa de las Ideas fueron rápidos en buscar un sustituto en el dibujo y en ese ejemplar debutó como ilustrador oficial Andy Kubert. X-Men seguiría siendo la colección Marvel más vendida al año siguiente.
X-Force era otra de las que ya no tenía ni padre ni madre, era otra serie pipiola y además huérfana, Liefeld la dejó abandonada. Pero no pasaba nada, porque para estropear aún más la serie se posicionó como guionista el perturbador de series, Nicieza. Si Lobdell ya era malo, este era peor porque tenía a su cargo dos colecciones. El doble de sufrimiento. Sin embargo, en el apartado gráfico tuvimos quizás lo mejor de la saga con Greg Capullo. Su nombre… más bien su apellido puede sonar a burla o chiste fácil pero su trazo no. Que elegancia. Quizás sea un poco atrevido pero no sería descabellado llamarle el Romita Jr. de los 90.
He dejado para el final a X-Factor porque era la mejor serie mutante del momento y porque fue la única que no varió sus planteamientos iniciales (con planteamientos iniciales me refiero desde la llegada de Peter David a los guiones). Los tres números fueron correctamente dibujados por Jae Lee (digo correctamente conociendo a Jae Lee, porque si fuera otro el que hubiera plasmado su lápiz en los cómics, le hubiera crucificado). El problema, el único problema -pero muy grave- de que adolecía X-Factor era que tenía a un guionista de verdad y no a unos que intentaban serlo.

La Canción del Verdugo partió la ejecución milimétrica que tenía David de su colección, retrasando argumentos meses y modificando otros tantos, además el grupo ideado por Peter vivía ajeno a las otras tres colecciones y se nota que la participación de Kaos y compañía está cogida con pinzas. La repercusión de esta serie en el crossover es ínfima.
La Canción del Verdugo se centra sobre todo en Discordia, el gemelo de Cable. Uno de los dos es un clon del hijo de Cíclope venido del futuro. El que no sea el clon es el verdadero hijo, por supuesto. Como son iguales, Discordia se hace pasar por Cable e infecta a Xavier con el virus del legado a la vez que rapta a su padre y a Jean Grey y los encierra en una base de la Luna. A todo esto, las hostias se reparten como panes por cualquier chorrada incluyendo cuando la Patrulla-X se encara contra Apocalipsis al creerle estar en el ajo. Apocalipsis consigue demostrar su inocencia a base, de nuevo, de mamporros que dejan a los de Obelix como caricias, y ofrece su ayuda para derrotar a Discordia.
La verdad es que el combate final se centra entre Cable y Discordia. Para sorpresa de todos –¿había alguien que no lo sospechara?- se acaba sabiendo que Cable es el verdadero hijo de Cíclope y Discordia el clon malo y cabreado. Apocalipsis cura sin demasiados problemas a Xavier de su infección del virus del legado, la mismita que él produjo a Cable años atrás cuando era aún un bebé.
Con La Canción del Verdugo se cierra una trama abierta en los últimos episodios de Los Nuevos Mutantes y que ya duraba cerca de dos años. No se si era el final que querían darle uno de sus instigadores, Liefeld, pero tratándose de él, la verdad es que no me importa.
Un crossover muy propio de la funesta década de los 90 al que yo le daría un aprobado alto. Hoy estoy de buen humor.
Próxima semana más y mejor. No olvides que tienes una cita todas las semanas con Crónicas mutantes.

